Con Título (una lección para poetas de Cavafis/Cavafy)

En una entrada reciente, comenté la inutilidad de tantos y tantos títulos que no añaden nada a sus obras. Justo es reseñar que hay títulos que hacen mucho. Un ejemplo excelente viene del gran Constantino Cavafis/Cavafy (su apellido se transcribe de ambos modos), en su poema “El Dios abandona a Antonio”, en referencia por supuesto a Marco Antonio.

Obsérvese que el título es clave para interpretar el texto, que carece de mención alguna de Antonio. Cualquier otro título daría lugar a un poema diferente:

Cuando de pronto a media noche oigas
pasar una invisible compañía
con admirables músicas y voces—
no lamentes tu suerte, tus obras
fracasadas, las ilusiones
de una vida que llorarás en vano.
Como dispuesto desde hace mucho, como un valiente,
saluda, saluda a Alejandría que se aleja.
Y sobre todo no te engañes. Nunca digas
que es un sueño, que tus oídos te confunden;
a tan vana esperanza no desciendas.
Como dispuesto desde hace mucho, como un valiente,
como quien digno ha sido de tal ciudad,
acércate a la ventana con firmeza,
escucha con emoción, mas nunca
con lamentos y quejas de cobarde,
goza por vez final los sones,
la música exquisita de esa tropa divina,
y despide, despide a Alejandría que así pierdes.

En un interesante artículo en la revista Hablar de Poesía, Eduardo Dobry describe los entusiastas análisis del poema por parte de especialistas como Luis Cernuda y Jaime Gil de Biedma; ambos encuentran significativos ecos heroicos, mitológicos e históricos, que nadie podría jamás encontrar en el texto, que serían puramente imaginarios si no fuera porque el título ofrece la clave de cómo interpretarlo:

“El dios abandona a Antonio” fue también uno de los poemas que Cernuda admiró con mayor entusiasmo: “De [Cavafis] no conozco sino algunos poemas en traducción inglesa; pero aquel sobre tema de Plutarco, donde Marco Antonio oye en la noche la música que acompaña al cortejo invisible de los dioses, que le abandonan, me parece una de las cosas más definitivamente hermosas de que tenga noticia en la poesía de este tiempo” [3] . Que yo sepa, nadie ha señalado la probable influencia de Cavafis en el último Cernuda, cuyo tono de voz -para tomar los términos utilizados por Auden- evoca sin embargo la melancolía cavafiana, con la gran diferencia, eso sí, de que el griego celebra el mito de una patria de muy remoto esplendor, en tanto el español brama contra un país de presente y palpable espanto. Por eso, seguramente, en Cavafis hay melancólica dulzura, y en Cernuda resentimiento no disimulado. En cualquier caso, el hecho de que en esta breve alusión Cernuda reconozca que sólo conoce a Cavafis por traducciones, y que aun así le parezca este poema “una de las cosas más definitivamente hermosas de que tenga noticia en la poesía de este tiempo”, implica adoptar una posición cercana a la expresada por Auden.
“El dios abandona a Antonio” fue escogido por Gil de Biedma para elogiar la poderosa melancolía de Cavafis: “En las noches más feas, pensar en [los seres fabulosos de los libros de aventuras] es suscitar una armonía tenue y triste en el silencio de nuestra habitación, y sentir, lo mismo que Marco Antonio en el poema de Cavafis, la suprema soledad de quien sabe que esa música señala el paso de los dioses que se alejan, en busca de generaciones más jóvenes, dejándonos en el surco, en la trinchera de nuestra edad de hombres, soldados de la guerra perdida de la vida, con nuestro viejo mapa de la isla del tesoro, con nuestra nostalgia de ser igual que fuimos, héroes, y, en las manos, quebradiza e inútil como la piel mudada de una culebra, la vaina de la espada del Corsario Negro”. [4] En un gesto muy característico, Gil de Biedma mezcla figuras de la alta cultura con la literatura popular (el Corsario Negro es protagonista de una novela de Emilio Salgari) y tropos homoeróticos que van a dar en la vaina de la espada.

Y, ¿quién es, en particular, el Dios que abandona a Antonio (*)? Cavafis no tiene que explicar nada; la referencia lleva directamente a un texto de Plutarco, cuya lectura enriquece aún más lo que viene a ser un poema de un puñado de versos:

“Se cuenta que aquella noche, como al medio de ella, cuando la ciudad estaba en el mayor silencio y consternación con el temor y la esperanza de lo que iba a suceder, se oyeron repentinamente los acordados ecos de muchos instrumentos y vocerío de una gran muchedumbre con gritos báquicos y bailes satíricos, como si pasara una inquieta turba de cofrades; que esta turba movió como de la mitad de la ciudad hacia la puerta por donde se iba al campo enemigo, y que saliendo por ella, se desvaneció aquel tumulto, que había sido muy grande. A los que daban valor a estas cosas les pareció que fue una señal que daba a Antonio de que era abandonado por aquel dios a quien hizo siempre ostentación de parecerse, y en quien más particularmente confiaba”

* Por cierto, el Dios es Hércules, favorito de Marco Antonio

Advertisements

About David Roman

Communicator. I tweet @dromanber.
This entry was posted in Ocurrencias and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.