La peor lectora del mundo se defiende

Ya expliqué hace semanas por qué pienso que Natalia Ginzburg acumuló muchas papeletas para ganar el título de peor lectora del mundo. Ahora me encuentro con un artículo en el Times Literary Supplement sobre la vida y milagros de doña Natalia, con ocasión del centésimo aniversario de su nacimiento (a las revistas literarias les encantan estas pavadas).

En el artículo, Ian Thomson acaba dando, sin querer, la impresión de que Mrs. Ginzburg era una rebotada antipática que se hizo escritora porque sus amigos pijos no sabían muy bien qué otra cosa hacer con ella; y ella no tenía nada especial que decir ni gran talento para hacerlo. No tengo información que pueda confirmar o desmentir este retrato involuntario, y creo que Thomson estaría en desacuerdo con mi impresión; aunque, como los fans de Ortega y Gasset, puede acabar siendo un significativo peligro para el legado de la escritora.

Me encanta el momento en el que Thomson explica cómo la Ginzburg quería escribir una biografía del escritor Alessandro Manzoni, pero encontró que eso de la biografía es fatigoso y hay que buscar información, etc, así que prefirió escribir una versión imaginaria; con la mejor intención, el pobre Thomson explica (las traducciones son mías):

 “Ginzburg no escribió el libro para los expertos en Manzoni–Manzonisti–sino para el lector general interesado. De forma entretenida, hizo una versión subversiva de la biografía tradicional ‘de los grandes hombres'”

Tú di que sí, Thomson, que los lectores generales interesados que no son expertos en Manzoni, como yo, queremos saber más sobre el escritor a través de las meditaciones de una señora que no se molesta en informarse antes de escribir.

También están muy bien los párrafos precedentes, en los que Thomson explica la pedestre carrera de Ginzburg como autora teatral: su segunda obra “fue vista por muchos críticos, en el Reino Unido e Italia, como imposible de representar”, aunque su amigo Luchino Visconti la representó en Milán en 1969; de sus restantes diez obras, lo que Thomson puede decir es: “no todas son representables”. Pier Paolo Pasolini, otro amigo, la eligió para hacer el papel de María Magdalena en su película “El Evangelio según Mateo”: “con su pelo corto a lo chico y su famosa sonrisa asimétrica, Ginzburg resulta una María Magdalena singular”. No hay comentarios.

Con todo, lo de mayor interés que hay en el escrito de Thomson es una referencia a la entrevista que le hizo a Ginzburg, en torno a 1986. Recuerda que le preguntó por su rechazo de la obra cumbra de Primo Levi, cuando era lectora en Einaudi, y ella admitió su “error”:

 “Debe haber sido un momento duro en la vida de Primo, pero yo era joven y estúpida entonces, y además no fui la única responsable del rechazo”.

Eso es, quizás, la guinda: el toque de llamar al escritor cuya carrera estuvo a punto de arruinar, quizá de los pocos que conoció que nunca fue su amigo, por su nombre de pila, como si fuera uno de sus íntimos.

 

Advertisements

About David Roman

Communicator. I tweet @dromanber.
This entry was posted in Incompetentes Admiradores and tagged , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s