Borges contra James Joyce, pero muy sutilmente

Jorge Luis era, ante todo, un caballero. Tómese el caso de James Joyce, al que despreciaba y culpaba por la deriva de la literatura moderna. En privado, la opinión de Borges era implacable; por ejemplo, en esta conversación relatada en los diarios de Bioy Casares (27 de Septiembre, 1959):

BORGES: En las ficciones con un misterio, el autor lo revela al final (…) Pero Kafka no explica ni necesita explicar: su misterio es el misterio del mundo o de la vida. (…)

BIOY: Si comparamos a Joyce con Kafka, Joyce queda como una especie de Breton o de Tzara (…) Los méritos de Joyce son el talento verbal y una capacidad retórica que lo llevaba a momentos de verdadera elocuencia; sus defectos, que no era capaz de construir una obra y que no era muy inteligente (…) Los escritos de Kafka interesan al hombre; los de Joyce, al estilista. Joyce es una suerte de Quevedo. (…)

BORGES: Los cuentos de Dubliners son muy bobos. (Martin) Muller dijo que el Ulysses no era un libro escrito para ser leído, sino para ser comentado; no en vista de lectores, sino de críticos. No sé si hay cierta analogía entre Rabelais y Joyce. (…) Uno puede citar otros relatos donde aparecen esos temas (‘angustia, frustración, el individuo perdido ante el estado, jerarquías, postergación, burocracia, infinito: los temas de Kafka,’ según Bioy dijo antes) pero apenas son un episodio de la trama, un caso particular; en Kafka son generales y permanentes. Me pregunto si estos escritores, que estuvieron a punto de escribir cuentos de Kafka – Conrad en El Duelo, Melville en Bartleby – entrevieron la posibilidad y la desdeñaron.

Semanas después de esta conversación, Bioy deja constancia (el 16 de Diciembre, 1959) de que Borges añadió que los libros de Joyce “son una idiotez pero permiten el comentario de los críticos.” Y, el 6 de Junio de 1960, Borges vuelve al ataque, quizá contra uno de los flancos más débiles de Joyce: “Si Dubliners se presentara al concurso de La Nación, lo rechazaríamos justificadamente. Tal vez lo que pueda decirse en favor de Joyce es que representa lo mejor de una mala causa. Hizo lo que otros quisieron hacer.”

El 22 de Abril de 1961 tiene lugar la penúltima conversación en la que se cita a Joyce en el diario de Bioy. El diarista está hablando de Hung Lu Meng (sic), “Sueño del aposento rojo”, un clásico de la literatura china, con Borges y su esposa, Silvina Ocampo:

BIOY: Los capítulos 17 y 18 de Hung Lu Meng describen un jardín chino y encierran la clave, el plan de toda la novela.

BORGES: ¡Qué golpe para Joyce! (…)

SILVINA (a Bioy): Parece un invento tuyo.

En la última conversación en que se cita a Joyce, en 1963, su nombre sólo aparece como conclusión de lo que Bioy y Borges acuerdan que es el “estilo ininteligible” propio de autores como Mallarmé. “El Ulysses de Joyce carece de todas las virtudes que requiere una novela,” sentencia Borges.

Ya dije que todo esto era en privado. Ahora véase esta excelente conferencia sobre Joyce en 1960, en la que Borges busca lo mejor del escritor que tanto denuesta para destacar lo que hay de valioso en Ulises y Finnegan’s Wake; es una obra maestra de crítica constructiva, de indicar lo negativo sólo a partir de lo positivo:

 

 

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