La reacción obituaria en el estilo español

El Reino Unido tiene una larga tradición obituaria de agresividad y mordacidad: no hay mejor momento para evaluar la trayectoria de una persona pública, sin ambages, que cuando acaba de morir y todo el mundo sabe que ha fallecido y hay que escribir sobre ella, con humor si es posible.

Estan tradición produce obras maestras del periodismo. España tiene la tradición contraria: que el muerto no puede defenderse, por lo que la reacción obituaria ha de ser respetuosa, pasar por encima de los defectos, manías y errores del fallecido. Y de humor cero. Escribo “reacción obituaria” y no “obituario” porque el obituario, como género periodístico, está en agonía, pero la reacción obituaria (testimonios y comentarios en redes sociales) está más viva que nunca.

Hubo dos ejemplos claros recientes de reacción obituaria en el estilo español, tras el fallecimiento del filósofo Antonio Escohotado, famoso sobre todo por su postura en favor de la legalización de las drogas (no me digan que escriba “despenalizar”, que quiere decir lo mismo pero de forma más agradable para sus oídos); y, aún más recientemente, del economista (que salía en la tele, ergo famoso) Emilio Ontiveros.

Con Ontiveros podemos ver claramente cómo ha evolucionado la reacción obituaria: ahora, lo que se lleva es grandes proclamas en favor del finado, junto con comentarios sobre su grandeza; pero, sobre todo, ha de quedar claro que uno (a diferencia del común de los mortales) conocía personalmente al famoso fallecido, lo que quiere decir que uno es una persona importante, y no como el pobre patán que está leyendo:

Lo mismo ocurrió, por cierto, con el reciente fallecimiento del escritor Javier Marías. Esto es lo que hay y, sospecho, lo que siempre habrá. De hecho, mi predicción es que va a ir a peor, con la creciente americanización de la sociedad española; porque los británicos son grandes obituaristas, pero no se puede decir lo mismo de los medios estadounidenses, y la tradición estadounidense, de hecho, reclama la publicación de fotos con el finado, lo que muy pronto, sin duda, llegará a España:

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Most Twitter Posters on the Ukrainian War are Pro-Western Bots

A recent paper by a group of researchers at the University of Adelaide came to a (to me) shocking conclusion: out of a sample of five million tweets with multiple hashtags related to the Ukrainian war, posted over two weeks early in the conflict, between 60% and 80% came from bots. And, even more surprising: 90% of those support pro-Ukrainian and pro-Western positions.

This has to be the most spectacular such finding I’ve ever seen. For years, decades now, we’ve been told that Russia is always investing in malicious social media propaganda, and it turns out that the NATO-Western bloc outweighs Russian efforts on that field by over 9 to 1.

Nine to one! This finding is so extraordinary that it’s not even cited in the press release put out by the University of Adelaide, probably out of concern of social media backlash (led by the same bots!). You have to really scroll down and dig deep into the report, to find these lines:

The query hashtags from each tweet were extracted and the total number of pro-Ukrainian (ending in Ukraine or Zelenskyy) and pro-Russian (ending in Russia or Putin) hashtags were counted and used to establish the national lean of a tweet. If the number of pro-Ukranian query hashtags exceeded that of the pro-Russian hashtags, the tweet was labelled as ProUkraine', and labeled asProRussia’ conversely. If the counts were balanced, the tweet was labelled Balanced'. Where applicable, the lean of an account was taken to be the most commonly occurring national lean across all tweets from that account. We found that 90.16% of accounts fell into the ProUkraine’ category, while only 6.80% fell into the `ProRussia’ category. The balanced category contained 3.04% of accounts, showing that accounts ex-hibiting mixed behaviour are present in the dataset.

This is really significant. Here’s my screenshot of the relevant page 4, for your edification:

The press release is not without interest, either. It cites one of the authors explaining that, given the results, the only way forward is even “stricter (government) policies” on social media organizations. Since that we all know that Twitter is not under the Russia government purview, I guess she means that 9-to-1 is not enough:

“This work extends and combines existing techniques to quantify how bots are influencing people in the online conversation around the Russia-Ukraine invasion.

“It opens up avenues for researchers to understand quantitatively how these malicious campaigns operate, and what makes them impactful. This research has identified that social media organisations may need to be better equipped for detecting and handling the use of bots on their networks.

“It has identified that governments may need to have stricter policies on social media organisations, and that social media can be a vital tool during conflict.”

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Cinco años de legalización de drogas, todas las drogas

No tengo una opinión nada favorable a la legalización de las drogas. Creo que, con los muchos movimientos mundiales que buscan crear grandes mercados de marihuana y otras drogas, lo que se está haciendo es añadir un problema social nuevo a otro problema social antiguo (los efectos del alcohol) que, por motivos históricos, no tiene solución.

Nadie que vea las estadísticas disponibles sobre consumo de drogas y sus efectos sobre la salud y criminalidad puede pensar que la legalización de drogas vaya a ayudar en ningún sentido. Pero hay un argumento que puede ser valioso: que si legalizas, por ejemplo, el consumo de marihuana, no va a convertirse necesariamente en un mal adicional que se sobrepondrá a otro mal preexistente (el alcohol) sino que mucha de la gente que roba, mata, viola y se estrella en coche bajo los efectos del alcohol lo hará ahora bajo los efectos de la marihuana; y que al final la marihuana, como droga social de conveniencia — imaginemos una misa con marihuana en lugar de vino, un podium de F1 con pasteles de cannabis en lugar de champán — puede redundar en un beneficio social neto.

