Finanzas Políticas: Subiendo el Salario Mínimo (o No)

(He lanzado una nueva newsletter, Finanzas Políticas, en la que voy a centrarme en la intersección entre dos de mis grandes pasiones. No olvides registrarte aquí si te gusta y quieres recibirla por email; algunas entradas serán gratis pero si quieres verlas todas habrá que hacer una suscripción de pago.)

He de reconocer (y esto a algunos liberales les fastidiará) que yo tiendo a estar más bien en favor de las subidas del salario mínimo. Quizá sea porque veo la cincuentena y sé que el mercado laboral para los cincuentones españoles es la muerte acompañada, si tienes suerte, de salario mínimo. En todo caso, me gustan las discusiones bien motivadas sobre los efectos positivos y negativos de subir los salarios mínimos; y esto a se le da muy bien a John Cochrane. Este economista estadounidense, en su blog Economista Malhumorado, escribe (las traducción son mías):

Una falacia casi universal es tratar a las personas de cualquier grupo como idénticas, tener un estereotipo en mente y aplicarlo a toda la categoría. Los defensores de los salarios mínimos a menudo pintan una imagen del único sostén de una familia que lucha valientemente por mantenerse con los bajos salarios. ¿No se merece más? Bueno, sí, todos merecemos más, pero ese atractivo emocional no hace que el salario mínimo sea una buena idea.

Hay que tener en cuenta que, en EEUU, el salario mínimo se establece por hora: está en $7,25, y la administración Biden está hablando (con moderado entusiasmo) de subirlo a $15.

El salario mínimo facilita que los empleadores se involucren en situaciones de discriminación racial, étnica, de género, de edad, de orientación y otras discriminaciones más sutiles pero legales. Ese fue, durante muchos años, su propósito. Los salarios mínimos estaban ahí para evitar que los negros que se trasladaban del sur a las ciudades del norte compitieran por los trabajos ocupados por los blancos. Incluso las causas de izquierda tienen un sórdido pasado racial.

De ello se deduce que el efecto principal de los salarios mínimos es alentar, no obligar, a los empleadores a ser más exigentes con las personas que contratan. Beneficia a unos pocos que ya son buenos trabajadores y pueden soportar un horario más duro, menos flexible, menos beneficios adicionales, etc. Les duele a los demás, muchos de los cuales pierden la segunda oportunidad, la vía de acceso al trabajo legal.

Los efectos disuasorios a la contratación provocados por el salario mínimo son también reales, continúa Cochrane:

Los salarios mínimos también afectan a algunos tipos de empleadores más que a otros. Los “trabajos” en McDonalds pueden aumentar. ¿Por qué? Porque el puesto de tacos en la calle, que paga menos que McDonalds, se hunde y McDonalds obtiene más negocio. Al igual que los trabajadores, la regla beneficia a las empresas que están un poco más arriba en la escala a expensas de las que están en la parte inferior. ¿A dónde van estos trabajadores y empresas? ¿Cómo viven? Muchos se dedican a operaciones y empleos ilegales, lo cual es desagradable en muchos sentidos.

Un detalle importante que destaca Cochrane es que las discusiones sobre el salario mínimo son muy de economista aficionado: es un tema que todo el mundo entiende (o del que todo el mundo cree que entiende), que en realidad oculta infinidad de circunstancias particulares.

Sin embargo, he de decirle a mis amigos del libre mercado que creo que nosotros también hacemos demasiado ruido con el salario mínimo. Hay cientos, si no miles de las distorsiones del mercado laboral a nivel federal, estatal y local. Todo el argumento sobre la diferencia entre “empleado” y “autónomo” incluye miles de páginas de regulación adjuntas. Las licencias ocupacionales, las compensaciones no dinerarias, el valor, las horas y los términos de servicio comparables, las altas tasas de impuestos sobre la nómina y la renta, el crecimiento absurdo de los departamentos de RR.HH. y cumplimiento, las leyes favorables a los sindicatos, etc., son, en mi opinión, distorsiones del mercado laboral mayores que el salario mínimo. El salario mínimo atrae la atención porque es muy simple una vez que entiendes algo de economía… pero eso no significa deberíamos elevarlo al tema principal de la economía laboral.

