Por Qué Se Desprecia La Historia de España

Esta cuestión me ha llamado la atención desde hace tiempo. No hay nada malo, parece ser, en sentirse orgulloso de la historia del país de uno, de los errores y aciertos de tus antepasados, cuando uno proviene de un país con una historia poco lustrosa o irrelevante para el resto de la humanidad: pensemos en Bhután, Indonesia, Tayikistán, Albania. No creo que nadie crea que sentirse orgulloso de ser albanés sea un defecto moral.

Lo contrario ocurre en muchos de los países con más influencia en la historia mundial. Un caso obvio es España: su idioma oficial, el español, es hablado de forma nativa por casi un 10% de la humanidad, en 21 países. Esto en sí no es un mérito, pero es obviamente resultado del tremendo impacto de España en la historia de Europa y América y, en menor grado, la de Asia y Africa.

Con todo, cuando uno vive en España y lee noticias y comentarios en los medios españoles, y libros de eruditos y pensadores españoles, frecuentemente se lleva la impresión de que la historia de España es, como poco, despreciable: una serie miserable de crímenes y locuras llevadas a cabo por idiotas y analfabetos.

España es un país que existe, en fronteras muy similares a las actuales, desde el siglo V después de Cristo: hay muy pocos que puedan compararse en cuanto a longevidad. Tal vez sólo China pueda ser considerado un estado más longevo aunque, si se aplican las objeciones, asteriscos y carraspeos habituales, tampoco la China actual — que habla un idioma que desciende directamente del chino antiguo y reconoce su marco histórico y legal como aquél: igual que España — sería una continuación de la China de, digamos, los Tang, que tenía fronteras MUY distintas de las actuales.

A mucha gente, cuando uno le habla de El Cid, probablemente, el caballero de más fama de toda la Edad Media europea, o de las gestas de Juan Sebastián Elcano o El Gran Capitán, le entra la risa floja. Piensan en caspa, ese término publicitario que parece querer decir: todo lo que español es basura. Creen que esa lógica simiesca España = Mierda, propia de pre-escolar, les convierte en cosmopolitas sofisticados.

mapa europa regina

Ha llegado el momento de explicarles a estos cosmopolitas monolingües que el motivo por el que la ideología dominante les lleva a atacar el legado e historia de España es precisamente que España es uno de los países más importantes de la historia. Porque si España fuera Bhután, Indonesia, Tayikistán o Albania, nadie atacaría al nacionalismo español. Nadie tiene nada contra el nacionalismo bhutanés, cosmopaletos, porque el nacionalismo bhutanés es inofensivo. Es un nada que se puede quitar de enmedio cuando sea preciso.

He escrito una larga serie de artículos sobre los sueños imperiales del globalismo (aquí, en inglés, el idioma global en el que el 99% de los globalistas españoles son incapaces de expresarse sin sonar como una parodia de sí mismos). Traduzco una parte:

Nací en 1973, cuando España estaba gobernada por un generalísimo fascista, y crecí viendo al país unirse a la OTAN, la Unión Europea, la eurozona y ceder enormes cantidades de poder a instituciones sobre las que prácticamente no tiene control, incluyendo el Parlamento Europeo y la Comisión, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, pero también varios organismos de las Naciones Unidas que establecen todo tipo de normas, desde pautas de sentencia hasta directrices sobre la aplicación de leyes fronterizas y la concesión de ciudadanía.

He visto a los Estados Unidos pasar de una República hiperpoderosa a algo parecido a un Imperio, o algo al borde de ser un Imperio, con compulsiones imperiales y sueños imperiales de grandeza. Con una élite global convencida de que Nueva York y Washington D.C. son lugares perfectamente agradables para gobernar el mundo (…)

De hecho, después de haber pasado gran parte de mi vida rodeado de personas que desean ver y trabajar para lograr un mundo pacífico bajo un gobierno centralizado e ilustrado, tal vez basado en el modelo de las Naciones Unidas o la Unión Europea, siempre he estado intrigado por las consecuencias de tal objetivo.

En mi opinión, hay pocas dudas de que este ideal se logrará, tal vez no mientras yo viva, pero seguramente durante la vida de mis hijos. Quizás sobre la base de una confederación más amplia entre los EE. UU. y la Unión Europea, bajo los auspicios de la ONU, a la que otros países eventualmente se unan.

Detrás del ruido y la furia de la política occidental, y en Asia y América Latina en menor medida, lo que ves es una polarización creciente a lo largo de este eje: en los Estados Unidos como en, por ejemplo, Dinamarca, existen facciones “globalistas” y facciones “nacionalistas”. Puede que estos no sean bloques monolíticos, pero cualquier globalista tiene mucho más en común con cualquier otro globalista que con cualquier nacionalista de cualquier tipo, y lo contrario también es cierto.

Ya que los globalistas saben perfectamente, como expresan publicamente en todo momento, que sus mayores enemigos son los nacionalismos, es lógica conclusión que sus mayores enemigos sean los nacionalismos más exitosos y con mayor legado histórico: desde su punto de vista, los peores de todos, los que han de ser neutralizados y aplastados antes de que se pueda seguir avanzando.

El nacionalismo vasco y catalán, obviamente, no entran en esa categoría. Por si a alguien le surgió la pregunta.

 

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