España, Franco y los Judíos (4)

(Viene de la primera, de la segunda y la tercera parte)

(Actualizado el 22 de Octubre de 2019)

A medida que las masacres de judíos se fueron generalizando en la Europa ocupada desde 1942, los diplomáticos españoles en distintas capitales empezaron a encontrar más y más casos de judíos que buscaban protección.

La situación fue complicada incluso en Africa. En Rabat, el cónsul español Manuel del Moral, con apoyo de Lequerica, embajador en Vichy, protegió a los judíos españoles en territorio francés dándoles papeles; ambos se negaron a perseguir a los judíos franceses y marroquíes en el protectorado español, como sugirieron las autoridades de Vichy, según indica Lequerica en su correspondencia del ministerio de Asuntos Exteriores.

El 7 de marzo de 1942, Lequerica recibió instrucciones del ministerio, claras y concisas: “se sirva, dentro de las normas e instrucciones que ya ha recibido, defender los intereses de los súbditos españoles de origen sefardita exigiendo el cumplimiento del acuerdo de 1862” referente a la protección mutua de ciudadanos españoles y franceses.

En julio de 1942, Bernardo Rolland, representante español en París, indicó en respuesta a una cuestión del Commissariat General aux Questions Juives de Vichy: “La ley española no hace discriminación alguna entre sus ciudadanos por su religión y, por consiguiente, a pesar de su religión judía, España considera a los sefarditas como españoles. Por esta razón, estaría agradecido si las autoridades francesas y fuerzas de ocupación tuvieran la consideración de no imponerles aquellas leyes que se aplican a los judíos.” Poco tiempo después, el secretario de la Cámara Española de Comercio en Francia, José de Olázaga, vino a Madrid para recibir instrucciones sobre al protección de bienes de los súbditos españoles, incluyendo Gategno, un importante fabricante de seda de Lyon.

El 18 de marzo de 1943, urgido por el embajador Ginés Vidal y Saura en Berlín, el ministro de Asuntos Exteriores Francisco Gómez-Jordana notificó a Rolland que se concedería visado a todos los sefarditas que pudieran acreditar su condición española.

Hayes, embajador de EEUU en Madrid, cuenta en sus memorias que ese mismo día Jordana envió a Germán Baráibar, de la Dirección para Europa, a reunirse con funcionarios estadounidenses y explicó que “el gobierno español deseaba utilizar sus buenos oficios para rescatar cuantos judíos fuera posible de la opresión y persecución nazis y estaba dispuesto a reconocer una nacionalidad española imaginaria a los judíos sefardíes que estaban en países de ocupación alemana como base para solicitar al gobierno alemán que pusiera en libertad a este grupo de judíos y les permitiera unirse a los demás refugiados en España”, según cita Haim Avni en su libro.

Esta descripción se encuentra también en un informe que Hayes envió al secretario de Estado, Cordell Hull, un año después de esta reunión: “Lo cierto es que da fe de que los españoles decidieron salvar a sus súbditos sin la influencia de Hayes,” escribe Avni.

Pío Moa cita en su blog numerosos documentos sobre similares contactos y actividades en 1944. Uno de ellos se corresponde con un documento que Avni publica en su libro; ese año, el ministerio de Asuntos Exteriores se dirige así al embajador español en Berna:

Ruego a V. E. solicite apoyo ese Gobierno cerca del Gobierno alemán para conseguir traslado a Suiza de un grupo de 150 sefarditas internados actualmente en Bergen-Belsen y provistos de documentación española y cuya entrada en Suiza ha sido ya, al parecer, autorizada por Policía Federal.

Este es el documento incluido en el apéndice del libro de Avni, en el que las autoridades alemanas notifican su aceptación de las gestiones españolas para sacar a ciudadanos españoles del campo de concentración de Bergen-Belsen; en alemán aquí:

 

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La traducción en español está aquí:

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Mientras, el embajador español en Washington, Juan F. de Cárdenas, en primera línea de las presiones de comunidades judías para salvar a sus correligionarios amenazados en Europa, responde de este modo a una de estas peticiones en 1944 (en inglés con una errata):

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Creo que ha quedado claro que las pruebas documentales sobre la exitosa actividad del gobierno español para salvar a decenas de miles de judíos del Holocausto son abrumadoras. Luis Suárez, en “Franco y su tiempo”, publicada en ocho volúmenes en 1984, incluye más, para los que no hayan quedado satisfechos.

Me quedan un par de comentarios comparativos: la Italia fascista, hasta la destitución de Benito Mussolini en 1943, en general se opuso al antisemitismo radical de los nazis, aunque fue significativamente más antisemita que la España de Franco, lo que podríamos calificar como la postura más habitual entre los países menores del Eje, como Bulgaria y Hungría.

En 1942, cuando Suiza empezó a rechazar judíos en la frontera y entregarlos a los alemanes en masa, la ocupación de departamentos franceses por parte del estado italiano ofreció otra vía de escape, ya que los fascistas italianos se mostraron benévolos, permitiendo a miles cruzar hacia aquella zona desde el territorio de Vichy.

La historia no acabó muy bien. Tras el abandono del Eje por parte de Italia, muchos de los miles de judíos que habían encontrado refugio en edificios de la Iglesia Católica fueron deportados a los campos del este sin que el Vaticano se atreviera a protestar.

Portugal fue otro caso particular, que no he podido estudiar tan de cerca como el español. En este artículo de la radio estatal estadounidense NPR, se describe la peripecia de Aristides de Sousa Mendes, cónsul portugués en Burdeos que presuntamente entregó 30.000 visados a refugiados que huían de la Alemania ocupada.

Creo que la realidad sobre De Sousa y el régimen de Salazar es mucho más complicada de como la describe NPR (¡sorpresa!) pero parece claro que De Sousa fue castigado por haber violado órdenes explícitas para limitar la emisión de visados, y suspendido del servicio diplomático portugués. Raros los portugueses, ¿no? Hiram “Harry” Bingham IV, cónsul estadounidense en Marsella en 1940, también fue represaliado en su país por haber concedido visados a refugiados alegremente; lo mismo le ocurrió al célebre Varian Fry, castigado por Washington por su papel en aquella ciudad.

No conozco ni un solo caso en el que un diplomático español fuera castigado por ayudar a refugiados: Angel Sanz Briz acabó sus días como embajador en El Vaticano, uno de los puestos más preciados del escalafón diplomático mundial, después de haber sido el primer embajador español en la República Popular China. En 1964, se abrió en España el museo sefardí de Toledo.

museo sefardi franquista de toledo

 

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