May You Not Live in Interesting Times

One may think it really is too easy if life gives you all this material, as the New York Review of Books notes:

One of the finest poems by Czesław Miłosz is the four-part sequence A Treatise on Poetry, a kind of elegy for pre-war Poland, which he wrote in France in the mid-1950s. Its first part, “Beautiful Times,” describes the glamorous society life in Kraków before World War I, and concludes with these lines: “The laughter in cafes/Echoes about a hero’s grave”; its second part, “The Capital,” ends with this little scene in Warsaw the night before the German invasion on September 1, 1939:

On Tamka Street a girl’s heels click.
She calls in a half whisper. They go together
To an empty lot overgrown with weeds.
A watchman on duty, hidden in the shadows,
Hears their soft voices in the bedding dark.
I do not know how to bear my pity….

Later I would ask myself more than once
What became of them in the coming years and ages.

Miłosz, the Polish poet, writer, diplomat, exile, and Nobel laureate, was a figure whose own life seemed to embody the turmoil of the twentieth century. He lived through both world wars and the Russian Revolution, experienced fascism, communism, and democracy, lived in Eastern and Western Europe and, later, the United States, and he returned again and again to these events in his writing. “To me Miłosz is one of those authors whose personal life dictates his work…. Except for his poems, all of his writing is tied to his…personal history or to the history of his times,” Witold Gombrowicz, the other great Polish writer in exile, said of him. I agree, but would not exclude Miłosz’s poems and don’t believe he would either, since he regarded his highest achievement as a poet to be his ability to fuse history and his personal experience.

When asked about his home, Miłosz said that he came from another planet, another time, another epoch. He was born in 1911 in Lithuania—then part of the Russian Empire—in one of those regions of Eastern Europe of which even Western Europeans have only a vague idea, where millions of people were killed and displaced by both world wars and where the ones who survived almost without exception had an astonishing life story to tell.

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Diarios de Guerra de Manuel Azaña (1)

Los Diarios de Guerra de Manuel Azaña son probablemente la obra más importante escrita durante la Guerra Civil española. Están llenos a rebosar de detalles interesantes que pueden habérsele escapado a muchos especialistas y representan un punto de vista notablemente ecuánime sobre el conflicto, sobre todo teniendo en cuenta que fueron escritos por uno de los máximos líderes de uno de los bandos, el propio Presidente de la República.

Yo había leído varios extractos pero no tuve una copia completa en mis manos hasta este verano, y la verdad y que no me han decepcionado en absoluto. En las próximas semanas voy a publicar varias entradas en este blog, con extractos de los diarios y comentarios breves que realmente son como un resumen de subrayados, de los que suelo hacer en libros electrónicos pero no puedo hacer en una obra que, aparantemente e increíblemente, nunca ha sido publicada en formato electrónico.

En un breve comentario sobre los Diarios de Azaña de antes de la Guerra, ya indiqué mi sorpresa ante la forma en que se han tratado en España estas obras absolutamente fundamentales para entender nuestra historia durante el siglo XX. Es del todo vergonzoso que mi edición de Diarios de Guerra (Planeta DeAgostini, 2005), una de las más recientes, carezca de aparato crítico y de un índice, dada la ingente cantidad de personas, incidentes, escándalos y decisiones que se describen en sus páginas.

Lo mismo ocurre con mi edición de los diarios de antes de la guerra; la mención frecuente a personas de las que no se da el nombre de pila, y hechos muy poco conocidos, convierte esas ausencias en una fuente constante de frustración y de mosqueo con la industria editorial española, que es capaz de llenar de notas a pie de página las novelas más irrelevantes de Juan Goytisolo. A ver si algún historiador se anima a darle el trato que merece a la obra cumbre de uno de los grandes líderes políticos de la historia española.

Puede ser que la peripecia que sufrieron los diarios de Azaña hasta ser publicados al completo explique por qué no son incluso más conocidos y citados de lo que lo son, y la forma en que se presentan al lector.

