Finanzas Políticas: El Futuro No Negro del Petróleo

(He lanzado una nueva newsletter, Finanzas Políticas, en la que voy a centrarme en la intersección entre dos de mis grandes pasiones. No olvides registrarte aquí si te gusta y quieres recibirla por email; algunas entradas serán gratis pero si quieres verlas todas habrá que hacer una suscripción de pago.)

Como muchas otras compañías españolas, Repsol tuvo un año 2020 muy complicado: la acción bajó un 42%, a medida que el colapso en el transporte y consumo de derivados del petróleo llevaba a una caída espectacular de los precios del crudo, cuyos futuros llegaron a estar brevemente en terreno negativo: es decir, te pagaban por quedarte barriles de petróleo (al menos en teoría) en un momento en el que nadie los necesitaba, lo que no es tan loco si uno tiene en cuenta el coste de almacenamiento y transporte.

Entre abril y junio, hubo muchos artículos educativos sobre pobres inversores minoristas que intentaban comprar futuros a precios de risa y los veían caer a niveles negativos. Mi recomendación es no meterse a adquirir futuros a menos que uno sea un profesional financiero que sabe muy bien lo que hace; pero igualmente es importante tener una idea de por dónde va ir el precio del petróleo, porque afecta a muchos precios de activos: no sólo los de Repsol y todas las demás petroleras sino, por ejemplo, los de las aerolíneas, muy dependientes de las fluctuaciones en los precios del crudo (te estoy mirando, IAG por debajo de dos euros por acción).

Lo que vimos en la segunda mitad del año pasado es que, eventualmente, el precio del petróleo se levantó de entre los muertos, y tiene pinta de ir algo más para arriba. Los futuros del barril Brent a entrega de un año, que llegaron a estar a menos de EUR20, acabaron el año en el no despreciable nivel de EUR51,80, y estaban por encima de EUR55 en el momento de enviar esta newsletter a publicación.

Esto se debe a varios factores, incluyendo una recuperación de la demanda a medida que se anticipa el fin de los encierros por COVID-19, debido a la vacunación masiva en los países importadores (y alguno de los exportadores), y a una reducción de la oferta. El acuerdo saudí-ruso del año pasado para bajar la producción ha funcionado, más o menos.

Mis ex-colegas de Bloomberg tienen esta excelente gráfica que muestra la evolución reciente de la producción saudí, que llegó a 12 millones de barriles por día (para que tengamos contexto: la máxima producción de Repsol, con YPF de Argentina, llegó a dos millones de b/d), y la previsión de continuadas bajadas este año, antes de recuperarse en el segundo semestre (es la línea en blanco):

El cambio de administración en EEUU también tendrá un efecto positivo sobre los precios del petróleo (es decir, los hará subir, en general). Todas las administraciones del Partido Demócrata están menos predispuestas a subvencionar el fracking, la controvertida técnica de extracción de hidrocarburos que ha disparado la producción estadounidense, sin llegar a ser del todo rentable.

Hay que tener en cuenta que, a pesar de su afición por la retórica progresista, la administración de Joe Biden es de tendencia conservadora, y se dejará querer por las grandes petroleras, que lleva décadas siendo un gran contribuyente de muchas campañas electorales de muchos políticos, y no por los frackers de los estados republicanos del interior. De hecho, un poco de cariño a las grandes petroleras puede hacer que dejen de ser el último reducto del mundo corporativo que dona más a los republicanos que los a demócratas.

En ausencia de subvenciones, habrá inversores que aprovechen el aumento del precio del barril para incrementar su producción vía fracking (que es muy cara, y necesita precios mínimos del crudo por encima de EUR50 por barril, en líneas generales), pero no tantos como sería el caso si Donald Trump hubiera seguido de presidente: así que la elástica producción estadounidense seguirá siendo un límite para los precios del crudo, pero a una menor escala.

Hay otra consideración importante aquí: como se ven en el gráfico de abajo, la importación estadounidense de crudo de Arabia Saudí ha descendido a medida que subía la producción local vía fracking, con lo que la presión política para contener la subida de precios de la gasolina será menor. Habrá menos llamadas escandalizadas a dejar de pasarle honrado dinero estadounidense al tirano saudí.

El futuro negro de la banca

Fui director de comunicaciones de Banco Santander en 2018-2019, así que mantengo muchos amigos en el sector de la banca, que empleó también a mi padre y mi esposa durante la mayoría de su carrera laboral. Créanme que lo digo con pena, y sin ninguna satisfacción: el futuro de la banca es bastante negro.

Hay tantos escándalos que han afectado a la banca internacional desde 2008, que es difícil resumirlos en pocas palabras: para entendernos, hablamos de manipulaciones de tasas de interés (Libor), lavado de capitales para narcotraficantes, asistencia para vulnerar sanciones y conducir transferencias millonarias bajo el radar, estafas del IVA… Hablar sobre las implicaciones de todo esto me tendrá entretenido muchas newsletters. Baste decir que la banca no tiene buena fama, y los políticos de todo el mundo tienen pocos incentivos para favorecerla, más allá de los puramente monetarios.

Luego están los problemas básicos, fundamentales, inescapables de la banca. En España, sigue extremadamente estresada, con ratios de capital entre los más bajos de Europa, y necesita resultados muy buenos para mejorarlos. Pero el entorno competitivo es pésimo. Muchas startups (y las compañías big tech) se están lanzando como locos a quedarse con el negocio más rentable de la banca, el de pagos, que se puede llevar a cabo con muy pocos recursos: en este artículo, Expansión explica como el sistema español de pagos Bizum precisa sólo de siete empleados.

Mientras, Revolut, quizá las más peligrosa de todas las startups fintechs amenazando el predominio de la banca tradicional, ha solicitado una licencia bancaria en el Reino Unido, el mayor mercado bancario de Europa. ¿Y qué más podría salir mal? La nueva administración estadounidense.

Todos los planes para el sector bancario de la administración Biden – incluyendo nuevos impuestos a las transacciones, reformas del sistema de bancarrotas y mayor protección para los usuarios de la banca – son, según las estimaciones de los analistas de JP Morgan, negativos para la banca europea; con una sola excepción: los planes algo nebulosos de rebajar el nivel de las peleas comerciales que lanzó la administración Trump.

Es por ello que el repunte de las acciones de la gran banca europea ha dejado a mucha gente sorprendida. No da la impresión de que pueda durar mucho más.

Compra las acciones correctas

Hace unos días, Elon Musk tuiteó que la gente debería usar el app de mensajería Signal, en lugar de ese engendro espía de Facebook que todos usamos, WhatsApp. La respuesta de un montón de gente fue comprar acciones de Signal Advance, una compañía que no tiene nada que ver con el app, y cuya acción (con el ticker SIGL) subió un 5.000% desde que una banda de pirados asaltó el Congreso estadounidense.

Oigan, esto ya ocurrió el año pasado cuando, con todo el mundo encerrado, la gente se puso comprar acciones de Zoom, pero no de la auténtica Zoom (ticker ZM) con excelentes resultados que hace el mejor programa de comunicación por vídeo, sino de otra Zoom (ticker ZOOM entonces, ahora ZTNO) que también triplicó el precio de su acción por pura casualidad.

About David Roman

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