Slavoj Zizek on Sarajevo & the Glamorization of Artificially Extended Victimhood

Slavoj Zizek, the Slovenian philosopher, doesn’t really discuss the civil war the tore his former homeland apart very often. I mean, he does speak about it every once in a while, but rarely at length. That’s why I was glad to come across this long meditation on the even longer Siege of Sarajevo (1993-1995) in his old book “The metastases of enjoyment”:

As Alenka Zupancic, a member of the Slovene Lacanian inner party circle, elaborated in a perspicacious analysis, the West provided just enough humanitarian aid for the city (Sarajevo) to survive, exerted just enough pressure on the Serbs to prevent them from occupying the city; yet this pressure was not strong enough to break the siege and allow the city to breathe freely – as if the unavowed desire was to preserve Sarajevo in a kind of atemporal freeze, between the two deaths, in the guise of a living dead, a victim eternalized in its suffering. Long ago Lacan drew our attention to the fundamental feature of the Sadeian fantasy, the eternalization of suffering: the victim – usually a young, beautiful, innocent woman – is endlessly tortured by decadent aristocrats. yet she miraculously retains her beauty and does not die, as if beyond or beneath her material body she possesses another ethereal sublime body. The body of Sarajevo is treated as just such a fantasy-body eternalized in the fixity of its suffering outside time and empirical space. Of special interest here is the general framework that underlies this perception of Sarajevo: Sarajevo is but a special case of what is perhaps the key feature of the ideological constellation that characterizes our epoch of the worldwide triumph of liberal democracy: the universalization of the notion of victim. The ultimate proof that we are dealing here with ideology at its purest is provided by the fact that this notion of victim is experienced as extra-ideological par excellence: the customary image of the victim is that of an innocent-ignorant child or woman paying the price of politico-ideological power struggles. Is there anything more ‘non-ideological’ than this pain of the other in its naked, mute, palpable presence? Does not this pain render all ideological Causes trifling? This perplexed gaze of a starved or wounded child who just stares into the camera, lost and unaware of what is going on around them – a starved Somali girl, a boy from Sarajevo whose leg has been butchered by a grenade – is today the sublime image that cancels out all other images, the ultimate scoop that all photo-reporters are after.

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Grandes Momentos de la II República: Asesinatos Estilo Tarantino

Una de las grandes curiosidades de la Guerra Civil española es el mito de las corridas de Badajoz. Aunque nadie lo alegó explícitamente durante la guerra o la posguerra, en el imaginario colectivo del antifascismo se creó la idea de que las ejecuciones de presos y otros republicanos en la plaza de toros de Badajoz en 1936 (que fueron reales, e implicaron a cientos de fusilados) fueron acompañadas de grotescas festividades en las que las “derechas” se deleitaron en torear y poner banderillas a las víctimas.

Todo esto jamás ocurrió, pero que mucha gente se quedara con la idea de que sí tuvo lugar se debe en gran medida a reportes de la época que se refieren a una “fiesta” de las derechas durante las ejecuciones, con señoritas bien que acudían a ver el espectáculo con mantilla puesta. Y también a un sensacionalista artículo escrito por Jay Allen, un corresponsal estadounidense — como casi todos, activista pro-república — quien no pisó Badajoz y, en la mejor tradición del corresponsal extranjero, utilizó su creatividad para compensar su enorme ignorancia y especuló que hasta 4.000 personas habrían sido asesinadas en Badajoz — que entonces tenía unas pocas decenas de miles de habitantes — incluyendo muchos en la plaza de toros.

Nadie nunca escribió o dijo entonces que se había toreado a las víctimas, pero estos reportes fueron suficiente material para que, décadas después, se creara una florida leyenda al respecto.

En el exhaustivo libro “La Matanza de Badajoz antes los muros de la propaganda” (2010) se habla de esto hasta la extenuación, así que invito a cualquiera a que compre el libro, lo lea y alucine con las manipulaciones que han acompañado a aquellos tristes hechos desde hace décadas.

Lo que debería quedar claro es que, aunque no hay pruebas de que los nacionales torearan a presos republicanos, sí las hay a la inversa. Efectivamente, leyendo la Causa General que se compiló con los crímenes de guerra republicanos tras la contienda, se observan varios casos en los que se refieren torturas en espectáculos públicos a presuntos derechistas y testimonios sobre presos “toreados” con banderillas antes de ser asesinados.

