Los Visigodos en la Boda de Isabel y Fernando

En su libro “La Dinastía de los Trastámara” (2001), el medievalista Julio Valdeón tiene un interesante aparte sobre la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (en 1469), que dio lugar a la unión dinástica de la que procede el actual estado español.

Lo transcribo abajo casi en su totalidad porque estoy harto de leer estupideces en medios de comunicación prestigiosos, y desatinos por parte de historiadores y otros que cuentan historietas de cómo España nunca existió hasta 1711 o 1812 o 1978, o en realidad sólo ha sido una paja mental en la mente de Francisco Franco. Esto corresponde a las páginas 248-255 de mi edición del libro:

Aquel matrimonio, como indicó Luis Suárez Fernández (en “Nobleza y monarquía. Puntos de vista sobre la Historia política castellana” del siglo xv, 2ª edición, Valladolid, 1975, p. 235.) daba a entender «que eran capaces de tomar iniciativas y que con ellos se aseguraba el futuro de la autoridad real». Isabel había nacido en la villa de Madrigal de las Altas Torres en el año 1451. Según manifestó el cronista [contemporáneo] Andrés Bernáldez (“Historia de los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel,” Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1953, p. 725) al que llamaban el Cura de Los Palacios, la unión de Isabel y Fernando «fue en España la mayor empinación, triunfo y honra y prosperidad que nunca España tuvo después de convertida a la fe católica, ni antes […] y floreció por ellos España infinitamente en su tiempo, y fue en mucha paz y concordia y justicia. Y ellos fueron los más altos y más poderosos que nunca en ellos fueron reyes». No menos significativo fue lo que indicó el viajero alemán Jerónimo Münzer (“Viaje por España y Portugal. 1494-1495”, Madrid, 1951, p. 112): «Creo que el Omnipotente desde el cielo envió esta mujer serenísima a la España que languidecía, para que con su rey la restituyese a buen estado» (…) Fernando se proclamó rey de Aragón en el año 1479, después del fallecimiento de su padre, Juan II. Las opiniones expresadas en aquel tiempo, a raíz de la fusión de las Coronas de Castilla y Aragón, fueron muy significativas. El cronista mosén Diego de Valera, en referencia al rey Fernando, dijo que «es profetizado de muchos siglos acá que no solamente seréis señor de estos reinos de Castilla y Aragón, más avréis la monarchía de todas las Españas e rreformaréys la silla ynperial de la ynclita sangre de los godos donde venís» (“Diego de Valera: Crónica de los Reyes Católicos, edición y estudio de J. de M. Carriazo”, Madrid, 1927, p. CI. 248.) Por su parte el obispo de Gerona, Joan Margarit, indicó, en su obra titulada Paralipomenon Hispaniae, que con la unión de Isabel y Fernando se había reconstruido la unidad de España, si bien aludía a la Hispania citerior y a la ulterior, expresiones ambas que procedían de la época de la dominación romana. Muy llamativas fueron las poesías del franciscano fray Íñigo de Mendoza, el cual daba gracias al Señor por la vida de Isabel y Fernando: «tú que en tus sanctas alturas / soldaste las quebraduras / de nuestros reinos de España». En otro pasaje de dicha obra, el mencionado franciscano afirmaba, dirigiéndose al rey Fernando: «el que de Dios es ungido / para mandar las Españas» (“Íñigo de Mendoza: Cancionero, estudio y edición de J. Rodríguez-Puértolas”, Madrid, 1968, pp. 319-339.) Opiniones semejantes fueron expresadas por un gran número de autores de la época. El bachiller Palma dijo que «todos los reynos d’Espanna en un reyno veverán» (Citado en Miguel Ángel Ladero: “La España de los Reyes Católicos”, Madrid, 1999, p. 124.)  