También hay otras posibilidades, más, por así decirlo, oscuras, que podrían incluir una cierta incomodidad por lo que Azaña escribe, especialmente entre los que deberían ser sus partidarios: todos aquellos, y Dios sabe que son muchos, que promueven el cuento absurdo de que la Guerra Civil Española fue una lucha entre el Bien y el Mal, entre los Angeles del Progreso y los Monstruos del Fascismo. Sé con certeza que muchos que se llenan la boca con defensas entusiastas de la República no tienen ni la menor idea de cómo funcionaba, de lo que hacían ni de lo que decían sus líderes. Gracias a Azaña, su ignorancia no puede tener excusa.

Estas notas irán de forma cronólogica, así que empezamos con Febrero de 1936. El Frente Popular, liderado por el propio Azaña (que no era ni socialista ni comunista, sino un republicano de izquierdas) acaba de apuntarse la victoria en unas elecciones extraordinariamente dramáticas. Pido de antemano perdón por la mala calidad de algunas de las capturas de página, que he hecho con mi móvil y en condiciones variables.

En esta primera página, me llama la atención la forma en que Azaña se deja querer: “la gente quiere que gobierne yo”. En las páginas de Febrero de 1936 (las únicas de antes de la guerra en el diario, que luego tiene un hiato hasta Mayo de 1937), Azaña no da la menor impresión de prever lo que vendría después. Desde su punto de vista, la derecha ha perdido porque merecía perder, y será aplastada porque merece ser aplastada. No hay búsqueda, no hay “gobernaré todos los españoles”, tan típico de nuestros tiempos. Aquí sólo hay gente que va a ganar, y gente que va a perder.

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Seguimos en Febrero de 1936, cinco meses antes del comienzo de la guerra. El presidente del Gobierno saliente le entrega a Azaña la jefatura del gabinete “como si me entregase las llaves de un piso desalquilado”. Hay que tener en cuenta que Azaña fue brevemente jefe del Gobierno, antes de que el Frente Popular echara al jefe de Estado, el Presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora, para sustituirle por el propio Azaña.

El propio Alcalá-Zamora, uno de los mayores responsables de la Guerra Civil por su incompetencia y sobrevaloración de su propio intelecto, al que Azaña tenía calado, aparece como muñidor de un partido imposible que buscaba dominar el centro político de la República.

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Febrero de 1936: una queja constante de Azaña es que la izquierda, por sus circunstancias históricas, carece de una gran cantidad de cuadros preparados para cubrir todos los puestos de la administración. Habiendo cubierto como corresponsal varios cambios de gobierno en España, doy fecha de que a principios del siglo XXI el problema sigue siendo similar.

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En la vena anterior, Azaña sigue desdeñoso de la derecha y el consenso en Febrero de 1936: “Tienen un miedo horrible. Ahora quieren pacificar, para que las gentes irritadas se calmen y no los hagan pupa. Si hubiesen ganado las elecciones, no se habrían cuidado de pacificar y, lejos de dar la amnistía, habrían metido a la cárcel a los que aún andan sueltos”.

Y Azaña se permite el chiste, que esconde una amenaza: “Tienen que convencerse — le dije riendo — que la derecha de la república soy yo y ustedes unos aprendices extraviados”. Traguen conmigo, que soy moderado y razonable, o lidien con los radicales a mi izquierda. Estoy al 100% de que su interlocutor no le vio la gracia al chiste.

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En Julio de 1936, Calvo Sotelo es asesinado y Francisco Franco acepta unirse a la conjura que Emilio Mola llevaba preparando durante meses, que fracasa y desemboca en una Guerra Civil. El diario de Azaña, como ya indiqué, no incluye entradas del periodo, que fue muy duro para el presidente de la República según su propio testimonio.

