El caso de Palamedes, el enemigo del muy retorcido Ulises

¿Cómo es que nadie habla nunca de Palamedes, quien forzó a Ulises a ir a la guerra, y del cual Ulises/Odiseo se vengó después?

En la Ilíada, una obra en la que Homero se refocila en hacer que los buenos mueran de las formas más escabrosas, Palamedes es el que descubre el primer engaño de Odiseo, que había intentado zafarse de la obligación de acudir a la guerra de Troya fingiendo estar loco. Y eso es poca cosa en el historial de Palamedes, al que autores antiguos atribuyeron la invención del ajedrez y el juego de dados, los faros, la balanza, el disco y las guardias con centinela.

El problema de Palamedes es que a Odiseo le quedaban muchos engaños bajo la manga: ya ante las murallas de Troya, Odiseo falsificó una carta diciendo que el rey de la ciudad sitiada, Príamo, había propuesto a Palamedes traicionar a los griegos a cambio de oro. Odiseo escondió el oro en la tienda de Palamedes y éste fue lapidado hasta la muerte por el ejército griego.

Nauplio, padre de Palamades, luego vengó la muerte de su hijo haciendo perderse a la flota griega mediante señales falsas a la vuelta de Troya. En los tiempos homéricos nadie pasaba una.

Odiseo era un tipo curioso. No es de extrañar que, siendo quizás el héroe más conocido de la historia de Occidente, no haya protagonizado ninguna película desde el famoso peplum Ulises de Mario Camerini con Kirk Douglas en 1954, basado en La Odisea.

Esta es una de las películas preferidas de mi padre, así que crecí oyendo sobre las heroicidades y argucias de Ulises, y no sobre las burradas que hizo en La Ilíada; creo que muchos otros están en una situación similar: en nuestros tiempos, el arte popular, y en particular el cine, está curiosamente centrado en una visión maniquea del universo, siempre dividido entre los buenos (Luke Skywalker, Churchill, los demócratas) y los malos (Darth Vader, cualquier nazi, los no-demócratas). Un personaje complejo, frecuentemente miserable y retorcido, como Odiseo no pega en nuestras pantallas.

Los griegos habrían pensado que nuestras películas son infantiloides y simplonas. Pongamos el caso del héroe indiscutible de La Ilíada: Héctor. Antes de morir a manos de Aquiles porque los dioses así lo habían dictaminado, con su capricho habitual, había tratado de salvar a su hijo Astyanax, que fue escondido por Andrómaco en la tumba del propio Héctor.

Después de encontrar a Astyanax, los griegos debatieron qué hacer con él, temeroso de que si le dejaban vivo acabara vengando a su padre al crecer. Hay varias versiones sobre lo que pasó después, pero la más fiable es que decidieron matar al pobre niño, y el encargado fue Odiseo quien, nunca intimidado por el qué dirán, lo lanzó desde las murallas de Troya.

Los griegos no tenían muchos escrúpulos, y no esperaban que sus héroes tuvieran más que sus desmedidos dioses. Cualquier presentación moderna de Odiseo ha de ceñirse al patrón que marcó la película de 1954: un poco borrachín y chuleta, sí (se habría librado de pasarse diez años perdido por el mar si no se hubiera vanagloriado de haber cegado a Polifemo, con lo que Polifemo supo de quién quejarse ante los dioses) pero ingenioso padre de familia que sólo quiere llegar a casa a tiempo de matar a los guarros que quieren quedarse con su trono y su esposa.

Si escarbamos un poco en La Ilíada, claro, de eso nada. Están el asesinato del inventor Palamedes, el infanticidio, el exterminio de los pacíficos troyanos gracias a su Caballo. Incluso en La Odisea, Odiseo en un momento (Libro XIV) describe — con algún pesar, eso es cierto — cómo participó en una razzia en Egipto durante la cual sus compañeros se dedicaron a matar a los hombres egipcios y secuestrar a sus mujeres y niños, para luego venderlos como esclavos. Observando nuestras historias binarias y simplistas con buenos y malos, con el Lado Oscuro de la fuerza, Odiseo nos sobra. Este es el tipo que, para evitar la profecía de que el primer griego en pisar tierra frente a Troya moriría, tiró un escudo al suelo para caer sin riesgos.

¿Es este reduccionismo moderno señal de progreso, señal de inteligencia? El famoso bloguero SlateStarCodex lo duda mucho, en un post reciente, muy comentado, sobre lo que llama La Invención de la Narrativa Moral (la traducción es mía), basado en un artículo previo sobre el tema de Robin Hanson:

“Donde las obras antiguas tienen connotaciones de buenos contra malos, generalmente se debe a que leemos adaptaciones más modernas. Robin Hood no robaba a los ricos para darles a los pobres hasta versiones posteriores de la historia; los caballeros del Rey Arturo no comienzan como personas especialmente buenas y la verdad es que no luchan contra un equipo unificado de malhechores; el argumento virtuoso de Arturo contra el malvado Mordred no es predominante hasta las versiones victorianas. El Hércules de Disney, que transforma a Hades, perfectamente razonable dios del inframundo, en villano de la historieta clásica, es un sorprendente ejemplo de finales del siglo XX… El artículo concluye que esto se debe al nacionalismo. Los estados-nación querían que sus soldados se imaginaran a sí mismos como peleando del lado de los buenos, contra malvados enemigos de la historieta. Esta fue una visión tan convincente que configuró la cultura a partir de ese momento.”

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