La cuestión de por qué los republicanos mostraron mucha mayor crueldad en la comisión de crímenes durante la guerra, lo que salta a la vista en todas las pruebas documentales, es curiosa.

Es cierto que, debido a distintas circunstancias, sobre todo el hecho de que los nacionales estuvieron toda la guerra “reconquistando” terreno republicano, los franquistas ejecutaron a un número significativamente mayor de personas: quizás hasta el doble, incluyendo los miles de ejecuciones relacionadas en la posguerra con la Causa General, o incluso sin juicio: mi abuelo materno, teniente de la República, murió convencido de haber salvado la vida en 1939 sólo porque, durante la toma de Madrid, se cambió de uniforme cuando se corrió la voz de que los oficiales republicanos eran ejecutados ipso facto por los nacionales.

Ejcutados: no asesinados con violencia, torturas y enseñamiento, lo que parece haber sido poco común en el el bando nacional. Es curiosa la larga lista de aberraciones cometidas por el bando republicano. ¿Frustración? ¿Rabia ante el triunfo de los señoritos? Lo que sabemos es que numerosos presos nacionales fueron castrados y se les metieron en la boca sus genitales. A un capellán le sacaron un ojo, le cortaron la lengua y una oreja antes de degollarle; otro fue arrastrado por un tranvía, otros más golpeados y cortados con palos, mazas y cuchillos hasta hacerlos pedazos. Algunos fueron quemados vivos. Hay casos a patadas.

Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro, fue asesinado en agosto de 1936 después de que le cortaran los testículos en una larga sesión de torturas; en la diócesis de Barbastro durante la Guerra Civil fue asesinado el 88% del clero. Esto incluyó la célebre matanza anarquista de los Claretianos en Barbastro, 51 hombres en su mayoría jóvenes que estudiaban para misioneros y otros seminaristas, muchos de los cuales fueron también apaleados y maltratados.

A seglares como una profesora de la Universidad de Valencia le arrancaron los ojos y le cortaron la lengua para impedirle seguir dando vivas a Cristo Rey; otra fue violada delante de su hermano, atado a un olivo, antes de asesinar a ambos.

Los casos de violaciones de mujeres republicanas existieron pero no está claro que fueran masivos; los artículos al respecto que he podido cotejar son tan incorrectos (éste, por ejemplo, es una vejación al periodismo y la historia, lleno de alegaciones jamás comprobadas y aseveraciones fáciles de desmentir) que es lícito sospechar que la violación no fue común, en líneas generales, por parte de los nacionales, aunque seguro que habría excepciones y quizá muchas. Lo que está bien documentado es que cientos de monjas fueron violadas y asesinadas, y 239 fueron declaradas mártires tras la guerra.

En un artículo lleno de detalles aquí, el catedrático de historia Javier Paredes reporta numerosos casos horripilantes de violencia sexual y física: Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas son hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y Misioneras del Corazón de María, tenían respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonan su convento de Mataró y se refugian en una casa de Riudarenas, pero son detenidas el 25 de septiembre y las trasladan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L’Hostalet, donde había un bosque que estaba a siete kilómetros de la población y allí las desnudan, después las violan y, a continuación, las penetran con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio, las introducen de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, las desgarran del todo sus entrañas y aprietan el gatillo.

En Valencia, los jóvenes milicianos armados y sudorosos, héroes admirados del feminismo militante de escritoras y políticas progres, dieron un trato parecido a una seglar, Concepción Carrión González, a la que asesinaron junto con dos religiosas de las Carmelitas Calzadas de Valencia, Sor María Josefa Ricart Casabant, natural de Albal (Valencia) y Sor Trinidad Martínez Gil, que había nacido en Soneja (Castellón). Sigue Paredes:

Concepción Carrión era una mujer de 35 años, bien parecida, que presidía la agrupación Acción Cívica de la Mujer de La Alcudia. Esta asociación, formada en buena parte por las mujeres de Acción Católica, tuvo una influencia notable en Valencia. Por dar una idea, baste con decir que esta asociación valenciana tenía, en 1932, 150 locales y 50.000 afiliadas. Como esta, también surgieron otras organizaciones semejantes en distintos puntos de España, aunque con nombres diferentes, como fue el caso de Asociación Femenina de Unión Regional de las Derechas de Galicia o Acción Ciudadana de Sevilla, que se unieron a la Confederación Española de Derechas Autónoma (CEDA) de Gil Robles.

