Podemos en Venezuela: Cómo Monedero llegó a la Fundación CEPS

(Esto es un extracto de mi nuevo libro, “Podemos en Venezuela”, publicado por Homo Legens y disponible aquí y aquí)

La CEPS de los dos profesores valencianos había seguido actuando en Venezuela todo este tiempo. De hecho, según escribe Martínez Dalmau en su breve historia de CEPS1, las relaciones se intensificaron después de que la asociación se convirtiera en Fundación, constituida con fecha 21 de Noviembre de 2000 mediante escritura pública número Valencia otorgada por el notario don Antonio Beans Conde del Ilustre Colegio de 2237, constando su inscripción en el Registro de Fundaciones del Departamento por Orden Ministerial por Orden Ministerial de 16 de Febrero de 2001, siendo el número de registro asignado el 445.

Los estatutos de la Fundación CEPS tienen su interés. En particular, el artículo 8, que describe los fines para los se creó:

Artículo 8.- Fines. La Fundación persigue los siguientes fines:

a) promover el debate y la investigación en el ámbito político-social con el objetivo de lograr una sociedad más justa y solidaria mediante la redistribución de la riqueza, el fomento de la democracia participativa y las garantías efectivas de protección de los derechos humanos.

b) difundir entre la ciudadanía el funcionamiento del sistema político, económico y social, en especial la promoción de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

c) cooperar al desarrollo de los pueblos, contribuyendo al diseño de políticas públicas, a la formación de la ciudadanía y a la promoción de un sistema educativo de calidad acorde con los valores de una sociedad democrática y solidaria.

d) promover la idea de la integración pacífica y la cooperación política, social y económica de los pueblos, especialmente en Europa.

Viciano y Martínez Dalmau venían de labrarse una reputación en Venezuela, donde dejaron a muchos impresionados con su seriedad y conocimiento de las cosas. Tal fue su impacto, según sostiene el citado Semtei, que fue por ello que se les encargó la creación de una institución que el chavismo podría utilizar para inyectar fondos en movimientos favorables a su causa; una institución que, en lugar de asociación, debería entonces constituirse en fundación y beneficiarse de las consiguientes ventajas que proporciona la legislación española: deducciones fiscales en las donaciones; y exención del impuesto sobre el valor añadido, el impuesto sobre sociedades,el impuesto sobre actividades económicas, el impuesto sobre bienes inmuebles y hasta el impuesto sobre el incremento del valor de los terrenos de naturaleza urbana.

Martínez Dalmau lo describe de otro modo, mucho más impersonal:

“El momento debía ser aprovechado para aprender actuando, por lo que se necesitaba superar el ámbito valenciano para unir energías con otros colectivos que, como CEPS, coincidieran en la estrategia. En 2001 se avanzó en esta potencial expansión contactando con grupos de otras partes del Estado que actuaban con enfoque semejante al de CEPS y podían concentrar fuerzas. Particularmente importante fue la incorporación de jóvenes profesores e investigadores que habían militado alrededor de la Universidad Complutense de Madrid. Esta convergencia de fuerzas requería de un marco jurídico y organizativo distinto, por lo que en 2001 la asociación decidió expandir el proyecto y, para ello, constituyó una Fundación. Hubo problemas para registrar esta nueva organización con el mismo nombre de la asociación, por lo que se optó por el continuum en la nomenclatura: se denominaría Fundación CEPS.”

Tras el golpe de 2002, según el testimonio del propio dirigente, la fundación “intensificó” su relación con el régimen “al constituir un equipo de asesores de la Presidencia de la República que trabajaba con acceso directo al presidente en el diseño macro de políticas públicas desde el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo, junto con otros equipos presidenciales entre los que se encontraba la pensadora Marta Harnecker.”

Harnecker, fallecida en 2019 a los 82 años, fue una figura clave de la primera mitad de la presidencia Chávez. Como Martínez Dalmau prefiere no explicar quién era, tendré que hacerlo yo: chilena, quizá la más ilustre de todos los “turistas revolucionarios” en Caracas bajo el chavismo, había trabajado para el gobierno de Allende en Chile en 1970 y 1973 y, por las cosas del amor, se casó con Manuel Piñeiro, jefe de los órganos de seguridad de Cuba y todo un demócrata ejemplar como se puede suponer, padre de su hija Camila.

Es importante que, en esta historia, quede claro el quién es quién y quién porque, como es evidente, el régimen chavista estaba infiltrado de elementos cubanos hasta los tuétanos desde una fecha muy temprana, por mucho que la propaganda de la Fundación CEPS hable de procesos democráticos participativos y otras palabras hermosas.

Más claridad: la Fundación tenía un equipo permanente de tres expertos fijos en Miraflores en esta época (un jurista, un economista y un politólogo) además de otros asesores itinerantes, referencia a la posición que tendrá más adelante Pablo Iglesias, quien nunca fue de los fijos, por decisión propia. Este equipo, según explica Martínez Dalmau, tuvo un “papel particularmente relevante” en la gestión y seguimiento del referéndum revocatorio de Agosto de 2004, marcado como hemos visto por un pucherazo de importancia histórica.

Martínez Dalmau no habla de pucherazo, pero concede que “el equipo CEPS en Miraflores era particularmente crítico en sus posiciones,” añadiendo que esta actitud, “lejos de perjudicarlo, le granjeó un aumento constante de la confianza del presidente Chávez y de su equipo, aunque en muchas ocasiones sus advertencias caían en saco roto.”