En Mayo de 1937, es otra persona quien retoma la narración: se ha ido para siempre el político republicano agresivo y convencido, y ha llegado para quedarse un observador perplejo de la caótica realidad revolucionaria de la República. Cuando vuelve a coger la pluma, Azaña está aislado en Barcelona, en medio del caos más absoluto, que describe así:

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(Continuará)

 

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A Weak God: Gnosticism for the 20th Century

Ron Rosenbaum wrote in Tablet, 29.9.17:

God in Struggle, a God not all-powerful, but one who needed us, needed our help in his wrestling with evil in the universe and thus silently sat by during the slaughter: This was, Norman Mailer told me once, “the one big idea” behind his fiction and nonfiction as well. He puts it in the mouth of every one of his protagonists from the fictional Sergius O’Shaughnessy to the real-life Gary Gilmore: God is weak and needs our help to hold off the devil. It is the groundwork of the entire literary movement now called “black humor.”

Norman Mailer always struck me as a guy who took to heart this old-ish Jewish saying:

Everyone should have two pockets, each containing a slip of paper. On one should be written: I am but dust and ashes, and on the other: The world was created for me. From time to time we must reach into one pocket, or the other. The secret of living comes from knowing when to reach into each.

Then again, Rosenbaum continues in his Tablet article:

In 2016, Haaretz reported on the finding of an expanded Hebrew version of Eli Wiesel’s Night, in which he expresses profound hatred for European nations, as here, where he describes at length his Christian-Hungarian neighbors, who joyously watched the Jews of his hometown being deported. “All the residents stood at the entrances of their homes, with faces filled with happiness at the misfortune they saw in their friends of yesterday walking and disappearing into the horizon—not for a day or two, but forever. Here I learned the true face of the Hungarian. It is the brutal face of an animal. I wouldn’t be exaggerating if I were to say the Hungarians were more violent toward us than the Germans themselves. The Germans tended to shoot Jews.” When Wiesel, then a journalist in Paris, came to Francois Mauriac, a French catholic, in the late 1950s with his manuscript to ask for recommendations about getting it published, Mauriac seduced him. In effect, he offered what Wiesel might not have realized was a Faustian bargain. “Yes, I’ll translate it and get it published and make sure the world pays attention. But I will denature, defang, diminish it by turning it into a Christian allegory that exalts my version of God. Not the god Wiesel depicted as Hitler but Mauriac’s “god of love.”

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Víctimas de la Guerra Civil española

Este es un tema que a mucha gente le fascina totalmente, ya que es parte del interminable debate sobre buenos y malos de la Guerra Civil española. A mí esto me aburre un poco, francamente, ya que leí largo y tendido sobre el periodo años atrás, pero mis hermanas (que saben que me gusta la historia) me regalaron este libro para mi cumpleaños el año pasado, así que había que leérselo:

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Hay muchos detalles interesantes en este libro que, dentro del tsunami de historiografía sobre la Guerra Civil, debería ser situado claramente a la derecha del espectro ideológico. Los pongo aquí abajo, junto con reproducciones de las páginas de texto y tablas que incluye el autor. Se agradecerá cualquier comentario totalmente partidista y desbocado al respecto.

Me gusta, por ejemplo, esta distinción que hace Angel Martín respecto a la descripción de uno de los bandos como “republicano”, añadiendo detalles sobre los ministros del gobierno republicano que ese mismo bando fusiló:

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Aquí entra en consideración la distinción de víctimas como de uno u otro bando, un tema extremadamente delicado que ha llevado a mucha confusión. Como ejemplo, usa el frente de Aragón:

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Aquí revisa el redondeo de las cifras, algo muy común en la historiografía del periodo:

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Esta tabla contiene estimaciones detalladas sobre la represión republicana, por provincia (ya avisé de que este libro de escora más a la derecha, aún concediendo que el consenso de que los “nacionales” fusilaron más, en números redondos, es correcto):