El 21 de septiembre de 1936, Concepción Carrión González y las dos religiosas citadas fueron llevadas a Sueca, a un lugar llamado del Caballo. Durante el trayecto, los milicianos intentaron abusar de Concepción, sin conseguirlo. Volvieron a intentarlo cuando la bajaron del coche, y de la frustración que les produjo la negativa le acribillaron los pechos a balazos, porque antes no había permitido que se los sobaran. Y cuando cayó muerta en el suelo, la desnudaron y la clavaron una caña en la vagina.

Carmen García Moyón, es otra seglar, apodada ‘la francesita’ porque su madre procedía del país vecino. Se la incluye a veces entre las monjas martirizadas, porque en 1918 ingresó en el noviciado de las Terciarias Capuchinas de Altura (Castellón). Pocos años después, entiende que no es esa su vocación y abandona el convento. Acaba viviendo en Torrent (Valencia), donde instala un taller de costura. Mujer muy piadosa, en 1934 se une a la rama femenina de la Real Pía Unión de San Antonio. Ella es la que organiza la catequesis de las niñas de Torrent, y cuando estalla la guerra ayuda a los católicos escondidos, a los que lleva comida y la Eucaristía.

Denunciada por una vecina, en enero de 1937 es detenida y llevada a un paraje conocido como Barranc de les Cayes, en Torrent. Al bajarla del coche, los milicianos tratan de abusar de ella, a lo que se resiste y les increpa:

-«Me mataréis, pero no abusaréis de mí».

En vista de que no pueden cumplir sus propósitos, los verdugos de Carmen García Moyón la rocían con gasolina y la prenden fuego viva. Carmen, durante unos segundos camina por el campo como una tea ardiente, poco después se tambalea y, por fin, se desploma. Ya en suelo, antes de morir, gritó varias veces ¡Viva Cristo Rey!

Cambiemos de región. Las carmelitas descalzas de San José de Guadalajara se ven obligadas a abandonar el convento, y vestidas de seglares, pasan la noche del 23 al 24 de julio de 1936 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión. El día 24 por la tarde, tres de ellas caminan por la ciudad disimulando como pueden, pero el grito de una mujer que las reconoce las condena a muerte:

-¡Son monjas, disparad contra ellas!

Los milicianos comienzan la cacería y al instante, caen dos de ellas. Una tercera puede huir. Es la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene 27 años y natural de Mochales (Guadalajara). Trata de refugiarse en el Hotel Palace, pero se lo impiden unos hombres que están en la puerta. Y en ese momento, se acerca a ella un individuo, que la ofrece su protección y le sugiere dirigirse a las afueras. Pero en el puente de San Antonio se quita la careta, la sujeta con fuerza del brazo y se la lleva a las tapias del cementerio, donde trata de abusar de ella sin conseguirlo. A la agresión se suman otros dos valientes milicianos, y ya entre tres es más fácil manosearla, pero la monja sigue resistiéndose. Frustrada su lujuria, se les desata la ira. Un empleado de la funeraria es testigo de lo que sucede, oye las frases soeces que la dirigen y que la exigen que dé vivas al comunismo, a lo que la hermana Teresa del Niño Jesús responde con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces se separan un par de metros de ella, cargan sus armas, ella cae de rodillas con los brazos en cruz y la acribillan a balazos.

La persecución religiosa de la Guerra Civil española se ha presentado a veces como la acción criminal de unos incontrolados. Pero los hechos no sucedieron así. Los asesinatos fueron promovidos y planificados por los partidos y los sindicatos de izquierdas, con un innegable protagonismo del PSOE. Así por ejemplo en Santander, las juventudes socialistas publicaban un semanario titulado Nueva Ruta, y en esta publicación aparecían las listas de los que los socialistas consideraban como facciosos, que a continuación eran buscados para asesinarlos.


