Ave Atque Vale: Rubalcaba, Listo Entre los Tontos

Alfredo Pérez Rubalcaba, quien falleció el viernes, fue uno de los políticos más inteligentes que he conocido. Pero llama la atención que su momento de mayor brillo político fuera como miembro de uno de los gabinetes más ineptos que jamás ha conocido España.

Cuando llegó al gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, mis expectativas como cronista (yo entonces era corresponsal de Dow Jones/Wall Street Journal en Madrid) eran bajas, y ZP las cumplió. Su primer mandato fue dominado por la burbuja inmobiliaria que el propio ZP había denunciado durante la campaña electoral de 2004. No solamente ZP no hizo nada para controlarla, lo mejor de todo fue que las supuestas luminarias de su gobierno (Pedro Solbes, David Vegara, Miguel Sebastián) insistieron en que NO SE PODÍA HACER NADA para desinflarla.

Su argumento, repetido hasta la náusea, fue que lo único que quedaba era quejarse a Alemania de que los tipos bajos que el Banco Central Europeo había establecido creaban preocupantes presiones sobre las economías más boyantes de la eurozona, como España.

Este argumento, por supuesto, es una mezcla de mentira y falta de conocimiento: cualquier gobierno tiene infinitas medidas para controlar una burbuja inmobiliaria, indirectas (aumento de la fiscalidad, eliminación de las deducciones por compra y/o alquiler de vivienda) o directas (subida del impuesto de transmisiones patrimoniales, aumento de los costes de registro de transmisiones, etc).

Años después, reportando desde Singapur en 2016-17, me tocó escribir largo y tendido, precisamente, sobre cómo el gobierno local usó exactamente esos mecanismos para matar completamente una burbuja inmobiliaria en la ciudad-estado más rica del mundo, un lugar donde apenas hay espacio para construir viviendas, con tipos de interés prácticamente a cero.

La diferencia entre lo que hizo el gobierno de Singapur entonces y lo que no hizo el gobierno de ZP en 2004-08 es que el partido en el gobierno singapureño tiene un margen de victoria tan clara sobre la oposición que no le importó perder trecho en las encuestas, a medida que el desinfle de la burbuja local llevaba a la bancarrota de empresas inmobiliarias locales y una caída en el crecimiento económico. ZP estaba desesperado por ganar las elecciones de 2008, lo que hizo por muy estrecho margen, así que no tenía incentivo ninguno para desinflar nada, en nombre de la prosperidad española, y quedarse fuera de La Moncloa.

Bienvenidos a la democracia, españolitos.

La historia de lo que pasó económicamente en España es bien conocida. Respecto a Rubalcaba, lo interesante de todo esto es que él ganó prominencia en el gabinete de ZP justamente cuando las ratas empezaban a abandonar el barco, en el temible año de 2008.

ZP había ganado las elecciones de 2004 por sorpresa, después de los ataques terroristas del 11-M y la torpe reacción del gobierno de José María Aznar. El sábado de reflexión, 13 de marzo, con las sedes del PP rodeadas de manifestantes convocadas por los partidos de izquierdas, Rubalcaba — quien nunca fue un político mitinero ni carismático — tuvo su gran momento electoral cuando, en una rueda de prensa organizada deprisa y corriendo, sentenció que “los españoles se merecen un gobierno que no les mienta.”

Un gobierno que no mienta a sus ciudadanos es quizá la mayor utopía de la historia. Que esas palabras las pronunciara justamente un hombre que ya entonces era conocido por su duplicidad y habilidad en los manejos a escondidas, en favor de su candidato — ZP — bien conocido por hacer una cosa y decir otra entonces y después… Todo ello son sólo ejemplos de cómo funciona el jueguito de la política.

Fijémonos en el propio Rubalcaba: nacido en 1951, como mi madre, tenía 53 años en el momento de pronunciar aquellas palabras. Miembro del Partido Socialista Obrero Español, el partido teóricamente de los perdedores de la Guerra Civil, era un chaval de familia adinerada del Barrio de Salamanca que, como muchos otros cachorros del PSOE, había estudiado en el más exclusivo colegio de Madrid, el famoso Colegio del Pilar. Se ve que la derrota, en la familia Rubalcaba, había sido muy dulce.

