El Caso Hipatia, o el Caso Amenábar

Si quieres saber quién tiene el poder en una sociedad, busca a quien no puedas atacar; a los que pueden enviarte a la cárcel, destruir tu carrera si les señalas. Si quieres saber quiénes son los auténticos apestados, los enemigos de la ideología dominante, busca a las personas y las entidades contra las que puedes hacer la película más cara de la historia del cine español (50 millones de euros de presupuesto) con subvenciones del estado.

Les presento Agora, dirigida por Alejandro Amenábar. A pesar de ganar siete Goyas, los premios del cine español, y tener una factura impecable, un gran elenco de actores y una dirección competente, no fue un gran éxito ni de crítica ni de público. Cuando uno la intenta ver, le entra la misma pereza que viendo The Crucible de Arthur Miller: es demasiado obvio que te están predicando.

La película cuenta la ejemplar historia de Hipatia: brillante científica en la época terminal del imperio romano, en la película aparece como previsible víctima de la furia anti-ilustración de las masas cristianas, jaleadas por el obispo Cirilo de Alejandría, que acaban destruyendo la biblioteca de aquella ciudad.

En la realidad… Bueno, la realidad es complicada, hay muy pocas fuentes y éstas se contradicen. Lo que es seguro es que Agora es una mera pieza de propaganda anti-cristiana, llena de mentiras de principio a fin, no sólo a grandes rasgos sino incluso en lo referente a pequeños detalles (véase la página de Wikipedia, por ejemplo, sobre los inventos que se atribuyen falsamente a Hipatia o este largo ensayo en inglés sobre el tema).

La situación política en Alejandría en aquel momento incluía facciones enfrentadas, y enfrentamientos sectarios entre judíos y cristianos. Creo que esta página católica explica muy bien el estado de la historiografía sobre Hipatia y lo que está tan claro como el agua es que Hipatia no fue asesinada por bruja, la motivación que nos da Amenábar (la traducción es mía):

La muerte de Hipatia fue política. En 415, la ciudad de Alejandría estaba en tumulto debido a una disputa entre Orestes, el gobernador romano, y San Cirilo de Alejandría, el obispo de la ciudad. Orestes codiciaba el creciente poder del obispo cristiano y buscaba socavar la autoridad de San Cirilo al instigar a la considerable población judía de la ciudad a la violencia contra los cristianos. Después de una violenta matanza nocturna de cristianos a manos judías, Cirilo contraatacó asegurando el exilio de muchos de los judíos de Alejandría, muchos de ellos ricos patronos del gobernador. Orestes intentó emplear a la notable filósofa pagana Hipatia para tratar de negociar la paz con San Cirilo. Hipatia no era enemiga del cristianismo; por el contrario, era respetada por los círculos intelectuales cristianos de la época. Mantuvo correspondencia con el obispo Sileno de Cirene, con quien discutió las teorías científicas, y fue muy respetada por el historiador de la Iglesia Sócrates Escolástico. La población cristiana local, sin embargo, sospechaba de su intervención porque era pagana y Orestes había demostrado ser indigno de su confianza en el pasado. Temiendo que se planeara otra emboscada, como había ocurrido a manos de los judíos, aprehendieron a Hipatia y la mataron. El historiador Sócrates Escolástico, que fue contemporáneo de los acontecimientos, afirmó que la causa de su muerte fue política, que fue “víctima de los celos políticos que prevalecían en ese momento”. En cualquier caso, no fue asesinada por ser científica, y mucho menos por ser mujer. Otras personas habían sido asesinadas de forma similar en el mismo conflicto por razones similares, sin ser ni científicos ni mujeres.

Curiosamente, casi todo lo que he escrito sobre Agora podría aplicarse a “Teresa: el cuerpo de Cristo”, una película estrenada dos años antes bajo muy similares supuestos y con similares resultados.

Hay, por supuesto, muchos más casos de desvarío artístico cuando el objetivo es atacar a cristianos. Sólo por citar películas españolas recientes: en el reciente remake de “Los últimos de Filipinas”, sale un fraile drogadicto que no existió; en “22 ángeles”, la guionista Alicia Luna se inventa una trama ultra-capitalista, clerical y pre-fascista que trata de sabotear la expedición que lleva la vacuna de la viruela a América; y en “Altamira” aparecen unos imaginarios curas cerriles mosqueados por el descubrimiento de la cueva, mientras que sí hubo una campaña de varios laicistas que consideraron un fraude las pinturas, descubiertas por el devoto Marcelino Sanz de Sautuola.

Una cosa más: la destrucción de la biblioteca de Alejandría (“Mouseion” en griego) por los cristianos que aparece en la película no ocurrió en absoluto, como explica el antes citado blog de historia en inglés (la traducción es mía):

Fue el calamitoso siglo III, con su sucesión de desastres militares en Alejandría, el que parece haber visto el final del Mouseion. En 215 dC, Caracalla castigó a Alejandría por burlarse de él con una masacre total de sus jóvenes, después de lo cual sus tropas saquearon partes de la ciudad. No se sabe si el Mouseion fue afectado, pero Juan Malas registra que Caracalla frenó su financiación en este momento. El final real probablemente llegó en 272 DC cuando Aureliano asaltó el Broucheion y Amiano reseñó que “las paredes de [Alejandría] fueron destruidas y se perdió la mayor parte del distrito llamado Bruchion”. (Amiano, Historia, XII.15). Si ese saqueo no significó el golpe mortal para la institución, Diocleciano probablemente terminó el trabajo cuando él también saqueó la ciudad en 295 dC, que luego fue devastada por un gran terremoto en el 365 dC. La única mención de Mouseion después de esto se encuentra en una fuente tardía, la enciclopedia bizantina del siglo X llamada Suda, que describe al filósofo del siglo IV Teón (padre de Hipatia) como “el hombre de Mouseion”, aunque es difícil decir exactamente lo que esto significa. Dado que el Mouseion probablemente ya era parte del pasado en la era de Teón, podría ser que se hubiera establecido algún otro sucesor “Mouseion” y que Teón estudiara allí o podría ser que “el hombre del Mouseion” es un homenaje o incluso un apodo personal. – que significa “un erudito como de los viejos tiempos”. El Mouseion y su biblioteca eran casi seguramente un recuerdo a fines del siglo III, destruido en una serie de calamidades después de un largo período de declive. Pero lo que falta en toda esta evidencia es cualquier referencia a una mafia cristiana pirómana. Si la Gran Biblioteca dejó de existir en el siglo anterior a que la cristianidad llegara al poder en el Imperio, ¿cómo se les pegó a los cristianos la acusación de destruirla?

 

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