Dos Visiones de la Reconquista: Américo Castro contra Claudio Sánchez-Albornoz

Cuando se habla de los efectos históricos y las circunstancias del periodo de la Reconquista Española (711-1492) conviene tener en cuenta que esas discusiones ya se han sostenido muchas veces, y lo más habitual es repetir el más famoso debate que hubo al respecto, sostenido durante años por los historiadores Américo Castro, progresista, y Claudio Sánchez-Albornoz, conservador.

En líneas generales, se puede resumir el debate con este esquema que he preparado yo mismo (acepto críticas):

castro vs albornoz

Recientemente leí una lección académica excelente de Julio Valdeón, un historiador al que cité cuando examiné la cuestión de la si la Reconquista puede definirse como la lucha contra un invasor extranjero. Esta lección ofrece una síntesis bastante interesante de estos puntos de vista.

En “La España Medieval, entre la Cristiandad y el Islam,” lección inaugural del curso acádemico 2003/2004 en Universidad de Valladolid, el ya fallecido Valdeón arbitra la disputa entre y decide que fue un empate: con Albornoz, Valdeón opina que el conflicto prevaleció, con mucho, sobre la colaboración, ya que las guerras fueron continuas y los intercambios pacíficos relativamente menores, y hablar de una tierra de Tres Culturas en convivencia es como poco inocente; con Castro, opina que el Islam no era una fuerza decadente y condenada al desastre que fue inmediatamente carcomida por la pureza espiritual y fuerza vital de la Hispanidad, como opinaba Albornoz.

En este sentido, Valdeón cita al hispanista francés Pierre Guichard, quien en su opinión ha demostrado que hubo “arabización del solar ibérico, al menos de una buena parte de él… Las tierras de la antigua Hispania que estuvieron bajo el poder musulmán desarrollaron numerosos elementos procedentes del tronco común de dicha civilización.” Esta es una cita directa de Guichard incluida en la lección:

“No hubo absorción y asimilación de los orientales por los hispano-godos, sino más bien a la inversa, habiendo tenido los poderosos linajes árabo-berérebes (sic), gracias a una vitalidad y a una fuerza superior, tendencia a reemplazar, a eliminar o a integrar social, económica y políticamente a las familias indígenas.”

Ello indica, prosigue Valdeón, que “en definitiva, la sociedad de rasgos ‘orientales’, caracterizada por aspectos tales como la endogamia, la fuerza de la tribu y el clan, el agnatismo, la poligamia y el papel privilegiado que ostentaba la masculinidad, aunque al principio coexistente con la heredera de los tiempos romano-visigodos, terminó por imponerse en las tierras de Al Andalus… Sí que hubo, por lo tanto, en contra de la opinión expresada en su día por Claudio Sánchez Albornoz, una indiscutible arabización en el solar de Hispania.”

Un ejemplo interesante de esta fuerza vital del Islam en Al Andalus es el número de conversos. Valdeón calcula que el número de hispanos en tierras bajo control de señores musulmanes que aceptaron la religión musulmana era, según todos los indicios, de sólo un 12% a mediados del siglo IX, elevándose a un 25% al comenzar el siglo X y ascendiendo a cerca de un 50% en tiempos del califa Abd al-Rahmán. Esto, por otro lado, era consecuencia lógica de los impuestos regionales y especiales a los que estaban sometidos sólo los no-musulmanes.

En tiempos de Almanzor, casi un 80% de la población de origen hispano-romano-visigodo había aceptado la religión musulmana, “lo que sin duda resulta sorprendente. En definitiva, la mayor parte de los cristianos de la vieja Hispania visigoda terminaron por engrosar las filas del Islam.” (1)

Esto concuerda con las estimaciones de Darío Fernández-Morera en “The Myth of the Andalusian Paradise” (2016), donde se indica que, en 1085, cuando el rey Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo, quedaban pocos cristianos al sur. Cuando Jaime el Conquistador de Aragón conquistó el reino musulmán de Valencia, en 1238, no encontró cristianos en la zona, lo mismo que ocurrió en el momento de la conquista del último reino musulmán en la península, el de Granada en 1492.

