El Negocio de las Drogas es Progreso

(Actualizado el 8 de Septiembre de 2021)

Portugal ha tenido una reciente experiencia de tolerancia con las drogas. Sucesivos gobiernos portugueses han tomado medidas para despenalizar el consumo desde hace décadas, y los resultados están aquí; las drogas son malas, y su efecto negativo se centra desproporcionadamente en los hombres.

Un reciente estudio (de 2019) sobre todas las hospitalizaciones por trastornos mentales graves (“trastornos psicóticos” o TP) relacionados con el consumo de cannabis o marihuana (“porros”)  en hospitales públicos portugueses entre 2000 y 2015, con TP o esquizofrenia indica lo siguiente:

El número de hospitalizaciones con un diagnóstico primario de TP y esquizofrenia asociado con consumo de cannabis aumentó 29,4 veces durante el período de estudio, de 20 a 588 hospitalizaciones anuales (2000 y 2015, respectivamente) con un total de 3.233 hospitalizaciones y un costo promedio de episodios de €3.500. Los pacientes masculinos representaron el 89,8% de todos los episodios, y la edad media / mediana al alta fueron 30.66 / 29.00 años, respectivamente. De todas las hospitalizaciones con un diagnóstico primario de TP o esquizofrenia, las que tenían un diagnóstico secundario de consumo de cannabis aumentaron del 0,87% en 2000 al 10,60% en 2015.

Este estudio no está aislado. El año pasado, un libro del periodista Alex Berenson, “Tell your children”, causó bastante controversia simplemente al hacer públicos datos y estimaciones sobre los efectos dañinos del consumo de drogas presuntamente blandas en el mayor mercado de drogas del mundo, EEUU.

Entre lo que Berenson indica en su libro, hay múltiples datos sobre cómo el cannabis se ha asociado con reportes legítimos de comportamiento psicótico y violencia que datan al menos del siglo XIX, cuando un abogado punjabí en India señaló que entre 20 y 30 por ciento de los pacientes en hospitales mentales habían sido ingresados por trastornos relacionados con el cannabis. El abogado describió crímenes horribles, incluyendo al menos una decapitación, y atribuyó muchos más casos de enfermedades mentales al cannabis que al alcohol o al opio. 

El gobierno mexicano llegó a conclusiones similares, prohibiendo las ventas de cannabis en 1920, casi 20 años antes que Estados Unidos, después de años de recogida de informes sobre demencia inducida por el cannabis y delitos violentos. En las últimas dos décadas, estudios en todo el mundo han encontrado que el THC, el compuesto activo del cannabis, está fuertemente relacionado con la psicosis, la esquizofrenia y la violencia.

Berenson entrevistó a investigadores que han documentado silenciosa pero metódicamente los efectos del THC en las enfermedades mentales graves, y destacan el peligro de la droga en particular para personas con antecedentes familiares de enfermedades mentales y para adolescentes con cerebros en desarrollo.

Un estudio de 2002 en BMJ (anteriormente British Medical Journal) descubrió que las personas que usaban cannabis a los 15 años tenían cuatro veces más probabilidades de desarrollar esquizofrenia o un síndrome relacionado que aquellos que nunca lo habían tomado.

Incluso cuando los investigadores excluyeron a los niños que habían mostrado signos de psicosis a los 11 años, descubrieron que los usuarios adolescentes tenían un riesgo tres veces mayor de demostrar síntomas de esquizofrenia más adelante. Consideremos un informe de 2017 de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina: concluyó que el consumo de marihuana está fuertemente asociado con el desarrollo de psicosis y esquizofrenia.

Los investigadores también notaron que hay evidencias que relacionan el consumo de marihuana con el empeoramiento de los síntomas del trastorno bipolar y con un mayor riesgo de suicidio, depresión y trastornos de ansiedad social: “Cuanto mayor es el consumo, mayor es el riesgo”.

El consumo de marihuana ha aumentado en un 50 por ciento en EEUU durante la última década.  De 2006 a 2014, el año más reciente para el que hay datos disponibles, el número de ingresos por emergencias diagnosticados conjuntamente con psicosis y un trastorno por consumo de cannabis se triplicó, de 30,000 a 90,000.