Naturalmente, que antes de matarlas se las juzgaba, en un simulacro de justicia… Así es que gracias a que el bando republicano era el imperio de la ley, en cierta ocasión se formó un Tribunal Especial para juzgar a un nutrido numero de monjas de las Carmelitas de la Caridad de Cullera, y el juez dictó la siguiente sentencia: «Como que dichas mujeres no han dado provecho al pueblo, ni tampoco lo darán en el futuro, a la catalana que se vaya a su tierra, pero a las otras, como son del norte, país fascista, las fusilaremos, excepto a las dos más jóvenes que serán para nosotros». Nada se dice de que estas dos monjas dieran un sí explicito para entregarse sexualmente, pero como no cabe en cabeza alguna que estos tribunales del Estado de Derecho republicano fueran machistas, estoy convencido que cuando esto lo lea la ministra Isabel Celaá, como dicen que es la católica del Gobierno y la responsable de Educación, con esta doble cualidad, si no es en los archivos del Estado será en los archivos eclesiásticos, pero en algún sitio encontrará el documento en el que figure el consentimiento de entrega sexual de estas dos monjas al juez y sus secuaces, que seguro que también eran milicianos sudorosos de los que con tanto entusiasmo habla Almudena Grandes.

El problema de la ministra Isabel Celaá es que se va encontrar con algunos casos en los que le va a ser imposible encontrar el consentimiento de algunas monjas para mantener relaciones sexuales con los milicianos jóvenes y sudorosos, por imposibilidad física y metafísica, por la sencilla razón de que aquellos aguerridos luchadores por las libertades y los derechos de la mujer del Frente Popular tuvieron sexo con ellas y hasta practicaron lo que ni imaginar se puede con sus cuerpos desnudos, pero todo eso lo hicieron con los cadáveres de las monjas, después de asesinarlas.

Y eso fue, exactamente lo que sucedió, entre otras mujeres, con las dos hermanas Vicenta y Purificación Asensio Vila, del Monasterio de La Puridad de Valencia, que fueron arrestadas y asesinadas cuando contaban 60 y 44 años respectivamente, junto a la Madre María Inmaculada Trinidad Peneli, Esclava de María, que tenía 70, el 2 de octubre de 1936 en el término municipal de Silla (Valencia). Las tres religiosas fueron violadas después de matarlas a tiros, según constató un médico forense que recogió los cadáveres y los fotografió cuando estaban tendidos en una carretera.

La historia de las enfermeras martes de Somiedo (Asturias) es igualmente horripilante. Tres enfermeras falangistas fueron detenidas en aquel pueblo y violadas numerosas veces por milicianos, además de torturadas, antes de ser fusiladas desnudas por varias milicianas que se jugaron sus ropas en un macabro concurso de puntería con los cadáveres de las tres jóvenes. Eran Pilar Gullón de 23 años -residente en Madrid, pero sorprendida por el inicio de la guerra en su ciudad natal-, Octavia Iglesias Blanco, de 41 y la joven Olga P. Monteserín Núñez, de 19.

Hay más casos, que recoge José Javier Esparza en “El terror rojo en España” (Áltera-2005), cuenta algunos casos de violación brutales. Violaciones masivas hubo en los primeros meses de la guerra en localidades de Badajoz, como Granja de Torrehermosa o Campillo de Llerena. En la primera de ellas fueron asesinadas 12 mujeres antes de la entrada de las tropas de Franco. De ellas, ocho fueron violadas. Se salvaron, según la investigación posterior cuatro niñas de 15, 11, 10 y 3 años que fueron acribilladas a balazos. En Campillo, pocos días después, varias mujeres fueron violadas y posteriormente asesinadas. Rosario Ciércoles Gascón, monja de 63 años, fue violada y apaleada por milicianos en un monte de Benavides (Valencia), antes de ser ejecutada junto con un grupo de religiosas.

No se salvaban las mujeres que, por ser ciudadanas extranjeras y tener su documentación como tales, tenían un estatus de inmunidad. Así ocurrió con las hermanas del cónsul de Uruguay. Las dos jóvenes de 18 y 23 años, Consuelo y Dolores Aguiar-Mella fueron secuestradas y violadas por milicianos comunistas dirigidos por La pasionaria, abandonando sus cadáveres en una cuneta.

Para finalizar, recogemos el testimonio de un comisario de Madrid, Teodoro Illera, que prestó su servicio profesional a la causa frentepopulista, pero que denunció como: “Dos milicianos violaron a dos señoritas, matándolas después, pero con tal ensañamiento, que uno de ellos disparó sobre la joven a quien había violado cuando aún la estaba poseyendo, saltando la masa encefálica de la desgraciada muchacha en la propia cara del asesino”.