Como ejemplo de tales advertencias, Martínez Dalmau refiere el diseño de un nuevo régimen para cambio de divisas en 2003, a través de un organismo llamado CADIVI (Comisión de Administración de Divisas). CEPS se opuso al control de la moneda por el Ejecutivo, advirtiendo – con toda razón – que produciría corrupción y la aparición de un mercado negro de divisas, sin que fuera atendido. El autor comenta, resignado: “CEPS aprendió a marchas forzadas la diferencia entre el rol del asesor y el del decisor político.”

Escarmentada, la Fundación, armada de contactos entre el chavismo y el pseudochavismo latino, encontró nuevas oportunidades de colaboración técnica en Colombia, Ecuador, Bolivia, Paraguay, El Salvador, México y otros países2. El lento distanciamento entre la primera generación de activistas de Viciano y Martínez Dalmau, y el régimen chavista, era una realidad: y este distanciamiento abriría el espacio para que Monedero se convirtiera en el nuevo favorito español de la corte.

Al llegar a Venezuela, Monedero trajo un entusiasmo del que ya carecían los más veteranos de CEPS, y que garantizó que el dinero chavista fluyera hacia las arcas de la Fundación. Los primeros pagos de Venezuela que la Fundación CEPS reportó al Registro de Fundaciones en Madrid corresponden al año 2004, con Viciano de presidente y Martínez Dalmau de vicepresidente: 213.000 euros por colaboraciones y asesorías en diversos proyectos. A partir de 2005, con Monedero ya en Caracas, las cifras se incrementan significativamente, con sólo un frenazo en 2007, hasta que se estancan a partir de 2010, con la economía venezolana ya en caída libre.

Es importante tener en cuenta que, según el ya citado Semtei, los pagos reportados por CEPS desde Venezuela son sólo una parte de los pagos remitidos a la Fundación por el régimen chavista. Un truco habitual del chavismo, explicó Semtei, era remitir dinero a diversos aliados, como Ecuador, Bolivia o incluso Irán, para que éstos hicieran los pagos por su lado, sin que quedaran consignados como procedentes de Caracas. CEPS era un canal clave para tales movimientos de capital, que buscaban crear una “caja de resistencia” legal de la que saliera eventualmente un movimiento pro-chavista en España, pero no era el único canal, según Semtei.

También hay que considerar que no todos los pagos del gobierno venezolano fueron canalizados a través de CEPS, sobre todo al principio: en 2001 y 2002, la recién lanzada Fundación reportó ingresos muy bajos: 2.135 y 3.974 euros, sin un duro procedente de Venezuela aunque, según el testimonio escrito del propio vicepresidente de la misma, la Fundación estaba proporcionando asesoramiento intensivo al gobierno venezolano con un número significativo de personal in situ – asesoramiento que fue gratuito o no aparece reportado en sus cuentas, al menos las presentadas al Registro de Fundaciones.

Incluso en 2003, cuando los ingresos de la Fundación se multiplican por diez, lo hacen en gran medida gracias a generosas dotaciones de ayuntamientos controlados entonces por Izquierda Unida (Granada y Rivas-Vaciamadrid) para conducir un proyecto en Guatemala (!!!), así como un gran proyecto que les financia la Universidad de Valencia donde se creó CEPS.

En 2004, la Fundación reportó en total 250.575 euros de ingresos (mas 14 céntimos: las cuentas de CEPS incluyen muchos céntimos, debido a los numerosos pagos en moneda extranjera que luego son convertidos en euros, calculadora en mano), incluyendo los 213.000 procedentes de Venezuela. En 2005, 377.345 (de los cuales, 328.719 procedentes de Venezuela). Llama la atención que, cuando CEPS “aprendió a marchas forzadas la diferencia entre el rol del asesor y el del decisor político”, es justo cuando el chavismo decide abrir la mano, y todo esto coincide con la entrada de Monedero en el radar.

El aterrizaje del profesor madrileño de Políticas en Caracas a comienzos de 2005 fue accidentado. Miguel Santos, ahora investigador de la escuela Kennedy sobre gobiernos de la Universidad de Harvard, conoció a Monedero al poco de su llegada a Venezuela. Santos, que es venezolano y fue alejándose del chavismo a medida que el visitante español se imbricaba más y más, se dio cuenta inmediatamente de que Monedero era diferente de otros: más tenaz, y más combativo que muchos de los demás asesores en torno a Chávez.

–Juan Carlos primero debe haber sido contratado para darle sentido a lo que estaban haciendo – me dijo Santos – Pero no veo al gobierno escuchando su opinión y cambiar para nada.

En el ambiente algo rancio de la Caracas de 2005, ya plenamente dividida entre pro-chavistas que iban a muerte con el líder, y anti-chavistas que no podían ver a los anteriores sin escupir al suelo, Monedero apareció como un visitante inocente, dispuesto a debatir sobre las virtudes del régimen con alguien como Santos, que no era fan. Esto, según recuerda Santos, era la característica más distintiva de Monedero.

1En “Los orígenes latinoamericanos de Podemos”, p. 145 y ss.

2En 2011, según Martínez Dalmau, la Fundación contaba con una veintena de equipos distribuidos por toda América Latina.

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