Uno podría responder: tal vez la marihuana no causa enfermedad mental, ¿quizás la enfermedad mental impulsa la automedicación con marihuana? No, dice Berensen. Estudios longitudinales en Nueva Zelanda, Suecia y los Países Bajos que abarcan varias décadas identificaron una asociación entre el cannabis y las enfermedades mentales, incluso cuando se tienen en cuenta los signos previos de enfermedades mentales.

En Suecia, un investigador analizó una gran base de datos de aquellos que habían sido reclutados para el servicio militar. Después de ajustar los datos por factores como un historial familiar de enfermedad mental o síntomas existentes de esquizofrenia en el momento del reclutamiento, descubrió que el consumo de cannabis más de 10 veces en la adolescencia duplicaba el riesgo de desarrollar esquizofrenia.

El estudio sueco fue publicado en 1987. Un estudio más reciente postula una fuerte relación negativa entre el consumo de marihuana y la fertilidad femenina, vía daño permanente a los óvulos. Este estudio neozolandés postula que, literalmente, la marihuana te hace gilipollas: te puede costar ocho puntos de cociente de inteligencia. Este estudio de EEUU demuestra una relación entre el aumento de riesgo cardiovascular en jóvenes adultos y el consumo de marihuana.

Tengamos un dato clave en cuenta: la marihuana que se consume hoy es significativamente más potente que en el pasado. Algunas variantes se acercan bastante en contenido de THC al 50 por ciento. La marihuana que se consumía hace apenas 30 años tenía un nivel de THC de una décima parte o menos. 

En este estudio de 2018, un psiquiatra especialista en adicciones explica que, antes de la década de los 1990, la marihuana solía tener un contenido de menos del 2% de THC; en 2017, las versiones más populares de la marihuana tienen contenidos de THC de entre el 17% y el 28%. (*)

Aquí, por ejemplo, se puede ver un documental de Vice News en Alemania, con subtítulos en inglés, en el que un camello explica que:

  • -Esencialmente, vender marihuana es un negocio ya semi-legal en Alemania (donde en teoría sigue prohibida): sólo se persigue a los traficantes de drogas duras, y sólo se coge a “los bobos”, explica el camello.
  • -La marihuana que se vende viene cortada con potentes químicos para aumentar el efecto del chute, que incrementan todos los daños a la salud que he estado detallando. Si a los clientes intentas darles marihuana “natural”, la rechazan, porque no coloca tanto.

La postura del camello alemán es que habría que legalizar la venta de marihuana, para quitarla de las manos de las mafias violentas que ahora la controlan (“uno piensa que le compra marihuana al simpático hippy de la esquina, pero esto nunca funciona así” es otras de sus frases).(**)

Sin embargo, debemos entender los camellos no son gente cuyas recomendaciones legislativas estén muy fundamentadas: no nos explica qué ocurriría cuando la marihuana “natural”, legal, tuviera que competir en el mercado con la marihuana cortada, ilegal. Lo único que hace la legalización es subir el problema un nivel: ahora la marihuana sin cortar es legal, pero la cortada no; pero la gente la quiere cortada: en pocos años, la marihuana cortada es legal. Entonces, ¿por qué no la cocaína y heroína, con efectos no muy diferentes?

Visto lo anterior, uno esperaría que, si la marihuana produce trastornos mentales graves, también aumentaría la delincuencia violenta. No hay muchos datos fiables, ni siquiera en EEUU, pero Berenson analizó los datos de los cuatro estados que legalizaron la marihuana en 2014 y 2015 (Oregón, Washington, Alaska y Colorado), y calculó un aumento combinado del 35 por ciento en asesinatos en esos estados de 2013 a 2017, en comparación con un aumento del 20 por ciento a nivel nacional. Esto “no es una anomalía estadística”, escribe Berenson. “Es real”.

El aumento espectacular de sobredosis y muertes por drogas en EEUU, donde (aparte de la marihuana) el consumo de opiáceos ha sido muy favorecido por su venta legal en pastillas para beneficio de unas cuantas familias de “filántropos”, fue uno de los motivos que llevó a la elección en 2016 de Donald Trump, el único candidato que se atrevió a denunciar esta circunstancia…

En el Reino Unido, donde el debate es similar (la globalización es así), hay un tipo de que se molesta en mantener una página web en la que describe casos horrendos de suicidio y violencia psicótica relacionados con el uso de marihuana.