Por su parte, el cronista aragonés Fabricio de Vagad manifestó que al rey Fernando le están «esperando los reynos de España» (Miguel Ángel Ladero: La España, op. cit., p. 124.) Asimismo, en las Cortes celebradas en la ciudad de Toledo en el año 1480 se dijo lo siguiente: «Pues, por la gracia de Dios, los nuestros reynos de Castilla e de León e de Aragón son unidos, e tenemos esperanza que, por su piedad, de aquí adelante estarán en unión» (Cortes de los antiguos reinos de León y Castilla, tomo v, Madrid, 1882, p.185.) También intervino sobre este tema el gramático y humanista Elio Antonio de Nebrija, el cual dijo que «los miembros e pedazos de España que estavan por muchas partes derramados, se reduxeron e aiuntaron en un cuerpo e unidad de Reino, la forma e travazón del cual assí está ordenada que muchos siglos, injuria e tiempos no lo podrán romper ni desatar» (“Elio Antonio de Nebrija: Gramática de la lengua castellana, edición de Antonio Quilis”, Madrid, 1989, p. 112.) Y el viajero alemán Jerónimo Münzer escribió lo siguiente: “Llena de  admiración a los Príncipes y demás nobles de Alemania el que los reinos de España, que en el tiempo pasado, a causa de las guerras intestinas, los odios ocultos y los intereses privados, casí parecían quebrantados, hundidos y destrozados, con tan feliz estrella y en tan corto tiempo hayan podido pasar de la suma discordia a tanta paz, tranquilidad y tan próspero estado” (Jerónimo Münzer: op. cit., p. 109.) En definitiva, por doquier surgían elogios al importante paso dado para conseguir la unidad de los reinos de España. Ciertamente cada reino mantenía sus Cortes, su moneda, sus normas jurídicas e incluso su lengua. De todos modos se había generalizado la expresión, relativa a la unión de las dos grandes Coronas de España, que afirmaba lo siguiente: «Tanto monta, Isabel como Fernando; tanto monta, Fernando como Isabel». Asimismo, el yugo de Fernando y el haz de flechas de Isabel se difundieron por todos los rincones en los que ambos monarcas ejercían su soberanía. De ahí que hubiera una identificación entre los dos cónyuges. No cabe olvidar que aún había, en la Península Ibérica, algunos núcleos políticos cristianos que seguían siendo independientes. Tal era el caso de los reinos de Navarra y de  Portugal. Ahora bien, el humanista italiano Pedro Mártir de Anglería, que vivió parte de su vida en el ámbito hispano, dijo que «Reyes de España llamamos a Fernando e Isabel porque poseen el cuerpo de España; y no obsta, para que no los llamemos así, el que falte de este cuerpo dos dedillos, como son Navarra y Portugal» (Citado en Miguel Ángel Ladero: «Ideas e imágenes sobre España en la Edad Media», en Sobre la realidad de España, Madrid, 1994, p. 47.) Como es sabido, Fernando e Isabel buscaron la alianza matrimonial con el vecino reino de Portugal, casando a su hija Isabel con el monarca lusitano Manuel I. Sin embargo, Isabel falleció a consecuencia del parto del niño que nació de aquel enlace, llamado Miguel, el cual, a su vez, murió cuando sólo tenía dos años. Eso sí, el reino de Navarra terminó siendo integrado en la monarquía hispánica en el año 1512, gracias a la victoriosa actuación militar llevada a cabo por el monarca Fernando el Católico. Uno de los aspectos más significativos es que el término España se generalizara en el continente europeo. El historiador Pierre Vilar, tras la incorporación de Navarra, dijo que «en el extranjero ya no se dice más que “el rey de España”» (Pierre Vilar: Historia de España, traducción española, París, 1971, p. 33.) Es más, la expresión «reyes de España» la utilizaban dos conocidos escritores italianos del siglo xvi, en concreto Maquiavelo y Guicciardini. De esa forma se ponía claramente de manifiesto la unidad política que se había conseguido en las tierras hispánicas.

hispania

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