La desecración de cuerpos y restos mortales era, como ya hemos visto, si no habitual sí al menos algo que ocurría con cierta frecuencia: los cadáveres eran golpeados, quemados o tirados por barrancos como de perros. En varios conventos, los milicianos exhumaron ataúdes y esqueletos o cuerpos momificados y los exhibieron en ceremonias grotescas, con imitaciones obscenas de misas.

En muchos cementerios fueron rotas las cruces y lápidas con frases cristianas. La extrema violencia contra las personas se proyectó también contra templos y obras de arte: tesoros históricos y artísticos de incalculable valor fueron pasto de las llamas: retablos, tapices, cuadros, custodias, imágenes sagradas de grandes pintores y escultores como Montañés, Salcillo, Pedro de Mena, Alonso Cano, Sert y otros monumentos insignes de la arquitectura y escultura religiosa quedaron abatidos, y ardieron antiquísimas y valiosísimas bibliotecas de conventos, seminarios y catedrales, así como archivos.

Durante años, un chiste común del izquierdismo militante era que Franco tenía en su escritorio (o en su barco, o en el baño) el “brazo incorrupto” de Santa Teresa de Jesús. La realidad es que no es un brazo, es una mano, que Franco tenía en su capilla personal. Y que sólo llegó a ser posesión de Franco porque unos militares republicanos la robaron de un convento en Ronda (Málaga) y les fue incautada cuando fueron capturados.

Sigamos con Ronda, ciudad que tiene uno de los más espectaculares barrancos urbanos del mundo: el Tajo de Ronda, un monumento singular que los republicanos en 1936 llenaron con los cuerpos de cientos de “fachas” a los que arrojaban vivos dentro. Los cálculos actuales son que unas 500 personas (en su mayoría hombres, pero también mujeres) fueron asesinadas de este modo tan cruel; aunque ha sido silenciado durante décadas, era una ignominia tan bien conocida que alguien tan poco sospechoso de franquismo como GERALD BRENNAN escribió sobre ella en EL PAIS, en 1976.

Sigo: en una declaración jurada que ante el Alcalde de Azuaga realizó Fernando Morillo Durán el 7 de enero de 1942, describe sucintamente cómo fue detenido su padre, Fernando Morillo Gómez-Álvarez, de 66 años de edad un día antes de comenzar la Guerra Civil y como fue torturado, asesinado y enterrado en una fosa común; y cómo en 1942 uno de los sospechosos de su horrenda muerte campaba a sus anchas por Azuaga. La descripción espeluznante de los hechos es así: “Fue detenido por Antonio Romero, Juan Romero Godoy, Antonio Romero Casado, José Lobo Minuesa en su domicilio el día 17 de julio y puesto en libertad por la Guardia Civil, el día 19 fue nuevamente detenido el día 27 del mismo mes, siendo conducido a la cárcel donde sometido a martirios tremendos los que consistieron en palizas y además la misma noche que lo asesinaron y antes de esto, en el patio de la cárcel con unas tenazas le extrajeron los testículos y lo apalearon, terminando de asesinarle en el cementerio en la noche del [sic]. Su cadáver presentaba una herida en el fémur, y otras en la cabeza y pecho de arma de fuego fue hallado en el cementerio enterrado en fosa común”.

Todo esto comenzó, como hemos visto, justo al empezar la guerra. El 20 de Julio de 1936, el Coronel Francisco Lacasa, alzado, fue capturado en el Convento de los Padres carmelitas de Barcelona, donde le cortaron la cabeza y asesinaron junto a varios religiosos.El General López Ochoa que fue degollado por milicianos en el hospital militar Gómez Ulla, tras de lo cual le cortaron la cabeza y la pasearon pinchada en una pica por Carabanchel, cerca de donde escribo estas líneas.

