El Cuento del Juez de las SS en Buchenwald

Pongamos que hay un juez. Un juez alemán, que se convierte en miembro de las Waffen-SS al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y empieza a investigar el estado de los campos de concentración.

Sé que esto suena raro, pero sigamos con el cuento: al fin y al cabo la ficción te permite libertades que el periodismo no autoriza.

Así que tenemos a este juez. Este hombre va por aquí y por allá, revisando diferentes campos de concentración. Tengamos en cuenta que al principio de la guerra, hasta la conferencia de Wannsee en 1942 y diversos hechos sucedidos ese año, la Solución Final no está en marcha.

Aún así, muchos judíos polacos, soviéticos y de otros países han sido asesinados al principio de la guerra, la mayor parte en grandes redadas en el Este, justo al otro lado de la nueva frontera alemana que separa los territorios anexionados a Polonia en 1939 y el Gobierno General de Polonia bajo el control de Hans Frank y, más allá, los nuevos territorios tomados a los soviéticos en Bielorrusia, Ucrania y demás.

Nuestro juez de las SS tiene jurisdicción sobre el territorio del Reich y sobre el Gobierno General y otras regiones bajo mando militar. Entre los lugares que visita, antes y después de 1942, está el campo construido en las afueras de Oswiecim, por ejemplo, llamado “Auschwitz” por los alemanes, situado unos kilómetros más allá de la nueva frontera alemana.

El juez enfoca su atención sobre un campo de concentración muy famoso en años siguientes: Buchenwald. Este campo estará en los labios y las memorias de muchos en parte por los famosos presos que sobrevivieron a su estancia allí, incluyendo el escritor español y futuro Ministro de Cultura Jorge Semprún, y porque fue liberado por tropas británicas y estadounidenses. Como escribí hace unos meses:

Buchenwald no era uno de los peores campos. Gran parte de los presos eran políticos o de guerra. Un 76% de los que pasaron por el campo sobrevivieron, incluyendo no sólo Semprún sino famosos de la época como Leon Blum, ex primer ministro de Francia, y futuras luminarias como los Premios Nobel de Literatura Elie Wiesel e Imre Kertesz.

Uno que no sobrevivió Buchenwald fue Misha Defonseca, autor de unas memorias sobre su paso por el campo que resultaron ser ficticias, puesto que nunca había estado allí; fue condenado en 2014 a pagar 22 millones de dólares a su editor. Es curioso que el libro llegara a ser imprimido: la versión de Defonseca era que una manada de lobos salvajes le ayudó a sobrevivir tras su escape.

Nuestro juez se establece durante meses en Buchenwald. De hecho, cuando sea interrogado en la post-guerra, declarará que su impresión sobre el campo en general era positiva, y el trato y alimentación ofrecida a los internos era correcto: por ejemplo, explicará el juez, Buchenwald tenía un prostíbulo para uso de los presos. Como lo oyen. Eso es lo que dijo el juez.

Nuestro juez no es del todo tonto. También declarará que descubrió muchas cosas sospechosas. En otros campos, desvela una serie de asesinatos extrajudiciales sobre los que abrió una investigación que acabó con sentencias judiciales contra los perpetradores, personal de las SS bajo su jurisdicción, algunos de los cuales fueron fusilados. En Lublin, en particular, encuentra en 1943 un retorcido sistema con el que presos judíos son asesinados cuando se les reúne con la excusa de organizar bodas.

En el mismo Buchenwald, a pesar de lo positivo, el juez descubrirá que Otto Koch, jefe del campo durante una temporada, había cometido apropiación indebida de fondos y abusado de su cargo para asesinar a presos sin motivo, en particular a presos judíos. Después de ser juzgado, Koch acabará ejecutado por pelotón de fusilamiento, una semana antes de que las tropas estadounidenses lleguen a Buchenwald.

Supongo que el lector ya habrá adivinado que esta historia no es un cuento, estrictamente hablando. Es el testimonio del juez Konrad Morgendurante el juicio de Nuremberg. En total, las investigaciones de Morgen llevaron a la ejecución duante la guerra de dos comandantes de campos de concentración, Koch y Kriminalkommissar Wirth de Lublin.

Morgen fue exonerado de cualquier crimen y autorizado a continuar como juez alemán en la posguerra.

 

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