Todos los viajeros por el tiempo tienen el mismo problema

Considere, oh lector, este párrafo de una novela histórica que ya he alabado con anterioridad en este blog (la traducción es mía). Creo que ilustra la mayor tentación del escritor de este tipo de novelas, y la mas difícil de contener: la introducción de personajes cuyos puntos de vista vienen a ser modernos, de viajeros del tiempo con los que el propio escritor, hasta cierto punto, se identifica:

“Timesiteo se dio cuenta de que el prefecto del campamento le estaba mirando fijamente. Con las manos ocultas en su toga, Timesiteo se protegió del mal de ojo; dedo gordo colocado entre el índice y el dedo medio. No era supersticioso. Si existieran, los dioses estaban lejos y no tenían interés en la humanidad. No creía en demonios, fantasmas, hombres lobos o monstruos chupasangres. Pero no venía mal tomar precauciones. En Corcira (donde Timesiteo se había criado) su matrona le había contado historias sobre los hombres y mujeres que podían transmitir maldad por los ojos y enviar ondas de polvo invisible a sus victimas… Desde entonces, en sus lecturas y simposios por el imperio, había encontrado hombres de pelo en pecho y elevada cultura que compartían en gran medida las opiniones de la campesina que le había amamantado”.

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