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Esto me interesa mucho. Las leyendas sobre las matanzas en Badajoz en 1936 son extendidas y frecuentemente repetidas por gente que ha abierto pocos libros en su vida. Este libro contiene un análisis mesurado y detallado sobre el presunto Holocausto de Badajoz, un mito muy querido y que fue creado por esa gente maravillosa, los corresponsales extranjeros que no tienen ni idea de nada:

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Resulta que el bando republicano incluía varios grupos de policía secreta encargados de torturas y asesinatos masivos, algo que una persona que lleve décadas viendo películas españolas sobre la Guerra Civil y leyendo novelas de Almudena Grandes seguramente ignore por completo:

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Cuando no estaban de fiesta libertaria o salvando a la humanidad, los anarquistas hacían burradas con cierta frecuencia. Pero echarle la culpa de la represión en el bando republicano a los “elementos incontrolados” es deshonesto:

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Sobre el mismo tema; “suprimir físicamente”:

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Algunas consideraciones sobre represión republicana, que con una frecuencia preocupante ignoró por completo las edades de los “enemigos de la revolución”:

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Esto también es muy relevante: es muy común oír sobre fulanito o menganito, intelectual asesinado por oponerse a los franquistas, y no por sus delictivas actividades políticas:

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Y algunos detalles sobre la rapidez con que se vaciaron las cárceles franquistas de presos de la Guerra Civil. No me consta que hubiera ninguno aún encarcelado en 1960, veinte años después del final del conflicto.

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Marketing the Third Reich

This is a fascinating interview with Nicholas O’Shaughnessy, author of “Marketing the Third Reich,” a book about the extremely successful handling of propaganda by the Third Reich.

One of the best moments in the interview is when the author explains at length how the fact that he studied Third Reich propaganda, and arrived at the conclusion that it was extremely persuasive, effective as well as imitated in future years by the Nazis’ enemies, doesn’t make him a Nazi. He’s obviously resisting a different strand of propaganda there.

Anyway, it sounds like a terrific book. I’ll try to get my hands on it.

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Wittgenstein, Bertrand Russell, Adolf Hitler y Roosevelt en la I Guerra Mundial

Hace poco acabé de leer la historia de la I Guerra Mundial de David Stevenson, un historiador que se esfuerza por salir del marco habitual de barro y trincheras en Bélgica y Francia que resume las masacres de 1914-1918 en el imaginario colectivo de Occidente.

Hay mucho barro y muchas trincheras, porque el frente occidental de la guerra resultó, al fin y al cabo, el decisivo, pero hay mucho más. Me han gustado mucho estas breves apariciones de personajes que fueron mucho más importantes en años siguientes:

-El 5 de Junio de 1916, día en que la muerte de Kitchener conmocionó Londres, el filósofo Bertrand Russell fue a juicio en Londres, y se le impuso una multa de 100 libras por publicar un folleto en apoyo de la objeción de conciencia al servicio militar. Ese mismo día, su amigo y protegido de Cambridge, Ludwig Wittgenstein, estaba en combate en el frente oriental. En Okna, donde atacaban las fuerzas de Brusilov, su batería de artillería defendió el terreno. Como consecuencia de su valor, Wittgenstein, que entonces era soldado de primera clase, fue recomendado para la Medalla de Plata al Valor de Segunda Clase, una distinción insólita para alguien con un grado tan bajo. La citación destaca que, ignorando el intenso fuego enemigo, observó los disparos de los morteros rusos y los localizó; su batería logró destruir dos morteros de grueso calibre con impactos directos, haciendo caso omiso de los gritos de su oficial para que se pusiera a cubierto.

