Momento Revolucionario

Salió al malecón, medio iluminado por el amanecer, silencioso más allá del estruendo del fuerte oleaje que azotaba las rocas. Un coche derrapó por una esquina y una voz en español gritó con furia. Llegó corriendo hasta un grupo mal avenido: un hombre con uniforme de la policía atado y recostado en el suelo, con el pelo y la boca revueltos de sangre, rodeado por tres guerrilleros armados con fusiles Kalashnikov, apuntándole y deseando matarle.

Reid sacó su cámara.

-¡No, nada de fotos! -le chilló uno de los guerrilleros, el que parecía más dispuesto a acabar cuanto antes.

-No problema -silabeó Reid- Soy John Reid, periodista americano.

-¡Ya lo sé, carajo! Guarda la cámara, no quiero fotos.

-¿No quieres salir en los periódicos? -gritó el policía- Creo que este hombre es fam…

-¡Cállate! -le ordenó uno de los guerrilleros, dándole una patada.

-Unas pocas, sólo -indicó Reid, cambiando su posición para no encontrarse con el sol temprano.

-Todos deberían ver cómo baleamos a esta escoria -aconsejó el tercer guerrillero.

El primero fijó nuevamente su atención en el policía.

-¿Quieres fotos de tu muerte, mierdoso? ¿Las quieres? -le preguntó al prisionero, colocando la culata de su fusil en su hombro y apuntando cuidadosamente a su cabeza.

-¿Ahora puedo hablar? -respondió el policía; algunas gotas de sangre se deslizaron desde su boca, por su cuello.

-Es retador, el puerco…

-¡Ahora te pregunté! -chilló el primero- ¡Puedes hablar!

-La historia me absolverá -dijo el policía, con algo similar a una sonrisa.

Reid tiró una foto. La luz del flash atrajo momentáneamente la atención de todos, pero nadie le dijo nada.

-¿Qué quieres decir?

-Pregúntaselo a tu jefe, cabrón -repuso el policía.

Los otros dos guerrilleros se abalanzaron sobre él; nevaron patadas mientras el flash de Reid estallaba una y otra vez, acumulándose unas sobre otras y sobre el rojo sobre el verde manchado y olvidado del uniforme.

-¡Cogedle! -ordenó el primero- No puede morir aquí.

Los otros agarraron al policía, que no opuso la menor resistencia. Podía haber perdido el conocimiento, pero murmuró:

-Sabía que no me dejarías morir aquí… Dile al gringo por qué…

Le llevaron malecón arriba, seguidos por el otro guerrillero, que no les quitaba el ojo de encima. Sin dejar de hacer fotos, Reid se dio cuenta de que en cualquier momento podían aparecer policías o soldados por cualquier calle. ¿No sabían aquellos estúpidos que todavía quedaban algunos fieles rondando por Santa Fé?

-Le llevamos hasta mi casa -informó el guerrillero al mando- Morirá allí, enfrente de mi puerta, como mi hermana. Escriba esto en su periódico, señor Reid. Los suyos la violaron y la mataron, y dejaron su cuerpo delante de mi puerta. Yo haré que lo lamente.

Reid adelantó a la lenta comitiva, para tomar fotos desde otro ángulo. El policía, agarrado por los brazos y arrastrando las piernas por todo el malecón, había cerrado los ojos, pero seguía despierto. Durante un segundo, los abrió, y luego cerró sólo uno: un guiño, que Reid no comprendió.

-¿Queda mucho? -preguntó el policía, de nuevo con los dos ojos abiertos.

-Ya te queda muy poco, boludo.

Unos segundos más tarde, el guerrillero jefe silbó. Los otros dos pararon y soltaron su carga. El cuerpo del policía cayó sobre el piso del malecón, con la cabeza por delante. Reid rodeó al grupo, lamentando que la salida del sol le impidiera tomar en consideración un plano desde los edificios, con el mar al fondo. No había más remedio que tomar las casas. Alargó la perspectiva para coger un solitario cartel apoyado contra una puerta: FELIZ AÑO NUEVO.

-Aquí dejaron el cuerpo de mi hermana, teniente Sánchez -dijo el guerrillero con lenta solemnidad- Esto es justicia revolucionaria. ¿Tienes algo que decir?

-Os veré en el infierno, a los tres…

El guerrillero hizo un gesto, y todos se retiraron dos pasos del cuerpo. Disparó una ráfaga, que rebotó sobre el cuerpo del policía. Nada pareció cambiar durante un segundo; después empezó a surgir la sangre, roja sobre el uniforme.

-¿Puede venir aquí… y disparar otra vez… más? -solicitó Reid, gesticulando con su mano libre.

El guerrillero asintió y disparó de nuevo, mientras Reid trataba de lograr un plano mejor.

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