Borges sobre Kiarostami

El problema con las películas de Abbas Kiarostami es básico, de procedimiento, y no tanto de argumentos o temáticas. Es un problema sistemático: Kiaorastami es el clásico artista que se siente forzado a aburrir al lector/espectador cuando quiere transmitir una impresión de aburrimiento, al estilo David Foster Wallace; que no ve otra posibilidad que pegar botes y hacer muecas cuando quiere transmitir una impresión de locura, al estilo Brad Pitt.

“A través de los olivos”, que vi a finales de los 1990 cuando era una película de culto entre los estudiantes letraheridos como yo, es un clásico ejemplo: para transmitir la futilidad de rehacer una toma en la que el actor sube un montón de escaleras y luego dice una frase, Kiarostami nos repite la escena una y otra vez, hasta la agonía. Desde cierto punto de vista, y tomando en consideración la opinión de Henry James, Kiarostami es un artista exitoso, ya que, aunque sea con extrema zafiedad, logra lo que perseguía lograr.

Para Jorge Luis Borges, este tipo de artista es el enemigo público número uno: es el que, buscando hacer un mapa fiel del mundo, acaba creando un mapa que es una copia exacta del mundo (con lo que, obviamente, resulta un fracaso total como mapa); es el que, como refiere Adolfo Bioy Casares en sus diarios, es descrito por Borges como creador de un “sistema espantoso” con el que se fuerza a describirlo todo:

“Qué triste llenar la literatura con almohadas y muebles… Si tiene que entrar un personaje en este comedor, Flaubert lo describe y nos describe a cada uno de nosotros… Sin embargo, si lees su correspondencia, ves que era un hombre inteligentísimo; pero cuando se ponía a escribir cuentos y novelas se metía en una máquina implacable.”

“Copie Conforme”, la penúltima película de Kiarostami, es un ejemplo tan claro de sus métodos y procedimientos que casi parece la obra de un bromista: como confesó el propio Kiarostami, la idea de la película parte de una ocurrencia sobre un concepto que ha sido mareado hasta la muerte (¿es la copia, oh lector, tan valiosa como el original?); como la discusión no va a ningún sitio en particular, el argumento acaba con personajes charlando, peleando y cambiando de rol al final de la película, por ningún motivo en particular.

Habrá gente a quien esto le guste y mi objeción no es sobre el argumento; mi objeción es sobre el sistema: tomemos los primeros diez minutos de la cinta, en los que la cámara esta casi fija, enfocando el podio en el que un erudito (James Miller) va a presentar el libro en el que expone su opinión sobre el tema de las copias: aparecen los créditos, luego aparece un tipo que, en italiano, explica que Miller va retrasado aunque no tiene excusa porque trabaja en el edificio en el que se va a presentar el libro (el detalle de que la película esté rodada en inglés, francés e italiano parece diseñado para convencer al público estadounidense de arte y ensayo de que es una obra de arte total, incluyendo tantos idiomas completamente ininteligibles) y la gente se ríe un poco…

…Aparece Miller, que se excusa por llegar tarde aunque confiesa que no tiene excusa porque trabaja en el mismo edificio, y la gente se ríe un poco; Miller se pone a hablar sobre el libro, y la gente entra y sale en silencio con cara de conferencia; suena un móvil y resulta que es el de Miller, y se excusa ante el público al que estaba a punto de amonestar por no poner el móvil en silencio, diciendo que va a tomar la llamada; y la toma, y es alguien que no sabemos quién es y que no vuelve a aparecer en la película y Miller dice “disculpa, estoy en una conferencia, te llamo luego”, y la gente se ríe un poco y…

La mera descripción de esos diez minutos en los que no pasa absolutamente nada de relevancia es agotadora. Kiarostami es un como un niño pequeño que nunca había ido a una presentación de un libro, y que se sorprende ante todo, y ve todo digno de ser reseñado: el autor que llega tarde, el presentador que intenta mantener al público de buen humor, los chistes tibios, los móviles que suenan… Lo de Kiarostami es un sistema imposible, implacable, una repetición inexplicable de la realidad. Su cine es del todo recomendable para todos aquellos que quieran tener constancia filmada de cómo era una presentación típica de un libro en 2010, y no quieren ver un ejemplo auténtico en Youtube.

Advertisements

About David Roman

Communicator. I tweet @dromanber.
This entry was posted in Ocurrencias and tagged , , . Bookmark the permalink.

3 Responses to Borges sobre Kiarostami

  1. Carlos says:

    Vaya por delante, David, que hasta leer este post tuyo no sabía quién era Kiarostami, y creo que voy a seguir en mi apacible mundo de ignorancia. No he visto ni una película suya, y creo que voy a seguir absteniéndome de ser siquiera neófito en esa causa perdida que para mí es el cine de autor, no te digo ya del de Kiarostami. Pero lo que sí te digo es que en literatura ya me había topado con descripciones exhaustivas, profusamente engalanadas de rigor en el detalle por el detalle. Se me ocurre Muñoz Molina. El análisis de emociones que despliega en “El jinete polaco” es casi inabarcable para una mente. No es hablar ya del sonido de un móvil en una conferencia o la espera rutinaria de un ponente en un auditorio en medio de murmullos, algo trivial. Lo de Muñoz Molina es elevar con la palabra la propia subjetividad de las cosas a un estado de imagen real, pero describiendo el lienzo pixel a pixel, y en cada uno de ellos, contando casi una historia. Kiarostami no puede llegar a tanto porque el poder de la palabra es mucho más evocador, con más matices, más rico, en mi opinión. Pero te diré que recrear lo inabarcable, el infinito encerrado en una mirada, un gesto, una sensación efímera pero punzante, algo que a priori puede resultar intrascendente, tiene mucho mérito a mi entender. Quizá debería sentarme a ver “A través de los olivos”. Yo te recomiendo “El jinete polaco”.

    Like

  2. David Roman says:

    Tienes razón. Hay que aclarar que el problema no es tanto el ser profuso, como el ser innecesariamente prolijo. La deficiencia de Kiarostami y la gente en esa onda es explicativa: lo que quieren expresar no lo pueden expresar más que con una copia lo más exacta posible del objeto o el momento a describir. En la literatura, Muñoz Molina o incluso Jesús Sampedro son buenos ejemplos de cómo sacar punta a escenas terminables de forma que tienen sentido y añaden al efecto total (no siempre, pero nadie es perfecto). En el cine, tenemos el ejemplo de la gran escena de Goodfellas en la que se explica cómo es el personaje de Joe Pesci con un momento anecdótico, pero que dura cuatro minutos (https://www.youtube.com/watch?v=7EJLoxdoI-Q). Scorsese es un maestro del ritmo: en un momento los años pasan durante una toma de segundos, y en el siguiente se detiene durante minutos mientras unos mafiosos se toman unas copas y se tocan las pelotas. En televisión, algo parecido ocurre con Los Soprano, donde el ritmo también se maneja muy bien; a diferencia de, por ejemplo, Juego de Tronos.

    Like

  3. Carlos says:

    Bueno es que has tocado a Scorsese, un genio. Me encanta cuando congela las imágenes en sus películas, el significado que le da a la escena es mucho mayor. Tiene muchos recursos el tío. Si puedes, mira la escena de la cafetería de “Goodfellas” y fíjate en la cristalera. Detalles, detalles, detalles. Todo para dar énfasis al momento.

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s