El 22 de agosto de 1936, veinticuatro presos, vecinos de Castuera (Badajoz) previamente escogidos fueron llevados a la Estación de Ferrocarril y montados en un tren que salía con dirección a Madrid; pasada la estación o apeadero ubicado en un descampado y denominado “El Quintillo”, en el kilómetro 340 de la vía férrea, les obligaron a bajar y recibieron varios disparos en las piernas. Al caer al suelo, los rociaron con gasolina, prendiéndole seguidamente fuego y quemándolos cuando aún estaban con vida. Finalmente terminaron de incinerarlos con leña de la dispuesta para servicio de una caseta del ferrocarril. Ocurría todo esto aproximadamente a las nueve de la mañana. Lo dramático de la escena fue corroborado con posterioridad por varios testigos así como por algunos de los que organizaron una comida con unos pollos previamente requisados en uno de los cortijos de los alrededores y que relataron lo ocurrido.

Los milicianos trasladados en el tren, continuaron su camino y protagonizaron unas tareas represivas caracterizadas por su crueldad e intensidad en el Madrid sometido al Frente Popular. Tal es el caso de los numerosos asesinatos cometidos en el tribunal revolucionarios/checa instalado en la calle Santa Engracia nº 18 y en la 77 Brigada Mixta, unidad de carácter anarquista formada sobre la base del batallón “Spartacus” y diversas milicias andaluzas y extremeñas (esto aparece relatado en “La dominación roja en España, Madrid: Ministerio de Justicia, s.a., p. 299-300”)

También hay que reseñar que los milicianos llegaron a extremos que a Tarantino no se le habrían ocurrido. Vicente Selfa Feo, párroco de la iglesia de Santa María del mar en Valencia — incautada por el Sindicato de Transportes — fue atado a un árbol, rociado de gasolina y quemado vivo. Gertrudis Llamazares Fernández, monja, fue atada al parachoques de un coche, junto con otro sacerdote y otra mujer, “que los arrastró hasta el pueblo de Hortaleza, al que llegaron ya muertos y completamente destrozados, siendo pisoteados y profanados los cadáveres por el vecindario rojo“.

José Sánchez Rodríguez, un joven religioso, fue asesinado dos veces: primero ejecutado y dejado malherido, tras lo que quedó junto a una tapia. Al pedir ayuda a una mujer que pasaba, ésta le denunció y volvieron a rematarle, y colocar su cadáver de adorno junto con al del antes citado general López Ochoa. Aún peor fue el caso de los asesinatos de los religiosos del Monasterio de Cóbreces, en Santander, quienes — tras meses de torturas — fueron arrojados vivos al mar, con las manos atadas, a veces desde acantilados para mayor diversión de los milicianos. ¿Que no es para tanto? Bueno, tengamos en cuenta que previamente les habían cosido la boca, CON ALAMBRE, para que no pudieran rezar antes de sus horribles muertes.

No querría acabar esta entrada sin insistir un poco más en las checas, otro de los grandes secretos de la guerra. Madrid, por ejemplo, estaba llena de ellas pero no hay placas en ningún lugar que identifiquen los lugares donde cientos, sino miles, de personas fueron torturadas y asesinadas. Y si en Madrid, donde ha gobernado la derecha ex franquista durante años, no hay nada de esto, imaginemos otros sitios.

En Barcelona, por ejemplo, la monja Apolonia Lizárraga, de 69 años, fue troceada por milicianos de la FAI en la checa de San Elías (esperemos que después de morir, lo que no está claro), y sus restos servidos a los cerdos, de los que luego se extraía lo que los milicianos llamaban macabramente “chorizo de monja”. También por Barcelona campó a sus anchas un yugoslavo llamado Alfonso Laurencic, auténtico sádico psicópata que quedaría muy bien en una peli de Tarantino. La autora de un libro sobre las checas de Barcelona se explaya sobre su caso, oculto tan perfectamente que sólo llegó a saber de su existencia por la más increíble de casualidades:

El 9 de julio de 1939, Alfonso Laurencic, un yugoslavo de origen austriaco, era fusilado en el Campo de la Bota por crear las dos checas más crueles de Barcelona durante la Guerra Civil. Por ser un torturador refinado. En las checas que él diseñó en las calles Vallmajor y Zaragoza, se convirtió en un artista de la tortura.

El Servicio de Inteligencia Militar quiso construir nuevas celdas de castigo en Barcelona como las antes construidas en Madrid y Valencia, siguiendo los modelos de las temidas cárceles rusas. Laurencic ideó unas celdas llamadas “neveras”, que eran cuadrangulares y estrechas, recubiertas en su interior de cemento poroso. Un depósito de agua situado en la parte superior iba filtrando un líquido a través del techo y las paredes. El habitáculo pasaba a ser una nevera, una tortura para las víctimas, que podían estar allí horas casi a oscuras. Junto al techo solo había una minúscula abertura como respiradero.

