Todos Aman, y Nadie Lee, a Clarice Lispector

(Actualizado el 21 de Diciembre de 2018)

A los editores, como al resto de la humanidad, les gusta la belleza y poner gente guapa en las solapas vende: Karl-Ove Knausgaard, Ray Loriga, Ted Hughes, David Foster Wallace. Incluso Siri Hustvedt y Donna Tartt, en su juventud, tuvieron su momento de prominencia en las fotos de cubierta; es fácil observar que a gente como James Joyce, Michel Houellebecq y Jean-Paul Sartre esas fotos se las hacen más pequeñas, para que no asusten al lector con su descarada fealdad.

El título de reina de la foto de solapa está muy reñido; Sylvia Plath, cuyo aura envuelve incluso a los admiradores más inesperados, y que consigue que el New York Review of Books dedique un artículo casi completo a meditar sobre sus peinados, domina el segmento anglosajón…

plath-beach

…pero la ganadora ha de ser la brasileña Clarice Lispector. Con un vago pero evidente aire a Scarlett Johansson, podría haber sido actriz o, que sé yo, azafata de congresos o algo. Le dio por la escritura.

lispector

No tengo muy claro lo bien que escribía. He leído varias piezas de ella, cuentos cortos, reportaje y extractos, y todas las he encontrado de una mediocridad aplastante. No todo el mundo está de acuerdo, claro, pero Lispector en general tiene, como Ortega y Gasset y la peor lectora de la historia, un serio problema con sus admiradores.

En el caso de Lispector, el problema es curioso: están obnubilados por la presencia física de la escritora, y con frecuencia obvian referirse a lo que importa aquí: lo que escribió. Porque el cuerpo de Lispector se lo han comido los gusanos, y lo que nos queda (*) son sus escritos.

Un ejemplo de esta negativa tendencia está en este reciente artículo en el suplemento Babelia de El País. En el texto, éste es el único párrafo en el que se cita algo que Lispector pudiera o no haber escrito:

 Y nadie responde con la disposición de Lycia, una adolescente de 14 años y enormes gafas de pasta que estaba repasando las estanterías de metal que hay en las paredes. “Creo que la conozco”, dice. Y, tras una búsqueda en Google, muestra el móvil como un trofeo: en la pantalla, varias fotos en blanco y negro de una mujer bella y congelada en un gesto distante, como de estrella del cine de los cuarenta. En cada versión de la foto hay una frase diferente: “El verano está instalado en mi corazón”. “Todo silencio tiene un nombre”. “Mi problema es que nunca fui de gustar más o menos; o gusto mucho o no gusto”. Todas las frases se atribuyen a Lispector, la mujer de la foto, pero pocas lo son. Lycia remata: “Libros suyos aún no he leído, pero creo que me gusta”.

El párrafo nos muestra con claridad que Tom Avendaño, el autor de la crónica, tiene sus dudas sobre lo que está escribiendo. Saca a experto tras experto alabando a la Lispector, destacando su influencia en la literatura brasileña, pero también hace espacio para este revelador ejemplo de la adolescente gafapasta, que expresa su aprobación por una escritora a la que no ha leído, sobre la base de sus fotos glamourosas y citas célebres al estilo de las que incluye la revista Pronto entre sus artículos breves sobre famosos de tercera fila.

Avendaño prefiere no citar frase alguna de la obra de la Lispector, lo que a uno le llama a sospecha: ese alabar con vaguedades y sin ejemplos suele esconder algo. Y su artículo contiene no una, sino dos fotografías de la autora: la primera, ya algo mayor, con pose digno de los grandes momentos de Sarita Montiel; la segunda de niña, con su familia, porque su historia de refugiada ucraniana que huyó a Brasil es de obligada repetición en estos tiempos de ensalzamiento de la figura del refugiado.

Lo mismo ocurre en este artículo, aún más reciente, en Zenda: cero ejemplos de la grandeza de Lispector, ningún extracto de ninguna de sus obras, pero sí que hay sitio para dos fotos con posado. A ver, yo lo entiendo: la verdad es que se hace difícil encontrar libros de Lispector que no incluyan fotos suyas EN PORTADA:

lispector

En este último artículo se incluyen dos frases que Lispector supuestamente pronunció: en una de ellas repite la rutinaria proclama de Flaubert sobre Madame Bovary, conocida por alumnos de letras de secundaria de todo el mundo, lo que no da impresión de profundidad literaria precisamente; en la otra, a punto de morir, recicla los peores clichés de la película Sunset Boulevard.

 

* Lispector, que vivió en la era de los carretes, el revelado, las máquinas grandes, etc, no de los móviles y cámaras digitales, dejó un millón de fotos de sí misma en todo tipo de poses. Está claro que sabía por qué lado se pone la mantequilla, como dicen en inglés.

 

 

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2 Responses to Todos Aman, y Nadie Lee, a Clarice Lispector

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