España, Franco y los Judíos (1)

En 2013, yo era nuevo en Twitter y pensaba que en las redes sociales habría gente que se dejaría impresionar por argumentos eruditos: no sé, al menos uno o dos. Qué te voy a contar.

Esta conversación es de entonces: un residente en Barcelona, súper pro a tope Israel, le explica a sus seguidores que Franco estaba muy feliz de ver a Hitler matando a los judíos españoles. Y yo respondo, haciendo referencia a dos libros sobre el tema de Arcadi Espada (“español, buff”) y Stanley Payne (“¡hispanista inglés!”):

antifranco

Después de que yo dejara la conversación, David Yabo siguió desvariando por ahí sobre imaginarias fosas de judíos en Andorra (¿los mataba el régimen nazi andorrano, siguiendo direcciones franquistas, amigo Yabo?) y tal.

Luego, Yabo volvió brevemente cerca de tierra, para argumentar que los descendientes de un diplomático son una especie humana superior, cuya opinión es de un rango más elevado que el de los historiadores y contradice cualesquiera documentos históricos que uno pueda aportar:

antifranco2

La conversación de me quedó grabada sobre todo por la referencia a Yad Vashem, el museo del Holocausto en Israel, como suprema fuente de autoridad: una muestra clara de que no importa tanto lo que uno haga, sino que uno convenza a los demás de que ha hecho algo importante.

Un par de años después encontré en una librería de segunda mano un monográfico sobre el tema: España, Franco y los Judíos, de Haim Avni, en traducción española del inglés de 1982, publicado por Altalena.

Este libro contiene muchísima información sobre el tema, pero que quede claro lo primero: que los familiares de Angel Sanz Briz (quien fue primer secretario de la embajada de España en Budapest en 1944) que dicen creer que su labor humanitaria la hizo por su cuenta y riesgo se equivocan y, es más, tratan de hacerse con laureles que no les corresponden (que en todo caso les corresponderían su ancestro): él era sólo un empleado del gobierno español que hizo lo que se le mandó con los fondos y la autoridad que se le concedieron para hacerlo, según escribe Avni.

Múltiples detalles sobre las aventuras de Sanz Briz aparecen en el reciente libro de Arcadi Espada “En nombre de Franco” (2014), que creo que no es del todo justo con el cuerpo diplomático español, pero concluye sin lugar a dudas que Sanz Briz no era El Angel de Budapest, sino el Hombre del Régimen en la capital húngara.

El libro de Avni, muy anterior, contiene menos detalles sobre Sanz Briz en particular, pero llega a una conclusión aún más amplia que la de Espada: que Sanz Briz fue sólo uno entre muchos.

Si alguien puede tener dudas al respecto, he aquí una lista (incompleta) de los empleados del Ministerio de Asuntos Exteriores que cita Avni por haber colaborado a salvar judíos del Holocausto: Miguel Angel Muguiro, expulsado de su puesto en Budapest por su duras críticas contra el régimen húngaro y sus gestiones en favor de los judíos, sustituido por Sanz Briz en 1944; Giorgio Perlasca (quien prosiguió la tarea de Sanz Briz en Budapest después de que éste se marchara a Suiza aquel mismo año); Manuel del Moral, cónsul en Tánger; José Félix de Lequerica, embajador en la Francia de Vichy; Bernardo Rolland, cónsul general en París;  Eduardo Gasset y Sebastián Romero Radigales, cónsules generales en Atenas; Juan Palencia y Tubau, embajador en Bulgaria (quien llegó al extremo de adoptar a dos huérfanos judíos, veinteañeros, para salvarlos, y recibió la Cruz de Isabel la Católica por su heroísmo).

Esta larga lista hace surgir la duda: el Estado de Israel votó a favor de la entrada de España en la ONU, en 1955, pero votó en contra cuando España lo intentó por primera vez, el 16 mayo de 1949, unos días después de la aceptación del propio Israel, a propuesta de varios países latinoamericanos que buscaban anular el boicot diplomático impuesto al régimen franquista en 1946.

En 1949, el presidente israelí Abba Eban—quien citó  la cifra de seis millones de judíos muertos en el Holocausto, incluyendo un millón de niños pero no la ayuda española para rescatar judíos—anunció que Israel no podía estar de acuerdo “por la asociación del régimen de Franco con la alianza Nazi-Fascista”.

Avni escribe que, en la primera fase de la Segunda Guerra Mundial, casi 30.000 judíos, la mayoría con visado para Portugal y más allá, escaparon Europa a través de la España fascista. En la segunda mitad de la guerra, sobre todo a partir de 1942, los citados diplomáticos españoles y otros dieron papeles y salvaron a unos 3.235 judíos de otros países europeos, mas 800 españoles, y el país aceptó el paso de 7.500 judíos adicionales en tránsito. ¿Sabía Eban todo esto cuando dio su discurso en la ONU? ¿Lo sabías tú, lector, antes de que yo te lo contara?

(Continúa aquí)

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