La periodista y escritora Susana Frouchtmann Corachán investigó la vida de este siniestro personaje porque, de pequeña, la viuda del arquitecto de las checas sirvió como asistenta en su casa.

La entrevista a Froutchtmann es espeluznante:

¿Y esas checas tan temibles cómo eran?
Un terror. 30 personas prisioneras podían dormir en pocos metros cuadrados. Allí comían y hacían sus necesidades. Cuando los querían interrogar, para hacerlos confesar, los ponían antes en estas celdas de castigo que diseñó Laurencic. Algunas celdas eran húmedas. Eran un habitáculo incómodo, inclinado, donde el preso no podía descansar. También los tiraban a algún pozo con el agua al cuello, a punto de ahogarse, o les colocaban unos segundos boca abajo en el agua. O hacían simulacros de fusilamientos con la tumba cavada al lado para infundir más miedo todavía en el preso. Un horror.

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Slavoj Zizek on Progress & the Basic Lesson of Psychoanalysis

This is from a 2015 interview in Salon magazine:

ZIZEK: ‘I don’t believe in progress. Let’s take the Marxist utopia at its most radical. Yes, we will somehow manage to overcome capitalism, there will be a new society of — of what? How do we know there will not be even some other type of greater horrors there, and so on? I absolutely try to disassociate social emancipation and so on, from any of these ideas, from some kind of harmonious society of collaboration, of peace, and so on and so on.

INTERVIEWER: ‘So people are just evil?’

ZIZEK: ‘Not evil. What is evil? It wouldn’t fit. You know this American constitutional formula, right? Pursuit of happiness. I think of the great theorist of social paradoxes, Paul Watzlawick. He wrote a book called ‘Pursuit of Unhappiness.’ I literally believe in this. I think that we humans are masters in how to sabotage our happiness. We want to be maybe almost happy, but not really happy. We don’t really want what we desire. That’s the basic lesson of psychoanalysis.’

Maybe this helps explain why he still considers himself a Communist.

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La Nueve, el mito favorito de los republicanos españoles

Como ya he visto muchas chorradas sobre el tema, que de hecho retornan anualmente como las golondrinas, voy a ser breve y directo: la contribución de los exiliados republicanos españoles a la derrota del nazismo fue entre minúscula e infinitesimal, y el hecho de que una compañía de republicanos españoles marchara en lugar prominente por la Avenida de los Campos Elíseos durante el primer desfile de la Liberación de Agosto de 1944 es una pura casualidad.

Entendamos que “La Nueve”, la famosa compañía, era la novena compañía del Tercer Regimiento de Chad de la Segunda División acorazada del ejército francés. Es decir, un grupo de tanquetas al mando de oficiales franceses, manejadas por republicanos españoles que se unieron al ejército francés después de que la División luchara contra los alemanes en la dura y difícil campaña de Normandía, a tiempo para avanzar sin mayores problemas hacia París mientras el ejército nazi se replegaba hacia la Línea Sigfrido de defensa más allá de la capital.

Hitler había ordenado la defensa de París hasta el último hombre, incluyendo la destrucción de puentes para dificultar la entrada de tropas enemigas. Pero ni los escasos defensores alemanes que quedaban en París estaban muy entusiastas, ni les dejaron hacer mucho: el general alemán al mando, Dietrich von Choltitz, explicó después de la guerra que se negó a seguir las órdenes de Hitler, pero además es poco probable que hubiera podido hacer gran cosa, dado el alzamiento francés en la ciudad mientras era rodeada por enormes formaciones enemigas.

Unidades de la Segunda División francesa (con La Nueve) fueron las primeras de todas las aliadas en entrar en la ciudad, pero todo esto fue mayormente un montaje propagandístico. El alto mando aliado les había ordenado esperar, pero era fundamental para De Gaulle que fueran franceses los que aparecieran liberando su capital, con lo que se colaron antes que nadie, dispararon unos cuantos tiros y quedaron envueltos en gloria ficticia para eternidad.