Muchos adolescentes se interesan por la política, pero no Rubalcaba. Siempre inteligente, tanteó mucho el terreno y sólo se metió en el PSOE en 1974 (para entonces, mi madre ya estaba casada y con un hijo: yo), cuando estaba claro que Francisco Franco no duraría mucho y que el franquismo moriría con el dictador.

Doctor en Química, Rubalcaba medró en los gobiernos de Felipe González, donde ascendió hasta ministro de la Presidencia y Portavoz del Gobierno. El trabajo de este hombre famoso por pontificar contra los males de la mentira fue, durante años, mentir descaradamente: es decir, negar la implicación del gabinete y sus miembros en todo tipo de escándalos, desde el GAL hasta los casos de corrupción que se llevaron por delante a múltiples ministros, un vicepresidente y un gobernador del Banco de España.

rubalcaba

Percibido como “hombre de la vieja guardia” de Felipe, a Rubalcaba le costó hacerse hueco entre las “nuevas caras” de ZP, que en su mayoría eran gente con poca o ninguna experiencia de gestión, como su jefe, quien llegó a presidente del Gobierno sin haber jamás tenido un trabajo fijo.

Rubalcaba fue portavoz del PSOE en el Parlamento hasta 2006, cuando saltó a la importante cartera de ministro de Interior. A partir de ahí, su talento y experiencia en el manejo de grandes burocracias le ayudaron a ganar influencia en un gabinete que necesitaba sus cualidades, y cualesquiera otras que hubieran podido aportarse.

Las elecciones generales de 2008 tuvieron lugar el 9 de Marzo. En las semanas anteriores, numerosos analistas y economistas internacionales habían estado avisando de que la economía internacional, sobrecalentada y con grandes burbujas de precios de materias primas y viviendas en países claves, estaba abocada a una recesión. Años después, el buró de estadísticas de EEUU concluiría que la mayor economía mundial estaba en recesión desde el último trimestre de 2007 — aunque nadie se había dado cuenta, aparte de los héroes de la película “The Big Short”. Pero el 9 de Marzo de 2008 fue un buen día.

Yo entonces trabajaba en Singapur, durante mi primera etapa, como columnista del mercado asiático de divisas, y recuerdo que los mercados se tomaban todos los avisos con bastante filosofía. La situación de la economía mundial en general era boyante: nadie veía mucho motivo de preocupación, y en España los votantes reeligieron a ZP, como se esperaba.

Ese lunes, todo era tranquilidad en las bolsas. El viernes siguiente, 14 de Marzo, el banco estadounidense Bear Stearns colapsó, dejando en evidencia que el mundo estaba de lleno en la mayor crisis económica del siglo XXI.

Los últimos años de Zapatero fueron una tragicomedia de tal escala que no puedo detallar aquí, haciendo honor a sus increíbles miserias. En lo que concierne a Rubalcaba, fueron sus años de gloria, y eso da una buena idea de la talla del personaje: un hombre brillante, al que siempre se recurrió en momentos de crisis, cuando los figurones no sabían qué hacer ni dónde ponerse. De hecho, ZP le colocó al frente de las negociaciones para que los terroristas de ETA dejaran las armas, de las que ZP esperaba sacar un Premio Nobel de la Paz.

Pedro Solbes dimitió como Ministro de Economía y “hombre fuerte” del gabinete ZP a principios de 2009, cuando vio el cariz de la situación, dejando a la pobre Elena Salgado en su lugar. Recuerdo sus llamadas, siempre con impropio toque de pánico, a la delegación del Wall Street Journal a partir de al año siguiente (regresé a España a finales de 2010): Salgado buscaba tranquilizar a los mercados internacionales, pero daba la impresión de estar fuera de lugar.