En esta completa entrada en Nada es Gratis, el mejor blog de economía de España, Javier Ferri hace un análisis exhaustivo sobre el tema, que tiende a llevar a conclusiones similares a las de Cochrane. Por ejemplo, Ferri escribe esto, resumiendo las conclusiones de un reciente estudio de Neumark y Shirley (2021) – NS en adelante – acabado de salir del horno:

NS rastrean en su análisis los resultados de todos los trabajos desde la aparición de la Nueva Investigación del Salario Mínimo que satisfacen ciertos criterios: (a) que no estén basados sólo en series temporales, pues la capacidad de identificación del efecto se considera inferior; (b) que estén publicados o vayan a publicarse en una revista científica; (c) que se centren en la economía de Estados Unidos; (d) que proporcionen alguna estimación del efecto sobre el empleo. En total incluyen 66 trabajos, aunque los autores también ofrecen la lista de los trabajos excluidos.

El estudio de NS no es un meta-análisis al uso. La principal diferencia es que en su disección de cada trabajo se quedan sólo con la estimación nuclear. Es muy frecuente que en un artículo de investigación se presenten los resultados intermedios, antes de ofrecer la estimación que los autores consideran la más importante. De hecho, Neumark y Shirley enviaron una carta a los autores de todos los trabajos revisados para preguntarles cuál era en su opinión la estimación central. Los resultados de este ejercicio se ofrecen en términos de distribución de frecuencias para el conjunto de estimaciones centrales.

Su principal conclusión es que la distribución de los efectos del salario mínimo sobre el empleo es absolutamente asimétrica, y claramente orientada hacia el signo negativo. Es decir, aumentos del salario mínimo reducen el empleo en la inmensa mayoría de los estudios.

Volviendo a España, este gráfico con los salarios brutos en España, cortesía de Bankinter, ayuda a poner las cosas en contexto; el salario mínimo en España es EUR12.600 al año:

Por otro lado, esta gráfica del post de Ferri, en la que coloca el salario mínimo como porcentaje del salario medio en España, es como para helar la sangre, francamente. Da del todo la impresión de que estamos repartiendo la pobreza en lugar de aumentar la riqueza:

Eso sí, el salario mínimo ha subido mucho más que la media europea en los últimos años y, al menos aquí y con las circunstancias particulares del mercado laboral español (que parecen ser mucho más dañinas que el nivel específico del salario mínimo), no está nada claro que haya ayudado a tener mejores cifras de paro.

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Wirecard: algo huele a podrido en Alemania

No sólo en Luxemburgo huele a podrido. Llama la atención que el escándalo Wirecard no haya llamado más la atención. Al fin y al cabo, en muchos países del mundo, cada vez que hay algún escándalo grave o embarazoso, siempre sale alguien que dice “esto no pasaría en un país serio” o “en un país serio rodarían cabezas por esto”, y estas personas que hacen tales comentarios siempre tienen en mente a Dinamarca, a Suecia, o Alemania.

Pues en Alemania ocurrió Wirecard. En resumen: una compañía dedicada al procesamiento de pagos y provisión de servicios fundada en 1999 fue declarada insolvente el año pasado. Su ex director general, dos miembros del consejo y otros ejecutivos afrontan serias acusaciones de fraude, y el director de operaciones – un gran consumidor de drogas que presumía de tener contactos con servicios de inteligencia – está desaparecido, fugado a quién sabe donde. Sus auditores ni se enteraron de nada (vaya novedad, ¿eh?) ni se responsabilizan de nada.

En junio de 2020, Wirecard anunció que faltaban 1.900 millones de euros en efectivo, que había asegurado que estaban en una cuenta en Filipinas, mientras todo el establishment alemán ponía cara de póker y les daba premios por aquí y por allá.

