Podemos en Venezuela: el día que Monedero conoció a Chávez

(Esto es un extracto de mi nuevo libro, “Podemos en Venezuela”, publicado por Homo Legens y disponible aquí y aquí)

Monedero se hizo notar ante Hugo Chávez en 2002, quizás su momento más delicado. El 11 de Abril de aquel año, Chávez fue derrocado por su propio ejército después de una gran marcha sindical que concentró a un millón de personas en protesta por el nombramiento de fieles chavistas, carentes de cualquier cualificación, para gestionar la petrolera nacional.

En otro país, sería sorprendente que se le dé tanta importancia a la política de personal en tal empresa, pero PdVSA, como se conoce a la compañía, es responsable de la mayoría de los ingresos fiscales del Estado, entonces y ahora.

La marcha desembocó en un enfrentamiento a tiros, probablemente provocado por círculos bolivarianos (grupos de simpatizantes chavistas, de los que Podemos tomó el nombre de Círculos para sus propias asambleas), enfrente del Palacio de Miraflores de Caracas, la residencia del presidente venezolano. Diecinueve personas perdieron la vida en los choques, y el ejército demandó a Chávez que dimitiera, en lugar de defenderle.

Chávez, súbitamente abandonado, suplicó que se le permitiera marcharse al asilo en Cuba, pero el alto mando militar – en quizá el momento clave de la historia moderna de Venezuela – decidió mantenerle bajo arresto, para juzgarle después. Durante dos días, la oposición al chavismo se enzarzó en una serie de luchas internas para decidir quién reemplazaría a Chávez, y bajo qué condiciones, mientras el chavismo trataba de reaccionar.

El gobierno estadounidense, entonces enfrascado en preparar la invasión de Irak que llevaría a cabo al año siguiente, se mostró errático e indeciso, influido por un Departamento de Estado lleno de cargos nombrados durante la presidencia de Bill Clinton (1993-2001) quienes tenían cierta simpatía por un régimen que les recordaba su juventud de militancia radical.

De hecho, el entonces embajador de EEUU, Charles S. Shapiro, veterano de la región latinoamericana, declaró años después que él personalmente había avisado a Chávez de que un golpe de estado era inminente, y el presidente venezolano había dicho que lo sabía, y lo tenía todo bajo control.

La Organización de Estados Americanos, impulsada por Cuba, condenó el golpe, pero con cierta tibieza y sin unanimidad. La iniciativa en la reacción internacional ante el golpe pasó a España, donde José María Aznar estaba en la cumbre de su poder, con una mayoría absoluta inamovible1, y podía orientar la respuesta de la Unión Europea.

Aznar expresó apoyo por la salida de Chávez del poder, sin condenar el golpe, y logró un consenso casi total en el parlamento español en favor de su postura. En ese momento clave, la coalición Izquierda Unida – dominada por el Partido Comunista Español, pero con sólo ocho escaños en el Congreso – se inclinó por unirse al consenso: la visión de muchos en IU era que el chavismo era un populismo latinoamericano tercermundista, una versión caribeña del peronismo argentino que no tenía relación ninguna con el movimiento obrerista europeo.

De las pocas voces que se alzaron en contra de esa visión, una destacó por encima de todas: la de Juan Carlos Monedero. El joven profesor del Complutense, asesor del entonces líder de IU, Gaspar Llamazares, y ya conocido de los Gorditos, defendió la política y las aspiraciones de Hugo Chávez en nombre de sus padrinos valencianos que tanto habían contribuido a crear la constitución chavista.

Su argumento decisivo, sin embargo, no fue tanto ideológico o constitucional como histórico: IU, y el PCE antes, siempre se habían opuesto a los golpes de estado militares en Latinoamérica, debido al largo historial de manipulación pro-estadounidense y pro-oligarquía de estos golpes. El recuerdo de Augusto Pinochet, que seguía vivo después de haber pasado una larga detención en Londres pocos años antes, a iniciativa de la justicia española, pesó decisivamente y Llamazares dio su brazo a torcer: en el Parlamento, el líder de IU acusó al gobierno español de haber justificado el golpe de estado, rompiendo el consenso anti-Chávez que Aznar había logrado crear.

Esa, al menos, es la historia que muchos cuentan en Venezuela.