Entiendo que esto muchos medios no lo tocan ni con un palo. Hay mucha gente que ya es muy rica, o está preparándose para hacerse muy rica, con el negocio de las drogas legales, en EEUU y también en Europa. ¡Hasta en Thailandia! Hace muy poco, Bloomberg News publicó este reporte sobre fusiones y adquisiciones en el sector de la marihuana, centro de interés para muchos fondos estadounidenses.

En España, las grandes fortunas ya están posicionadas para forrarse con esto como se han forrado con todas las causas propugnadas por el progresismo oficial: un 91% de los abortos en España se hacen en clínicas privadas, con el dinero de tus impuestos porque están subvencionados por el estado, pringado votante; y un porcentaje similar de las eutanasias contribuirán al bolsillo de los de siempre. En la Barcelona gobernada por Ada Colau, el cultivo y tráfico de marihuana está tan extendido, ante las órdenes de que la policía haga la vista gorda, que Vice News sacó un vídeo llamándola “la ciudad en el centro del tráfico ilegal de cannabis en Europa”.

Yo estuve hace meses en una aceleradora de startups en donde el proyecto estrella — con el que no colaboré — planeaba dedicarse al cultivo y distribución medicinal de cannabis en España, como paso previo a su inevitable aprobación para uso general, y enriquecimiento generalizado de los muchos inversores que se han metido. Convencer amistosamente a los políticos, preferentemente con argumentos de peso y que quepan en un maletín, es el gran desafío de la gente que trabaja en esta startup.

Así las cosas, no extraña que el progresista gobierno de México haya promovido la legalización de la marihuana, y muchos partidos políticos europeos hayan decidido que drogarse, como tantas otras cosas promovidas por el gran capital, es progreso.

Circulan por Internet cosas como este cartel de los años 1930, que expone de forma perfectamente correcta y científica los peligros relacionados con el consumo de la marihuana, y se cachondean:

