Cómo los Monárquicos Abandonan a la Monarquía

Leí “Acoso y Derribo de Alfonso XIII” (1996), un excelente estudio sobre la transición hacia la Segunda República Española, en 2014, un momento álgido de críticas a las monarquía española que eventualmente llevó a la abdicación del ahora Rey Emérito, Juan Carlos I, en su hijo Felipe VI.

En 2020, los pecados de Juan Carlos I han vuelto a erosionar la imagen de la monarquía española, así que es bueno recordar que el libro de Ricardo de la Cierva contiene páginas que explican muy claramente que la clave del fin de la monarquía de Alfonso XIII no fueron los republicanos, que siempre le habían odiado, sino los monárquicos. El momento en que los monárquicos empezaron a buscar un Plan B fue el momento en que se abrió el camino a la Segunda República:

delacierva

De la Cierva fue un gran estudioso de las monarquías españolas, con ojo crítico paa encontrar anécdotas y detalles clave que a otros historiadores se le escapan.

Por ejemplo, en el libro citado usa el caso del ex Presidente del Gobierno José Sanchez Guerra, el típico conservador de entreguerras, para ejemplificar la lenta erosión del apoyo a la monarquía. Este Sánchez Guerra era un tipo vehemente: en 1923, enfrentado al general Aguilera, de propósitos dictatoriales, le atizó una bofetada en el senado cuando Aguilera entró en lo que De la Cierva llamó una “discusión personal absurda sobre la diferencia de epidermis entre los militares y los civiles”.

En 1930, el mismo Sánchez Guerra hirió de gravedad a la monarquía en un famoso discurso en el que se preguntó por qué no podía haber república en España “si las formas republicanas han podido triunfar en China, Rusia, Alemania y Austria,” mostrando una ignorancia tan agresiva que uno no puede más que quitarse el sombrero: hay que tener mucha confianza en uno mismo para calificar estas repúblicas, bajo agresión y ocupación extranjera, genocidio dictatorial y al borde del colapso pre-nazi (esto fue después de la crisis del 1929, téngase en cuenta), de triunfos. En 2020, ya he visto comentarios por un estilo, aunque sin llegar a este nivel sublime.

En su biografía de Alfonso XII (1994), el padre de Alfonso XIII, De la Cierva narra las peripecias del Duque de Sesto, popular alcalde Madrid y quizás el mayor monárquico que haya tenido el país: mantuvo financieramente a la familia real en el exilio, endeudándose hasta el punto que perdió su fabuloso palacio en el Paseo de la Castellana, en cuyo solar fue construida la inmensa sede del Banco de España.

El duque tuvo un papel importante es otro iluminador momento de la monarquía. En 1883, invitó al ministro liberal de justicia, Romero Girón, a una cacería en el soto de Algete a orillas del Río Jarama, que derivó en una escena lamentable, cuando el ministro fue humillado por amigos del rey Alfonso XII.

Romero fue manteado al estilo de Goya y los amigos del rey después se mearon encima de él,en presencia del Rey; “el bochorno del ministro se transformó en odio de sus correligionarios contra la aristocracia,” escribe De La Cierva, quien la biografía del Rey de Pedro de Répide, quien a su vez cita los diarios de Francisco Silvela.

El duque de Sesto murió olvidado y peleado con la viuda de Alfonso XII, pero la monarquía le dio su nombre a una calle al este del Retiro, así que algo es algo.

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