Recuerdos de mi visita al Ministerio de la Verdad de Cataluña: TV3

Hace ahora cuatro años que fui a Barcelona a reportar un artículo que planeaba escribir sobre TV3, que acabó resultando el más controvertido de mi carrera periodística (y lo dice alguien que entrevistó a Arnaldo Otegi cuando estaba encarcelado). El artículo fue eventualmente publicado en el Wall Street Journal, donde entonces trabajaba, en enero de 2014, y ahora está detrás de un paywall, aunque hay varios resúmenes en español, como por ejemplo éste.

Hablé con muchos profesionales de TV3 para el artículo, en persona y por teléfono. Creo que alguno que al final no salió citado en el texto quedó muy aliviado por la exclusión, y no me extraña, viendo cómo se las gastan en aquella casa y sus defensores. Después de publicar el artículo, en las redes sociales me pusieron a caldo y llamaron de madrugada a mi domicilio. Las intensas quejas de los mandamases de TV3 llegaron hasta el director del WSJ, Gerry Baker, que ordenó una investigación profunda en la que presenté todas mis notas y acabé felicitado por mi exactitud y diligencia. El artículo, obviamente, no fue corregido sólo porque el aparato de propaganda nacionalista gruñera.

Entre los mejores gruñidos estuvieron los del gabinete de comunicación de TV3, que alegó no haber sido contactado por mí (fue lo primero que hice, y ahora explicaré más sobre ellos) y los de los sindicatos de TV3, que alegaron que les cité incorrectamente o algo por el estilo (sus alegaciones fueron inconexas).

Que quede todo claro: el gabinete de comunicación no sólo fue contactado sino que me organizó un tour de las instalaciones de Sant Joan Despí, la reunión con los sindicatos y luego una reunión off-the-record con uno de los jefes de TV3 (no diré su nombre por ese motivo), ya en Madrid.

El tour, en sí mismo, habría merecido un artículo: cuando llegué, me hicieron esperar unos minutos en recepción mientras venían a buscarme. En la pantalla de televisión delante mío estaba un “loop” perpetuo de todos los goles de Leo Messi al Real Madrid, uno detrás de otro, y luego repetido. Yo, que soy del Atleti, me lo tomé bien.

Cuando me recibió la encargada de prensa de TV3, me explicó lo importante que era transmitir el mensaje en mi artículo de que TV3 era “una televisión nacional para una nueva nación”. Creo que quedó ligeramente decepcionada con el producto final. Me llevó a la reunión con los representantes sindicales, la lectura de cuyas notas es aún una fuente de asombro y sorpresa. En un momento dado, pregunté qué pensaban de la frecuente acusación de que TV3 no representa a los catalanes, sino al separatismo catalán, ya que muchos catalanes no son separatistas. La respuesta de una que hablaba mucho (y tampoco acabó saliendo en el artículo) fue:

-Bueno, no sabemos si hay gente que no sea nacionalista, porque no nos dejan hacer un referéndum y preguntar. Puede que haya un 20%, vale.  Queremos que esta TV refleje el país, y que ese 20% que se opone a la independencia también tenga su reflejo.

Supongo que ése podría ser un resumen del consenso de los empleados actuales (por supuesto, no de los que han echado por ser insuficientemente separatistas, durante años) en TV3: quizás haya un 20% de catalanes que no son separatistas, pero oye, no se puede hablar sin pruebas. En todo caso, si se les encontrara, les haríamos algún caso.

Hubo otras perlas en aquella larga reunión con los representantes sindicales, de casi dos horas. Cuando les pregunté sobre posibles voces disidentes, otra representante distinta me dijo algo que creo a pie juntillas:

-Si la dirección le dice algo con lo que no esté de acuerdo, aquí un periodista tarda tres minutos en ir a contárnoslo y nosotros tardamos un minuto en ir a quejarnos a la dirección.

Lo que estoy seguro que es verdad: cualquiera que sepa algo de propaganda sabe que la forma más efectiva de contarla es creérsela, para empezar. Unas semanas después, con la polémica aún coleando, me llamó la SER catalana para entrevistarme sobre el artículo. Me lanzaron unas preguntas blandas, y después la estocada: ¿pero no es cierto que en las televisiones españolas funciona el prejuicio opuesto, que las voces nacionalistas son marginadas? Yo les di la razón. Les dije que sí, que desde luego ya podrían aparecer más nacionalistas, en lugar de los típicos tertulianos, en los coloquios de las teles nacionales. Lo que es cierto.

Lo único que siento es que, ya que el artículo se refería específicamente a la manipulación política de TV3 y no en global a toda su programación, no pude escribir todo lo que es bueno sobre aquella casa. Como muchos, incluso los críticos, me comentaron, en un país donde Telecinco es aún líder de audiencia, da gusto poder ver una televisión con programas sobre cazadores de setas y la mínima cantidad posible de telebasura. Lo que es bueno en TV3 es muy bueno; el problema es que lo es malo es más tóxico que la basura nuclear.

 

 

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