A Salgado, de hecho, la había conocido antes en Asia, durante una reunión de ministros de Economía del G-20 en Pusan, Corea del Sur. Hablamos en una esquina durante una media hora, sobre las fusiones de cajas de ahorros con las que el gobierno buscaba evitar lo que inevitablemente ocurrió con el rescate europeo de Bankia en 2012. Salgado no habría podido parar aquel desastre; muy poca gente habría podido.

En Madrid, Rubalcaba ascendió a vicepresidente del Gobierno en 2010, y ahí comenzó su apoteosis: con el resto del gabinete en huída y el presidente agotando lo que era obviamente el innoble final de una terrible carrera política, Rubalcaba esencialmente tomó las riendas de la situación y la condujo…. casi al desastre.

Esto no es una crítica a Rubalcaba: es la pura realidad. El quilombo que había montado ZP no lo podía arreglar tampoco Rubalcaba, y no estoy seguro de que sus contribuciones fueran muy positivas; pero estoy seguro de que no fueron muy negativas. En la primavera de 2011, las elecciones municipales llevaron a tal derrumbe para el PSOE, que perdió por toda España, que ZP cedió a las presiones desde todas direcciones y adelantó las elecciones generales… tres meses: a Diciembre de 2011.

El colapso se acrecentó: el déficit del estado se disparó, el crédito a la economía se congeló, el paro superó el 20% y los nacionalistas catalanes empezaron a preparar su plan de independencia, que lanzarían el año siguiente. En medio de todo esto, Rubalcaba un buen día aceptó reunirse con la asociación de corresponsales internacionales, en la sede del PSOE en Ferraz.

La reunión fue “off the record” pero muy informativa. Rubalcaba estuvo ingenioso, encantador, lenguaraz, gracioso. Había decenas de periodistas allí, pero te daba una curiosa impresión de familiaridad. Rubalcaba siempre fue un pico de oro, pero la verdad es que brillaba más cuando hablaba con gente que tenía cierta idea de los temas: en campaña electoral, ante leales que no saben la diferencia entre el IPC y el IPI, una personalidad así es desperdiciada.

Cerca del final de la reunión, levanté la mano para preguntar, y dije: “Ya que estamos off the record, y que usted fue el principal negociador en las conversaciones con ETA, querría saber cuál fue le motivo principal, en su opinión, por el que nunca se llegó a un acuerdo. ¿Cuál fue la diferencia fundamental que nunca pudieron superar?”

Con Rubalcaba fallecido, se puede levantar el off the record, supongo. Esto es lo que respondió:

“Fue Navarra. Los de ETA estaban obsesionados con Navarra. Querían algún tipo de fusión entre el País Vasco y Navarra, una asociación, una doble comunidad, lo que fuera. Para ellos, Navarra era el factor fundamental. Ni referéndum, ni presos, ni nada. Toda su manía era Navarra, hacer algo para que Navarra se integrara con Euskadi. Y nosotros nunca cedimos.”

Es imposible decir si esto fue así, o no. Rubalcaba mintió mucho a los españoles, y bien, con gracia y estilo. Quizá a los “extranjeros” no nos mintió aquel día. En todo caso, él cumplió sus compromisos con el PSOE: fue candidato a la Presidencia en las elecciones generales de 2011, sabiendo que iba a ser machacado, y fue machacado en las urnas. Luego se retiró y se puso a dar clases de Química; cuando trató de dar clases de política a un PSOE que continuaba la misma deriva destructiva hacia el separatismo que él había tolerado a su pesar, quedó fuera de juego completamente.

Que una persona así acabara en el PSOE y no en cualquier otro partido, es prueba obvia de que el PSOE es el partido de la Transición, del post-franquismo. El partido del consenso que se alcanzó en 1975-78, el partido natural de gobierno en España, como se acaba de demostrar. Rubalcaba no habría fichado por un partido de perdedores como el PP, por los Washington Generals, un partido cuya función es tapar las vergüenzas del partido dominante y arreglar los desastres que causa, dentro de sus capacidades. El quería jugar en los Harlem Globe Trotters, y jugó; y jugó bien. Veremos si ello fue en beneficio de España, o sólo en el beneficio de su partido y del suyo propio.

 

 

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