Los intereses propagandísticos siguieron primando en el momento del primer desfile de Liberación, el 26 de agosto. Como corresponde a un regimiento de Chad, casi todas las unidades del tercero eran sub-saharianos y ni el alto mando francés ni los estadounidenses querían que aparecieran los primeros en las fotos de la Liberación. Así que, por puro racismo y conveniencia, pusieron a los menos de 200 soldados de La Nueve en sus tanquetas por delante, para eterno éxtasis del republicanismo español.

Todo esto es bien sabido y lo ha sido desde siempre; los detalles sobre el tira y afloja para sacar a los subsaharianos de la foto son explicados en este ensayo de 2016 en el New York Review of Books. Yo entiendo que la propaganda a favor del republicanismo español tiene que agarrarse a cualquier clavo ardiendo, dado que, cuando hablamos de las dos repúblicas, hablamos de dos de los regímenes más incompetentes y patéticos no ya de la historia española, sino de la europea. Pero no olvidemos que en La Nueve había unos 140 españoles. Y en la División Azul lucharon 45.000 a favor de Hitler.

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Zizek Vs Hannan: A 1950s Debate in 2021

Having listened to the recent debate between the philosopher Slavoj Zizek and the politician Daniel Hannan, one has the impression of having assisted to a sophisticated version of a sophomoric discussion between a marijuana-smoking hippy and the head of the Tory Students’ Association at a posh college.

Zizek, of course, is not a hippy (although it’s not impossible that Hannan actually led the Tory Association at a posh college) but the point remains that the debate, especially in the first forty minutes, is mostly a rehash of old 20th century discussions that are irrelevant to our current predicament, to put it in Zizekian terms.

When the question “Was Marx right” is posed, Zizek tries to, very briefly and in a not particularly enlightening way, indicate where Marx’s thought may be relevant in the 21st century. Hannan then thunders from above: Marxism is a failure, look how many died, how much misery was created. The free market is the answer. But that wasn’t the question!

It’s the same old Communism/Socialism vs free market debate, with a a few shades of the old Zizek-Peterson debate, because Hannan, like Peterson, still believes his side won in 1989. He still thinks that the fall of the Berlin Wall led to the millions of leftists cowering under a table and accepting that Ayn Rand (a favorite of Zizek, as he confesses later in the debate) was right after all.

So Hannan feels very comfortable repeating the talking points that he would have used in the debate in, say, 1998: Communism killed more people than Hitler, the free market is lifting so many millions out of poverty.

There’s a key moment when Hannan asks about Zizek’s suggestion for a country where socialism actually worked (this is around the 32nd minute) and Zizek responds Bolivia. It’s not a bad response, since Bolivia has actually displayed, in a very small-scale, the same kind of dirigiste-but-not expropriatory economic policy that characterizes every single country in the world — latterly including even Cuba and North Korea — and is becoming appealing to even the morons ruling Venezuela’s Chavismo.

This goes to show that there is no free market vs socialism debate any more. All socialists understand that varying degrees of free market are needed to make things actually work. The question is how much of that they can afford without losing control to the globalized elites.

The problem with the Bolivian example is that such a country is, for all senses and purposes, completely irrelevant in the global economy of the 21st century, in the Big Tech- , Davos-led world of mass corporations dominating policy-making and capitalist apparatchiks controlling surplus profit. In the second half of the debate, Hannan actually displays some understanding of the problem when he explains how, as a Member of the European Parliament, he was shocked to see how big corporations where always lobbying for more stringent rules, knowing that they can afford those rules, due to their legions of well-paid lawyers and accountants, while startups can’t. It’s a pity that he just won’t follow up on that insight, as so many smart conservatives fail to do.

In the end, we all know where that global economy is driven from, where the masters of that economy live, where the super-power lies. We all know where queer theory started. Where intersectional gender theory started. Where critical race theory started. We all know — or should know — where every single politically correct, woke campaign ever comes from. Where a recent proposal to standardize the corporate tax everywhere in the world comes from.

That place is not Bolivia, or the European Parliament. You may think all that is fantastic, you may be neutral, or you may think it’s a disaster, but it’s what it is. In the end, when asked about a good example of a country where socialism flourished, Zizek should have said the United States of America. Now, that would have clarified the debate, and make everyone in the audience understand just exactly how Marx is right, in a 21st century context.

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