Una curiosidad sobre los puntos de vista de Valdeón es que, como otros medievalistas españoles (todos los cuales, forzosamente, han de ser al menos un tanto arabistas), tiende a exagerar el impacto de la transmisión cultural que hubo entre los territorios cristianos y musulmanes, en particular a través de la Escuela de Traductores de Toledo.

Valdeón indica, correctamente, que los números indios, incluyendo el novedoso concepto de cero, llegaron a Europa vía España (por ello se llaman frecuentemente “números árabes” o “arábigos”). Sin embargo, yerra, como muchos otros, al sostener que la obra de Aristóteles fundamentalmente se dio a conocer en Europa cristiana gracias a las traducciones en Toledo, a finales del siglo XII, de Gerardo de Cremona, del árabe al latín.

Sylvane Gouguenheim, en “Aristote au mont SaintMichel: Les racines grecques de l’Europe chrétienne” (2008) ha demostrado que casi todos los textos que llegaron traducidos al árabe a Al Andalus lo hicieron vía traductores greco-bizantinos que frecuentemente los tradujeron primero al arameo (así fue, por ejemplo, como el famoso Averroes leyó a Aristóteles, a dos traducciones del original griego) porque en Bizancio se conservaban numerosas copias de esos textos. Eso hizo que monjes eruditos de la Edad Media pudieran hacer traducciones directas de copias griegas, como ocurrió en el caso de Aristóteles, traducido al latín en la abadía de Mont Saint-Michel antes de ser traducido al árabe al otro lado del Mediterráneo.

Aquí transcribo lo que indica sobre el tema Fernández-Morera, en la obra citada (la traducción es mía):

En Occidente, varias obras de Aristóteles estaban disponibles para los eruditos medievales católicos romanos en traducciones del griego que datan de Boecio en el siglo VI y Marius Victorinus en el siglo IV. A fines del siglo XII, nos recuerda la “Historia de la filosofía occidental de Columbia”, “los autores del Occidente latino estaban bastante familiarizados con las obras lógicas (Organon) de Aristóteles”… Los eruditos medievales no necesitaban traducciones de Aristóteles del árabe al latín. Además, sabemos que Santo Tomás de Aquino leyó a Aristóteles traducido directamente de los textos griegos al latín por Guillermo de Moerbeke (1215-1286), un dominico que era obispo latino de Corinto, es decir, un obispo católico de una ciudad en gran parte greco-ortodoxa. William produjo más de veinticinco traducciones de Aristóteles, además de traducciones de Arquímedes, Proclo, Ptolomeo, Galeno y muchos otros pensadores griegos. De hecho, como se mostrará, fueron los eruditos cristianos los responsables de llevar el conocimiento griego al Islam, y este conocimiento llegó al Islam solo porque las fuerzas musulmanas habían conquistado áreas (Oriente Medio y Norte de África) donde se había desarrollado una rica civilización cristiana griega.

  1. No creo que nadie nunca haya escrito una historia comparativa del Islam de Al Andalus y el de Irán, pero creo que sería muy iluminadora: Irán es el único país de base indoeuropea donde el Islam es la religión claramente mayoritaria (en otros como Bosnia o Albania, es la principal religión entre varias), pero Al Andalus fue durante siglos un caso similar. Y, hablando de Almanzor: recordemos que no era un elegante caballero medieval, sino un sádico sanguinario que quemó todos los libros de filosofía y lógica que pudo encontrar en Córdoba, y luego arrasó la cristiana León totalmente, dejando sólo una torre en pie: para que las generaciones venideras pudieran observar lo gruesa que era, y tener idea de la grandeza de la labor destructora de Almanzor y sus soldados, que habían destruido el resto de la ciudad.

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