marihuana

*Del estudio citado (la traducción es mía): “La marihuana de antaño solía clasificarse como alucinógeno y se pensaba que no causaba adicción porque no se había identificado un síndrome de abstinencia. Esto ha cambiado y con el aumento de la potencia del THC hay un síndrome de abstinencia claramente reconocido que incluye aumento de la ira, irritabilidad, depresión, inquietud, dolor de cabeza, pérdida de apetito, insomnio y antojos intensos de marihuana. Se ha informado que el 9% de los que experimentan con la marihuana se volverán adictos; El 17% de los que comienzan a consumir marihuana en la adolescencia se volverán adictos; y entre el 25% y el 50% de los que consumen a diario se volverán adictos. Un estudio de 2015 realizado en el Reino Unido encontró que el consumo de cannabis de alta potencia se asocia con una mayor gravedad de la dependencia, especialmente en los jóvenes. La adicción es un problema con la parte de aprendizaje y memoria del cerebro y todas las drogas de abuso funcionan en la misma “vía de recompensa” donde aprendemos a hacer cualquier cosa, como comer y procrear. Todas las drogas de abuso provocan una liberación de dopamina del núcleo acumbens que significa prominencia e inicia el proceso de potenciación a largo plazo que refuerza el aprendizaje. Al mismo tiempo, el hipocampo, que es de vital importancia para la nueva memoria y el aprendizaje, se ve afectado negativamente por el uso crónico de cualquier sustancia adictiva. Estas sustancias disminuyen la neurogénesis en el hipocampo y de hecho provocan el encogimiento del hipocampo y deterioran la capacidad de aprender cosas nuevas. Esto es cierto para el alcohol, la cocaína, la metanfetamina, la heroína, la nicotina y el THC. Los estudios en animales han demostrado problemas de aprendizaje con todas estas sustancias, pero la buena noticia es que la recuperación es posible. Cuando se detiene el uso de drogas adictivas y se permite a los animales estar en un entorno de recuperación donde pueden hacer ejercicio (el ejercicio voluntario es algo que mejora la neurogénesis), pueden volver a aprender cosas nuevas. Los estudios en humanos han demostrado que el consumo prolongado (> 10 años) y abundante (> 5 porros por día) de cannabis en comparación con los controles que no lo consumen de la misma edad resultó en una reducción bilateral de los volúmenes del hipocampo y la amígdala (p = .001) y un rendimiento significativamente peor en medidas de aprendizaje verbal (p <.001). Existe evidencia de que la recuperación también es posible en humanos. En un estudio de 40 hombres y 34 mujeres consumidores de cannabis a largo plazo (@ 15 años) versus 37 no consumidores, los controles sanos dividieron a los consumidores de marihuana en tres grupos; los que fumaron predominantemente THC en los tres meses anteriores, los que fumaron una combinación de THC y CBD en los tres meses anteriores y los usos anteriores con una abstinencia sostenida de 29 meses. Encontraron que los consumidores de cannabis tenían volúmenes de hipocampo más pequeños en comparación con los controles, pero los usuarios no expuestos al CBD tuvieron volúmenes reducidos aún mayores (11%) (el CBD parece ser algo protector). En los antiguos usuarios, la integridad del hipocampo era comparable a la de los controles. El único problema con este estudio es que no probaron los déficits funcionales para ver si la función mejoraba junto con el volumen del hipocampo. Hay otros neurotransmisores importantes que son muy activos durante la adolescencia e incluyen los receptores de acetilcolina (ACH) y los receptores endocannabinérgicos (CB1). La ACH nos ayuda a enfocarnos y concentrarnos y la inervación de ACH de la corteza motora prefrontal alcanza niveles maduros durante la adolescencia.16 Estos receptores en el cerebro se denominan nicotínicos o nACHR para diferenciarlos de los receptores muscarínicos del cuerpo. Se les llama nicotínicos simplemente porque la nicotina se une a estos receptores, no porque se supone que usemos productos de tabaco. Estos receptores participan en la promoción o prevención de la muerte de las células neuronales según la etapa de desarrollo del cerebro. Poner una forma exógena de nicotina en el cerebro en desarrollo, como al consumir tabaco, puede desregular estos mecanismos de ajuste fino durante la adolescencia. Los receptores CB1 regulan el equilibrio entre la actividad neuronal excitadora e inhibidora utilizando nuestras propias anandamidas naturales. La exposición al cannabis durante la adolescencia altera el glutamato, que juega un papel importante en la poda sináptica de la corteza motora prefrontal; interrumpir el desarrollo normal del cerebro. Esta es la razón más probable por la que hay muchos estudios que demuestran el efecto negativo sobre la cognición y el coeficiente intelectual en personas que están expuestas a la marihuana desde el útero hasta la adolescencia. A pesar de esto, casi el 70% de los dispensarios en Denver, Colorado, recomiendan productos de cannabis para tratar las náuseas en el primer trimestre del embarazo. Se trata básicamente de compradores que practican la medicina sin licencia. un alucinógeno y se pensó que no causaba adicción porque no se identificó un síndrome de abstinencia. Esto ha cambiado y con el aumento de la potencia del THC hay un síndrome de abstinencia claramente reconocido que incluye aumento de la ira, irritabilidad, depresión, inquietud, dolor de cabeza, pérdida de apetito, insomnio y antojos intensos de marihuana.”

**Sé lo que estás pensando, lector, porque yo, como tú, he visto The Wire, y he oído y leído los mismos eslóganes sobre cómo la legalización de las drogas al menos acaba con la criminalidad en torno suyo. Pero ese experimento se ha hecho ya, varias veces, con cero éxito. Por ejemplo, durante los encierros del coronavirus en EEUU, durante los cuales las detenciones por tráfico de drogas, por motivos obvios, cayeron en picado, aunque los drogadictos siguieron chutándose. ¿Y qué ocurrió? Como muestra este estudio, lo que ocurrió fue que la tasa de homicidios subió un 34% interanual, porque los criminales no se convierten en buenos pagadores de impuestos sólo porque legalices su principal fuente de ingresos. Al final, es probable que la criminalización del tráfico de drogas esté detrás de la significativa caída en la criminalidad violenta desde la II Guerra Mundial, ya que muchos criminales acaban siendo encarcelados por pasar droga, antes de tener tiempo a matar a alguien para robarlo.

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