El pufo ha dejado un agujero de unos 3.200 millones de euros, y se está cobrando piezas importantes, como la del jefe del regulador bancario alemán, quien merece un lugar de deshonor en la historia de las finanzas: primero metió la cabeza en un hoyo durante años mientras el Financial Times escribía artículo tras artículo indicando serias dudas sobre el estado de las cuentas de la fintech más famosa de la mayor economía de la eurozona; luego apoyó una investigación criminal contra el periodista del FT que investigaba a Wirecard; y luego prohibió la venta en corto de las acciones de Wirecard para proteger a la empresa y que pudiera seguir defraudando a todo el mundo.

Una de las últimas novedades en torno a Wirecard es que Heike Pauls, un analista de Commerzbank, uno de los grandes bancos tradicionales alemanes, ha sido despedido por pasar información confidencial sobre inversores a Wirecard. Saboreemos lo que Handelsblatt cuenta sobre el amigo Pauls:

Heike Pauls de Frankfurt alcanzó notoriedad en el escándalo Wirecard. En un informe de enero de 2019, el analista de Commerzbank desestimó las noticias críticas del “Financial Times” como “Fake News” y acusó al periódico empresarial británico de manipulación del mercado. Recientemente se supo que Pauls también había informado a la gerencia de Wirecard sobre evaluaciones confidenciales de un inversor de gran importancia.

Con la salida de Pauls, la barrida continúa después del escándalo Wirecard. A fines de la semana pasada se supo que el jefe de la Autoridad de Supervisión Financiera de Bafin, Felix Hufeld, y su adjunta, Elisabeth Roegele, tendrían que dejar sus puestos.

Wirecard colapsó el verano pasado después de que se supiera que miles de millones en ventas y efectivo nunca existieron en realidad.

Las víctimas no solo incluyen a muchos inversores que habían invertido dinero en el entonces grupo Dax, sino también al empleador de Pauls. Commerzbank tuvo que amortizar alrededor de 175 millones de euros en 2020 debido a un préstamo fallido al grupo bávaro.

Inversores críticos y el “Financial Times” habían señalado inconsistencias en Wirecard varias veces en los años anteriores, pero no convencieron a las autoridades de supervisión financiera y muchos bancos.

Pauls era uno de los mayores “fans” de Wirecard entre los analistas. En su informe de “Fake News” del 31 de enero de 2019, recomendó la acción de Wirecard como “comprar” y nombró un precio objetivo de 230 euros. Estaba más del 50 por ciento por encima del valor de la acción en ese momento.

Incluso después de la presentación de un informe crítico de KPMG, en el que la empresa auditora señaló la falta de pruebas para el negocio de terceros de Wirecard, la analista de Commerzbank se mantuvo firme en su evaluación positiva. “Vemos una buena oportunidad de compra”, dice su último informe del 18 de mayo de 2020. También se mantuvo en el precio objetivo de 230 euros.

Sin embargo, según fuentes de círculos financieros, el factor decisivo para el final de Paul en Commerzbank fue el hecho de que pasó las evaluaciones de un inversor crítico al director financiero de Wirecard, Burkhard Ley, y a la jefa de relaciones con inversores, Iris Stöckl. La empresa tuvo así la oportunidad de desarrollar una estrategia de comunicación para contrarrestar las acusaciones.

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El voto poligonero catalán

El excelente Kiko Llaneras tiene un detallado estudio sobre los votantes catalanes en El País. Las conclusiones son claras: los catalanes con cuatro abuelos catalanes votan muy mayoritariamente por el separatismo, y la propensión a votar en contra es mayor contra más charnego es uno (yo mismo soy hijo de charnego barcelonés, conste, y crecí en aquella ciudad junto al Mediterráneo). En cuanto a niveles de renta, muchos se van a llevar sorpresas viendo este gráfico:

El voto de las rentas más bajas se decanta por Vox (número uno entre tales rentas) o el tradicional PSC. Ojo a la CUP y Podemos, con muy poca penetración en ese segmento. El PdeCat, cuyo mayor logro al quedar fuera del parlamento fue quitarle la victoria electoral a Junts, el chiringuito de Puigdemont, recibió casi la mitad de sus votos de los barrios de rentas altas, lo que indica su escasa penetración en las zonas rurales donde el prófugo es el ídolo del payés de cuatro apellidos catalanes.

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