Fui con esta versión al propio Llamazares. Ahora separado de IU y medio de la política, me escuchó con incredulidad. Inmediatamente negó que todo aquello hubiera ocurrido. Para empezar, explicó, él estaba decidido a condenar el golpe de estado contra Chávez desde el primer minuto.

–No es cierto que Monedero me convenciera. Monedero en aquel momento estaba menos cercano al chavismo de lo que estuvo después – explicó – A mí no hacía falta que me convenciera nadie de que un golpe de estado apoyado por EEUU tenía que ser condenado. Yo he hecho el máster en Cuba2, yo conozco lo que pasaba en Latinoamérica, la actitud de respeto a su soberanía es tradicional. No fue una idea de Monedero.

De hecho, prosiguió Llamazares, su decisión de condenar el golpe era bien conocida, e incluso celebrada, en el congreso español, antes de que la anunciara.

–Subiendo las escaleras del congreso, gente del grupo socialista, no voy a decir quién, me dio la mano, y me dijeron: tu crítica tiene que ser también compartida por el PP, y también nosotros tendríamos que ir con tu crítica. Había un amplio número de diputados que estaban muy descontentos.

En todo caso, fue en un momento desesperado cuando la voz de Llamazares llegó a oídos de Chávez. Pocos partidos de la izquierda internacional se pronunciaron a favor de su restitución como lo hizo IU, y las protestas de Llamazares llegaron justo cuando la dirección del viento cambiaba: los golpistas, incapaces de ponerse de acuerdo sobre la transición post-Chávez, y quien la iba a dirigir, soltaron al Presidente, que regresó a Miraflores y retomó el poder. En 48 horas, Chávez había pasado de estar políticamente muerto a haber logrado el aura de mártir de la democracia.

Condoleeza Rice, asesora de seguridad nacional del presidente estadounidense George W. Bush, declaró que su país esperaba que Chávez “aproveche la oportunidad para corregir su rumbo, que ha sido errado durante, francamente, bastante tiempo”. Chávez escuchó, y movió el timón aún más a la izquierda, purgando el ejército de elementos dudosos y llenando el país de asesores militares cubanos.

El presidente venezolano no se olvidó de sus amigos españoles. Varios altos funcionarios del chavismo me confirmaron que quedó impresionado por lo que se había percibido en Caracas como decisivo apoyo del desconocido profesor de Políticas, y pidió conocerlo; el propio Monedero me confirmó que tal fue el motivo por el que Chávez quiso verle en persona. Apenas un mes después del golpe, recibió en audiencia a Monedero, y le abrió las puertas del aparato propagandístico estatal: la televisión estatal venezolana le entrevistó por primera vez. Como me explicó Monedero, años después:

-Conocíamos el terrible historial de intervenciones americanas en América Latina (…) Un señor al que le daban un golpe los militares, la embajada americana, la cúpula de la jerarquía católica y los empresarios, merecía la pena prestarle atención.

Hecho el contacto, Monedero regresó a España. Chávez volvió a su vorágine. Es curioso comprobar que en una fecha tan temprana como 2002, con Chávez meramente tres años en el poder, Venezuela se había hecho irreconocible3. Luis Salamanca, un afamado politólogo venezolano, me comentó que estuvo en una reunión en Caracas con Viciano y Martínez Dalmau en la que un tercer profesor, no recuerda si Monedero, acusó a un grupo de intelectuales venezolanos de ser “fascistas” por haberse opuesto a Chávez.

–Yo les dije por favor que no se metiera en política venezolana, porque era una descortesía – recuerda Salamanca – Venezuela estaba totalmente polarizada.

1183 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados.

2Llamazares, médico de formación, completó un máster de Salud Pública en la Universidad de La Habana a comienzos de los años 1980.

3En España, José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) comenzó el primero de sus dos mandatos en 2004, y estuvo más de siete años en el poder, un periodo similar al que tuvo Mariano Rajoy del Partido Popular (PP). En ambos periodos presidenciales hubo cambios significativos en la legislación y condiciones del país (recordemos por ejemplo la aprobación del matrimonio homosexual o la Ley de Memoria Histórica y el nuevo Estatuto catalán, todo ello durante el primer mandato ZP) pero nada comparable a la aceleración que generó Chávez durante sus 13 años en el poder.

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