Dudo mucho de que éste sea el caso, pero el otro día, hablando con una persona que piensa que el estatus actual de alegalidad de muchas drogas en occidente es la peor opción, se nos ocurrió que igual podríamos legalizar la tenencia y consumo de todas las drogas de forma experimental. La droga se podría vender igual que el alcohol: no a los menores, no en todas partes, no a todas horas; y se podría consumir igual con las mismas limitaciones y consecuencias legales del alcohol.

Sin embargo, como esto es un experimento, tendría un límite temporal: por ejemplo, cinco años. Como otras medidas legales como, por ejemplo, las amnistías para residentes extranjeros ilegales, o las amnistías fiscales. A los cinco años, la ley que ha permitido la legalización expira, y se vuelve al estatus legal anterior, para que el parlamento del país X que haya lanzado el experimento pueda repasar las lecciones aprendidas.

Me pregunto si habría algún país — preferentemente uno pequeño, con un problema significativo de drogas, con una legislación ya bastante tolerante, y un sistema legal y policial razonable — que podría probar este experimento. Sí, Portugal, estoy mirando en tu dirección.

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The World’s Longest Sentences (They all come from legal documents)

The world’s longest sentences, incredibly, come not from Spanish-language literature, but the English-language tradition. Or so this dude argues:

One of the many problems with legal writing is the abundance of long sentences, and I have mocked a few of those over the years. For example, there was this 538-word sentence drafted by the U.S. Court of International Trade, and that sucked, and then there was the even longer 593-word first sentence (and paragraph) of the Massachusetts Payment of Wages Act, and that sucked just over ten percent harder. Some people consider this Medicare statute the longest sentence in the English language, and although it is more than 11,000 words long, I’m not sure it counts as “English.”

This one (sent by @infixfun) dates back to 1781, but that’s no excuse.

It comes from The Proceedings of the Old Bailey, a website that lets you search the records from almost 200,000 criminal trials held at London’s central criminal court between 1674 and 1913. This particular proceeding was the trial of Francis Henry de la Motte, who was charged with high treason in 1781. He was actually a French citizen, apparently, but at least according to the prosecutor he could still be a traitor to the English king, since he was living in England. (Really he was being charged with espionage, but whatever.) And while it got much, much worse for de la Motte, the proceedings started off by subjecting him to a 3,980-word sentence explaining what he was charged with and why.

You can read the rest here.

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Propaganda OTAN para niños retrasados: el ejemplo de Ravil Maganov

El jueves 1 de septiembre pasaron muchas cosas en la guerra de Ucrania: notablemente, el ejército ucraniano lanzó una desafortunada ofensiva en el sur del frente que logró la recuperación temporal de algunas aldeas al coste de cientos o miles de muertos; y se reportó que uno de los hombres fuertes de la administración prorrusa en la capital del mismo sector del frente, Kherson, fue asesinado junto a su esposa el día anterior.

El político ucraniano asesinado, Oleksiy Kovalyov, fue ejecutado con una escopeta; a su esposa la cortaron el cuello con (presumiblemente) un machete. Al día siguiente, ninguna de éstas noticias apareció en ninguna portada de la gran prensa española (las leí todas). La noticia sobre Ucrania que, en cambio, apareció en todas las portadas fue ésta:

El tema llama la atención. La forma típica en que se reportó fue ésta:

Muchos de los reportes se centraron en varios detalles en particular: que Ravil Maganov, presidente de la mayor petrolera privada rusa (lo de privada lo obviaron muchos; la mayor petrolera rusa es estatal), Lukoil, murió al “suicidarse” (las comillas son frecuentes) tras haber criticado la invasión rusa de Ucrania.

Sin embargo, hay muchos detalles que son fácilmente comprobables vía un vistazo rápido a Internet. El primero es que Ravil Maganov, de 67 años, no era presidente de Lukoil sino de la junta. Lo que es una diferencia fundamental: Maganov no era el máximo ejecutivo de Lukoil sino, como mucho, el número 3 (más probablemente, el número 5 o menos).

Dos: Maganov jamás criticó la invasión de Ucrania; fue la propia compañía la que hace meses emitió un comunicado vagamente condenatorio, que no parece haber resultado en el asesinato de nadie.

Tres: Maganov se tiró por la ventana de un hospital porque estaba allí, aquejado de lo que parece una enfermedad terminal.

La noticia es noticia. No es muy importante, pero es noticia. La cuestión es que la lógica OTAN quiere que te creas que Putin, para vengarse de sus enemigos, mata al número 3 de una compañía que le criticó, que estaba gravemente enfermo y tomando antidepresivos. Y lo mata en un hospital, para darle un toque mórbido adicional.

Lo que es más importante es que la misma lógica OTAN te explica que el asesinato de una mujer desarmada que pasaba por ahí, con un machete, no es reseñable ni criticable. Es grave que un tipo pueda quizás haberse sido suicidado, quién sabe. ¿Un asesinato público y confesado? Meh. Ni siquiera se lo curran mucho. Creen que los europeos son ovejas atontadas con las que no hay que gastar mucho tiempo.

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