-El 4 de agosto de 1918, tras un duro combate durante la retirada alemana de Soissons, le concedieron a Adolf Hitler la Cruz de Hierro, condecoración insólita para un cabo que llevó toda su vida, por “su valor personal y su mérito en general”, a propuesta de su judío capitán Hugo Guttman. Ese mismo día, FDR, por entonces Subsecretario de Marina de EEUU, estaba haciendo su primera y única visita al Frente Occidental. Tras paradas en Londres, París y Roma, había llegado a la aldea de Mareuil-en-Dole. Roosevelt disparó uno de los cañones, que apuntaba a un empalme ferroviario en Bazoches, 13 km al  norte; un avión vigía informó que el proyectil había dado en el blanco. Esa noche, FDR cenó con un general francés. Poco después de la contienda, FDR intentó que su nombre estuviera en una placa de alumnos de su escuela que habían estado en combate. Dieciocho  años más tarde, en 1936, declaró en un discurso: “he visto la guerra… Aborrezco la guerra”.

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More Ginzburg Sightings

Sophie Holmes writes (behind a paywall) in the Times Literary Supplement, Nov. 21, 2017, appropos the memoir of a certain Emma Reyes:

There is a whiff of false modesty here, reminiscent of Natalia Ginzburg’s personal essays (“I know very well what I am, which is a small, a very small writer”). Like Ginzburg, so eloquently does Reyes depict herself as a flawed witness to her own life that what emerges, paradoxically, is the portrait of a brilliantly assured observer and writer.

This little review also contains that mainstay of incompetent admiration: a reference to all the fabulous people the reviewed author met; OK, maybe this Reyes writer wasn’t that great, with all the editing she needed for basic grammatical mistakes (“her grammar, punctuation, and spelling were plainly intuitive”), but hey, she was once friends with important, famous people, in Europe! That’s gotta count for something:

Rarer still for her to make her way to Europe, establish a life as an artist and befriend artists and writers such as Pier Paolo Pasolini, Frida Kahlo and Jean-Paul Sartre, as Reyes did.

Rachel Cusk, in the same publication, writes (no paywall) to praise Ginzburg, on April 18, 2018. The praise is a bit forced, since it’s mandatory (this  text is an introduction for a reprint of My Little Virtues, a collection of Ginzburg; and no editor will take anything not full of praise for an introduction), but still weighty, in full regalia. This may be the most insightful graph I’ve ever read about Ginzburg (which is not saying much, really, given that I may be the person who cares most about her work in the world):

Ginzburg separates the concept of storytelling from the concept of the self and in doing so takes a great stride towards a more truthful representation of reality. She identifies narrative as being in some important sense a bourgeois enterprise, a gathering of substance from the world in order to turn it to the story’s own profit, and moreover a process of ineradicable bias, whereby things only become “real” once they have been recognized and given value by an individual. Put simply, Ginzburg attempts to show what happened without needing to show it happening to somebody. Her job – her art – is to represent the flawed charm, the tragedy and comedy of the human, to show the precise extent to which our characters shape our destinies and to watch as those destinies confer their blows and their rewards upon us.

This stuff doesn’t really makes one anxious to run to the bookstore and get the book but is definitely better than this review of the same collection, that I referred to before, in which Ginzburg’s main subject is identified as “boredom”.

My line here, of course, is that writerly praise in the absence of examples is suspicious, and Cusk delivers. She does include extracts from Ginzburg writing! None of them overwhelms me with her wisdom or talent to turn a phrase but they could be worse. This longish extract, for example, may be an excellent example of Ginzburg’s blood-sweat-and-tears approach to literature:

And you have to realize that you cannot console yourself for your grief by writing . . . . Because this vocation is never a consolation or a way of passing the time. It is not a companion. This vocation is a master who is able to beat us till the blood flows . . . . We must swallow our saliva and tears and grit our teeth and dry the blood from our wounds and serve him. Serve him when he asks. Then he will help us up on to our feet, fix our feet firmly on the ground; he will help us overcome madness and delirium, fever and despair. But he has to be the one who gives the orders and he always refuses to pay attention to us when we need him.

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